PARTE 2: LA ÚLTIMA DEUDA DE ARTHUR WHITMORE

Daniel no levantó la voz.

Eso hizo que todo resultara más intimidante.

—Discúlpate con Claire.

Vanessa parpadeó.

—Daniel, estaba bromeando.

—Yo no.

Las mesas cercanas quedaron en absoluto silencio.

Vanessa me miró.

—Lo siento.

Daniel volvió a sentarse.

—Ahora puedes marcharte.

Ella palideció.

—¿Vas a echarme por una enfermera?

—Médica —corrigió él—. Y estoy evitando que vuelvas a cometer el mismo error.

Vanessa tomó su bolso y salió furiosa.

Yo permanecí inmóvil.

—No tenías que hacer eso.

—Sí tenía.

Daniel observó durante unos segundos el teléfono que había puesto boca abajo.

—Vanessa cree que vamos a casarnos.

—¿Y no?

—Eso pensaba hasta que murió mi abuelo.

Aquella respuesta me desconcertó.

Entonces sacó un pequeño sobre del interior de su chaqueta.

Reconocí inmediatamente la letra de Arthur.

Mi nombre estaba escrito en el frente.

CLAIRE BENNETT.

—Lo encontraron entre sus pertenencias —explicó Daniel—. Dijo que debía entregártelo personalmente.

Abrí el sobre.

Dentro había una llave y una nota.

“Claire, si Daniel te lleva a cenar, significa que al menos una vez decidió escucharme.”

Sonreí pese a mí misma.

Pero la siguiente línea borró mi sonrisa.

“No confíes en nadie que te diga que mi muerte fue natural.”

Levanté la cabeza.

—Daniel…

—Sigue leyendo.

Arthur mencionaba un archivador privado en su antigua casa.

La llave correspondía al cajón inferior.

Dos horas después estábamos allí.

Daniel abrió el despacho de su abuelo mientras sus hombres permanecían afuera.

Dentro del cajón encontramos historiales médicos, extractos bancarios y fotografías.

Reconocí varios nombres.

Pacientes del St. Anne.

—¿Por qué tenía tu abuelo expedientes de mi hospital?

Daniel no respondió.

Sacó una carpeta.

En la portada estaba mi nombre.

CLAIRE BENNETT, MD.

Sentí un escalofrío.

Dentro había fotografías mías entrando y saliendo del hospital durante casi tres años.

—¿Tu abuelo me investigaba?

—Eso parece.

Continué buscando.

Entonces encontré una transferencia de 250.000 dólares realizada a una fundación vinculada al hospital.

Fecha: seis semanas antes de la muerte de Arthur.

Beneficiaria indirecta:

Vanessa Hale.

Daniel endureció la mandíbula.

—Vanessa me dijo que jamás había conocido a mi abuelo.

Pero sí lo conocía.

Una fotografía los mostraba discutiendo frente al St. Anne.

En el reverso, Arthur había escrito:

“Ella sabe qué ocurrió con Thomas Bennett.”

Se me cayó la fotografía.

Thomas Bennett era mi padre.

Había muerto cuando yo tenía diecisiete años.

Oficialmente, un accidente automovilístico.

—¿Cómo sabía Arthur el nombre de mi padre?

Daniel abrió otra carpeta.

Dentro había un viejo recorte de periódico.

Mi padre aparecía junto a Arthur Whitmore.

Y entre ambos había un Daniel adolescente.

—Yo no recuerdo esto —susurró Daniel.

Entonces encontré una carta sellada.

“Para Claire, únicamente si Arthur muere antes de contarle la verdad.”

La abrí.

Mi padre había trabajado durante años como médico privado de la familia Whitmore.

Pero había descubierto algo que nunca debía salir a la luz.

Antes de morir, dejó pruebas bajo la custodia de Arthur.

Pruebas relacionadas con varias muertes atribuidas a causas naturales.

Incluida la suya.

Incluida ahora la de Arthur.

Daniel se quedó completamente quieto.

—¿Quién más sabía de esto?

Seguí leyendo.

La última línea estaba subrayada dos veces.

“Si Arthur muere después de que Vanessa Hale entre en la vida de Daniel, Claire debe abandonar Chicago inmediatamente.”

En ese instante escuchamos cristales romperse en la planta baja.

Uno de los hombres de Daniel gritó.

Luego sonaron pasos.

Daniel me empujó detrás del escritorio.

La puerta se abrió violentamente.

Pero no era Vanessa.

Era el director médico del St. Anne.

Mi jefe.

Tenía una pistola en una mano.

Y en la otra sostenía mi expediente laboral.

—Doctora Bennett —dijo mirándome—, su padre tampoco supo cuándo dejar de hacer preguntas.

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