PARTE 2: LA ÚLTIMA PRUEBA

Kevin sintió que el teléfono resbalaba entre sus dedos.

Su madre seguía al otro lado de la línea, respirando con dificultad.

—Sophie… escúchame…

—Todo tiene una explicación.

Sonreí con calma.

—Lleva cinco años buscándola.

—Yo llevo cinco años encontrándola.

Colgué sin esperar respuesta.

La sala quedó completamente en silencio.

Kevin seguía arrodillado frente a mí.

Nunca lo había visto tan derrotado.

Pero ya no me producía compasión.

Solo cansancio.

—¿Cuándo empezaste a investigarme? —preguntó con la voz quebrada.

Me levanté para servir otra taza de té.

—El día que dejaste de mirarme a los ojos.

Él frunció el ceño.

—Eso no responde mi pregunta.

—Sí la responde.

Dejé la taza sobre la mesa.

—Las mentiras nunca empiezan con una amante.

—Empiezan cuando una persona deja de sostener la mirada de quien ama.

Kevin cerró los ojos.

Recordó perfectamente aquella época.

Los viajes comenzaron a multiplicarse.

Las reuniones terminaban cada vez más tarde.

Las llamadas solo duraban unos segundos.

Y, aun así, yo nunca discutía.

Nunca hacía escenas.

Nunca revisaba su teléfono.

Él creyó que era confianza.

En realidad, era paciencia.

—Pensé que no sospechabas nada.

Negué lentamente.

—La primera vez que descubrí a Bianca fue hace cuatro años.

Kevin abrió los ojos de golpe.

—¿Qué?

Saqué una fotografía pequeña.

La coloqué delante de él.

Era una cafetería.

Bianca estaba embarazada.

Kevin la abrazaba mientras le besaba la frente.

La fecha aparecía impresa en una esquina.

Cuatro años atrás.

Él sintió que el pecho se le cerraba.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Porque quería saber hasta dónde eras capaz de llegar.

Mi voz seguía siendo tranquila.

—Y superaste todas mis expectativas.

Abrí una tercera carpeta.

Kevin ya no tenía fuerzas para detenerme.

Dentro aparecían informes financieros de Horizon Capital, la empresa donde trabajaba como director ejecutivo.

—Hace ocho meses empezaste a mover dinero de los proyectos de inversión.

—Primero pequeñas cantidades.

—Después millones.

—Siempre utilizando empresas vinculadas a personas de confianza.

Kevin tragó saliva.

—Eso pertenece a la empresa.

—No a nuestro matrimonio.

Sonreí.

—Exactamente.

—Y por eso ya no es solo mi problema.

Él levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué hiciste?

En ese instante sonó el timbre de la casa.

No respondí.

Volvió a sonar.

Tres veces.

Después alguien llamó con firmeza.

—¿Señor Kevin Zhou?

—Somos de la Unidad de Delitos Económicos.

Necesitamos hablar con usted.

Kevin sintió que el corazón dejaba de latir.

Me miró desesperado.

—¿Los llamaste tú?

Negué.

—No.

—Ellos llegaron solos.

Su expresión mostró una pequeña esperanza.

—Entonces todavía puedo explicarlo.

Tomé el control remoto.

Encendí el televisor.

Todos los canales económicos mostraban la misma noticia.

“Horizon Capital suspende temporalmente a su director ejecutivo tras detectarse graves irregularidades financieras.”

Debajo aparecía una fotografía de Kevin.

Él comenzó a temblar.

—No…

Eso no podía estar ocurriendo tan rápido.

El timbre volvió a sonar.

Esta vez acompañado por otra voz.

—También venimos de la Comisión Reguladora del Mercado.

Kevin se dejó caer sobre el sofá.

Comprendió que aquello no era una simple denuncia matrimonial.

Era una investigación que llevaba tiempo avanzando.

Me acerqué lentamente.

—¿Recuerdas el proyecto Phoenix?

Su rostro perdió el último resto de color.

Phoenix.

El fondo de inversión del que había desviado tres millones para comprar el apartamento de Bianca.

Muy pocas personas conocían ese nombre.

—¿Cómo sabes…?

Lo interrumpí.

—Porque el principal inversionista de Phoenix nunca fue tu empresa.

Saqué una última carpeta.

La más delgada de todas.

En la portada solo había un logotipo.

Sterling International Holdings.

Kevin observó el nombre sin comprender.

—¿Qué tiene que ver eso?

Abrí la primera página.

El documento mostraba la estructura accionarial del fondo.

El inversionista mayoritario poseía el cincuenta y uno por ciento.

Debajo aparecía un nombre.

Sophie Lin.

Kevin levantó la vista con incredulidad.

—Eso…

Eso es imposible.

—Tú solo eres arquitecta.

Sonreí por primera vez desde que él había cruzado la puerta de la casa.

—Eso es lo que tú siempre creíste.

Tomé el documento y lo dejé frente a él.

—Renuncié al consejo de administración de mi familia para casarme contigo.

—Acepté trabajar como una empleada más porque quería construir algo juntos.

—Mientras tú pensabas que vivías manteniendo a una mujer común…

En realidad llevabas cinco años administrando dinero que pertenecía a mi grupo empresarial.

Kevin sintió que el mundo se desmoronaba.

Todo el poder del que presumía.

Todos los ascensos.

Todos los proyectos.

Habían sido posibles gracias al capital de la familia de su esposa.

Y él había utilizado ese mismo dinero para mantener a otra mujer.

En ese momento la puerta principal se abrió.

No eran solo los investigadores.

Delante de ellos caminaba el presidente del consejo de Horizon Capital.

Miró directamente a Kevin.

Después se volvió hacia mí.

E inclinó respetuosamente la cabeza.

—Presidenta Lin.

—El consejo está reunido.

—Todos esperan su llegada para nombrarla oficialmente como nueva presidenta ejecutiva… y para decidir las acciones legales contra el señor Kevin Zhou.

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