PARTE 2: DEMASIADO TARDE

A la mañana siguiente, Adrian envió un auto a buscarme.

El conductor esperó cuarenta minutos frente al apartamento vacío.

Entonces llamó a Vivian.

—La señora Zhou no está aquí.

Vivian sonrió.

—Déjala. Volverá cuando se quede sin dinero.

Adrian pensó lo mismo.

Hasta que recibió una llamada del hospital.

—Señor Zhou, necesitamos hablar sobre la paciente Lucía Suárez.

Adrian frunció el ceño.

—¿La hermana de Elena?

—Sí.

—Hablen con mi secretaria.

El médico guardó silencio.

—Señor Zhou, la señorita Suárez falleció hace tres días.

Adrian dejó de respirar.

—¿Qué?

Vivian levantó la cabeza.

—Eso no puede ser.

El médico continuó:

—La cirugía urgente fue aplazada porque el depósito requerido no llegó dentro del plazo indicado.

Adrian miró lentamente a Vivian.

—Tú dijiste que solo se había retrasado.

—Eso me dijeron.

—¿Quién?

Vivian no respondió.

Adrian abrió el historial de pagos de su empresa familiar.

Encontró la solicitud.

Trescientos mil dólares.

Estado:

RECHAZADO.

Autorización requerida:

Vivian Song.

Debajo había una nota:

“No prioritario. La señora Zhou debe aprender a seguir el procedimiento.”

Adrian se puso de pie tan rápido que la silla cayó.

—¿Escribiste esto?

Vivian palideció.

—Adrian, Elena estaba gastando demasiado. Yo solo cumplía tus reglas.

Aquello era cierto.

Las reglas eran suyas.

Él le había entregado a Vivian el poder de decidir qué necesidades de su esposa eran “razonables”.

Y nunca había pensado que alguien pudiera morir por ello.

Entonces recordó mi último mensaje.

Tu dinero llegó demasiado tarde.

Salió directamente hacia el hospital.

Allí encontró una caja con las pertenencias de mi hermana.

Encima había un sobre dirigido a mí.

Pero la enfermera tenía algo más que decir.

—Su esposa estuvo aquí aquella mañana.

—¿Elena?

—Sí. Recogió personalmente los documentos de su hermana.

Adrian tragó saliva.

—¿Estaba enferma?

La enfermera dudó.

—No puedo darle información médica privada.

Aquella respuesta fue suficiente para inquietarlo.

Llamó a todas las clínicas privadas que conocía.

Nadie quiso decirle nada.

Finalmente llegó al centro donde yo había estado.

Adrian exigió verme.

La recepcionista respondió:

—La señora Suárez ya se marchó.

—¿Suárez?

—Ese es el apellido que utilizó.

Ni siquiera Zhou.

Adrian se quedó inmóvil.

Entonces vio al médico que había atendido mi consulta previa.

—Doctor.

El hombre lo reconoció.

Su expresión cambió.

—Señor Zhou.

—¿Qué le pasó a mi esposa?

—No puedo revelar detalles sin autorización.

Adrian apretó los puños.

—Solo dígame si estaba embarazada.

El médico guardó silencio.

Y Adrian entendió.

Retrocedió hasta chocar contra una silla.

—No…

Vivian acababa de llegar detrás de él.

—Adrian, vámonos. Está haciendo esto para castigarte.

El médico la miró con frialdad.

—Señor Zhou, quizá debería dejar de pensar que todo lo que hizo su esposa giraba alrededor de usted.

Adrian se dejó caer.

Por primera vez comprendió que yo no había desaparecido para provocar una reacción.

Me había ido porque ya no esperaba nada de él.

Pero entonces su teléfono sonó.

Era su abogado.

—Adrian, tenemos un problema.

—Ahora no.

—Tiene que ser ahora. Elena presentó documentos antes de marcharse.

Adrian cerró los ojos.

—¿Divorcio?

—También.

Hubo una pausa.

—Pero su hermana dejó un testamento.

Adrian frunció el ceño.

—Lucía no tenía nada.

—Eso creíamos.

Se oyó pasar una página.

—Tres semanas antes de morir recibió la titularidad de unas acciones que alguien mantuvo bajo custodia durante dieciocho años.

—¿Acciones de qué?

El abogado respondió:

—Zhou Holdings.

Adrian levantó lentamente la cabeza.

—Eso es imposible.

—No lo es. Y Elena acaba de convertirse en heredera de esa participación.

—¿Cuánto?

La respuesta dejó incluso a Vivian inmóvil.

—El veintiséis por ciento.

Adrian se quedó sin palabras.

Pero el abogado aún no había terminado.

—Y hay algo más extraño. La persona que transfirió originalmente esas acciones a la familia Suárez fue su padre.

—Mi padre murió hace doce años.

—Exactamente.

Otra pausa.

—Por eso necesitamos averiguar qué relación tenía con la madre de Elena… y por qué dejó instrucciones expresas para que usted jamás supiera de estas acciones mientras siguiera casado con ella.

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