PARTE 2: LA CUARTA PERSONA

—Nada ilegal —dije.

Reyes guardó silencio.

—Quiero pruebas que puedan entrar en un tribunal.

—Entendido.

Corté la llamada.

No quería una guerra.

Quería que quienes habían lastimado a Lily descubrieran que sus apellidos no podían borrar la verdad.

A las seis de la mañana, Reyes llegó al hospital.

Había envejecido, pero seguía teniendo aquella mirada capaz de detectar una mentira antes de que terminara de pronunciarse.

Dejó una carpeta frente a mí.

—Las cámaras no fallaron.

Levanté la mirada.

—¿Las borraron?

—Alguien eliminó cuarenta y siete minutos de grabación después del ataque.

—¿Quién?

—Una cuenta administrativa de seguridad del campus.

Reyes pasó otra página.

—Y encontramos algo mejor. Las cámaras municipales de tráfico cubren parcialmente la salida norte de la universidad.

Una imagen mostraba tres vehículos abandonando el campus.

Pertenecían a las familias Cole, Hale y Whitmore.

Hora: 11:31 p. m.

Dieciséis minutos antes de que el hospital me llamara.

Pero había un cuarto vehículo.

Negro.

Sin identificación universitaria.

—¿De quién es?

Reyes deslizó otro documento.

Whitmore Defense Systems.

Sentí que algo cambiaba.

Aquello ya no parecía únicamente un grupo de universitarios ricos intentando ocultar una agresión.

—¿Por qué una empresa de defensa estaba allí?

—Eso mismo quiero saber.

Entonces Lily despertó.

Corrí a su habitación.

No podía hablar.

Le dieron una pequeña pizarra.

Sus dedos temblaron mientras escribía.

NO FUERON SOLO ELLOS.

Mi respiración se detuvo.

—¿Había otra persona?

Lily asintió.

Escribió nuevamente.

YO ENCONTRÉ ALGO.

Después:

LABORATORIO 4C.

Reyes y yo intercambiamos una mirada.

Lily siguió escribiendo.

ETHAN QUERÍA QUE BORRARA LAS FOTOS.

—¿Qué fotos?

Señaló su mochila.

Su teléfono había desaparecido.

Pero recordé algo.

Lily hacía copias automáticas de sus fotografías.

Reyes necesitó menos de una hora para localizar la cuenta en la nube con autorización de Lily.

Había doce imágenes tomadas aquella noche.

No mostraban una fiesta.

Ni drogas.

Ni ninguna pelea.

Mostraban cajas dentro del laboratorio universitario.

En ellas aparecía el logotipo de Whitmore Defense Systems.

Una fotografía capturaba documentos de entrega.

Otra mostraba números de serie.

Y en la última aparecía Tyler Whitmore discutiendo con un hombre mayor.

Ampliamos la imagen.

Lo reconocí.

Era el detective del campus que había estado en la habitación de Lily.

El mismo que me dijo que no existían pruebas.

Reyes dejó escapar lentamente el aire.

—Ahora sabemos por qué quería cerrar el caso.

Mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Contesté.

—Coronel Voss.

Me quedé inmóvil.

Nadie fuera de un círculo extremadamente reducido debía conocer ese nombre.

—¿Quién habla?

—Alguien que recuerda Spectre.

La voz pertenecía a un hombre mayor.

—Su hija fotografió algo que no debía estar en esa universidad.

—Entonces explíquemelo.

—No por teléfono.

—¿Dónde?

—No importa todavía.

Hizo una pausa.

—Pero debería saber una cosa antes de confiar en Reyes.

Miré al mayor.

Él frunció el ceño.

La voz continuó:

—Las cajas que Lily fotografió pertenecen a un contrato federal antiguo.

—¿Qué tiene que ver conmigo?

El desconocido respondió:

—El contrato original fue aprobado hace veintiún años.

Sentí frío.

—¿Por quién?

—Por usted.

Reyes dejó de respirar.

—Eso es imposible —dije.

—No, coronel.

Escuché papeles al otro lado.

—Task Force Spectre nunca fue eliminada completamente.

—Alguien utilizó su nombre, sus códigos antiguos y su autorización para mantenerla viva.

Miré nuevamente la fotografía.

Entonces comprendí por qué aquellos tres jóvenes habían tenido tanta protección tan rápidamente.

Quizá sus familias no estaban protegiendo solamente a sus hijos.

Estaban protegiendo algo mucho más antiguo.

Algo que llevaba mi propia firma.

Antes de colgar, el desconocido añadió:

—Y si quiere saber quién atacó realmente a Lily, deje de mirar a los tres muchachos.

—¿A quién debo mirar?

Su respuesta convirtió diecinueve años de retiro en una mentira.

—A la cuarta persona de aquella habitación.

—La mujer que su hija reconoció inmediatamente.

—La misma mujer que usted enterró hace diecinueve años.

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