PARTE 2: LA HABITACIÓN QUE MI PADRE ORDENÓ SELLAR

—Quédate detrás de mí —le dije a Mia.

Ella abrazó con ambas manos las piernas de su hermanita.

Aparté varios libros del tercer estante y presioné el mecanismo oculto.

Nada.

Volví a intentarlo.

Entonces comprendí algo imposible.

La cerradura ya estaba abierta.

Empujé.

La estantería se desplazó lentamente.

Un olor a humedad salió de la oscuridad.

Encendí la luz del teléfono.

Había una escalera estrecha.

Y sangre en el primer escalón.

Mia ahogó un gemido.

—Señor Duca…

—No mires.

Bajé.

Al fondo encontré una pequeña habitación que llevaba diecisiete años creyendo vacía.

No lo estaba.

Grace estaba en el suelo.

Tenía las manos atadas.

—¿Grace?

Abrió los ojos.

—Román…

Subí inmediatamente para sacar a Mia y al bebé de allí antes de liberar a su madre.

Cuando regresé, Grace estaba temblando.

—¿Quién hizo esto?

—No puedo decírtelo.

—Tus hijas estaban limpiando mi casa a la una de la mañana porque creen que van a quedarse sin hogar.

Aquello la quebró.

—Fue el señor Bellini.

Me quedé inmóvil.

Vittorio Bellini había trabajado para mi padre.

Actualmente administraba varias propiedades de la familia Duca.

—¿Por qué?

Grace señaló una caja metálica escondida bajo una mesa.

—Porque encontré eso.

Dentro había fotografías, cartas y documentos antiguos.

Una fotografía hizo que dejara de respirar.

Mostraba a mi padre frente a aquella misma mansión.

A su lado estaba Grace.

Pero la fotografía tenía diecisiete años.

Grace apenas parecía una adolescente.

—Tú conocías a mi padre.

Ella comenzó a llorar.

—Mi madre trabajaba aquí.

Encontré entonces una fotografía de otra mujer.

La reconocí.

Elena Harper.

La madre de Grace.

Según los registros familiares, Elena había robado dinero y desaparecido.

Grace negó con la cabeza.

—Nunca huyó.

Sacó una carta.

Mi padre había pagado durante años una vivienda, estudios y gastos médicos para Grace.

Los pagos terminaron exactamente el día de su muerte.

—¿Por qué hacía eso?

Grace bajó la mirada.

—Porque sabía lo que le ocurrió a mi madre.

Sentí un frío brutal.

—¿Dónde está Elena?

Grace miró las paredes.

—Murió aquí.

No pude hablar.

—Mi padre dijo que desapareció.

—Tu padre mintió.

Antes de poder preguntar más, Mia apareció en lo alto de la escalera.

—Mamá…

Grace corrió hacia ella.

Pero Mia no estaba mirando a su madre.

Miraba la caja.

—Esa señora.

Señaló una fotografía.

—Es ella.

—¿Quién?

—La señora que vi llorando.

Mi cuerpo se tensó.

La mujer de la fotografía era Elena Harper.

—Mia, esta foto tiene casi veinte años.

La niña negó con fuerza.

—No.

Señaló hacia el fondo de la habitación.

—Ella estaba allí esta noche.

Grace palideció.

Seguimos su dedo.

Había un armario empotrado.

Lo abrí.

Vacío.

Pero detrás encontré una segunda puerta.

Alguien había instalado una cerradura moderna sobre madera antigua.

La forcé.

Detrás había otro corredor.

Y este no estaba abandonado.

Había luces.

Cámaras.

Comida reciente.

Un colchón.

Medicamentos.

Alguien llevaba tiempo viviendo bajo mi casa.

Sobre una mesa encontré varias fotografías.

Mía entrando en la escuela.

Grace comprando alimentos.

Yo saliendo de reuniones.

Alguien nos vigilaba.

Entonces vi la última fotografía.

Era de aquella misma noche.

Mostraba a Grace entrando en mi mansión.

En el reverso habían escrito:

“Finalmente encontró la habitación.”

Debajo había otra frase:

“Ahora Román descubrirá por qué Elena tuvo que desaparecer.”

Grace me arrancó la fotografía de las manos.

—No.

Su rostro se volvió blanco.

—¿Qué ocurre?

Ella señaló la esquina de la imagen.

Allí aparecía parcialmente el hombre que había tomado la fotografía.

Solo se veía su reflejo en una ventana.

Pero yo reconocí aquel rostro.

Era mi padre.

El hombre cuyo ataúd había cerrado personalmente nueve años atrás.

Entonces escuchamos pasos en el corredor.

Lentos.

Acercándose.

Y una voz que no había oído desde el funeral dijo desde la oscuridad:

—Te tomó demasiado tiempo encontrarme, hijo.

Related Posts

PARTE 2: LA FAMILIA QUE DESCUBRIÓ CUÁNTO HACÍA ELENA

Daniel cerró la carpeta de golpe. —No vas a ir. Lo miré tranquilamente. —El contrato ya está firmado. —Soy tu marido. —No mi dueño. Margaret se levantó….

PARTE 2: LA VERDAD QUE NATHANIEL DESCUBRIÓ DEMASIADO TARDE

A las cinco de la mañana subí al avión militar sin mirar atrás. Mi teléfono, mi identificación civil y mi alianza quedaron dentro de un sobre sellado….

PARTE 2: LA CLÁUSULA QUE MI PADRE FIRMÓ SIN LEER

—El dueño me pidió que te recordara la cláusula diecisiete —dijo David. Richard soltó una carcajada. —¿Qué dueño? David giró el documento. —Westchester Residential Holdings. —Ya sé…

PARTE 2: LA ÚLTIMA DEUDA DE ARTHUR WHITMORE

Daniel no levantó la voz. Eso hizo que todo resultara más intimidante. —Discúlpate con Claire. Vanessa parpadeó. —Daniel, estaba bromeando. —Yo no. Las mesas cercanas quedaron en…

PARTE 2: LA IDENTIDAD QUE LU CHENZHOU JAMÁS CONOCIÓ

Tres días después, Huanyu Technology anunció públicamente que había suspendido la propuesta presentada por el Grupo Lu. La noticia sacudió el sector tecnológico. Lu Chenzhou había invertido…

PARTE 2: LA MEMORIA USB QUE KARLA JAMÁS DEBIÓ ABRIR

No respondí. A las ocho, Karla había llamado veintitrés veces. A las nueve apareció el primer mensaje furioso. “¿Cómo puedes hacernos esto después de todo lo que…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *