PARTE 2: LA TARJETA QUE TODOS CREÍAN QUE VICTOR PODÍA USAR

La mañana de la consulta, Victor llegó al Hospital Harmony con Melanie como si fuera el dueño del lugar.

Melanie llevaba un vestido de maternidad nuevo y Victor no dejaba de sonreír frente a las cámaras de sus amigos.

—Hoy conoceremos al bebé —publicó—. Todo lo mejor para mi familia.

Pero cuando llegaron al mostrador VIP, la recepcionista revisó el sistema y frunció el ceño.

—Señor Reed, necesito otra forma de pago.

Victor se quedó desconcertado.

—¿Cómo que otra forma?

—La tarjeta VIP asociada a esta reserva no tiene autorización.

Melanie lo miró.

—Pero dijiste que ya estaba pagado.

—Lo está —respondió la recepcionista—. El problema es que la titular canceló el permiso de uso.

Victor palideció.

—¿Qué titular?

La mujer revisó la pantalla.

—Claire Lane.

El silencio fue inmediato.

Melanie bajó la voz.

—¿Claire?

Victor apretó la mandíbula.

—Debe ser un error del sistema.

La recepcionista negó con la cabeza.

—No, señor. La titular cambió la contraseña ayer y activó verificación personal. Además, solicitó cancelar cualquier reserva realizada sin su autorización.

Una pareja que esperaba detrás de ellos comenzó a murmurar.

Victor miró alrededor.

Su publicación de aquella mañana seguía acumulando comentarios.

“Qué familia tan feliz.”

“Victor es un padre ejemplar.”

“Melanie está viviendo como una reina.”

Y ahora estaba frente al mostrador VIP sin poder pagar una sola consulta.

—Puedo pagar con otra tarjeta —dijo finalmente.

El problema fue que su tarjeta fue rechazada.

Luego otra.

Y otra.

Melanie empezó a ponerse nerviosa.

—Victor, ¿qué está pasando?

Él no respondió.

Entonces una voz detrás de ellos dijo:

—¿Necesitas ayuda?

Victor se giró.

Yo estaba allí.

No había ido a discutir.

Había ido porque el hospital me había pedido que confirmara personalmente la cancelación de las reservas.

Victor se quedó inmóvil.

—¿Tú?

—Yo.

Le entregué mi identificación a la recepcionista.

—Quiero confirmar que ninguna persona, excepto yo, tiene autorización para utilizar mi membresía.

—Ya está registrado, señora Lane.

Victor se acercó.

—Claire, podemos hablar en privado.

—No hace falta.

Melanie miró entre nosotros.

—¿Tú eres la dueña de la tarjeta?

Asentí.

—Sí.

—Pero Victor me dijo que era su tarjeta familiar.

Sonreí.

—Ya no estamos casados.

Victor cerró los ojos.

Aquella frase fue suficiente para que varias personas alrededor entendieran la situación.

Entonces saqué mi teléfono.

—Y ya que estamos aquí, quiero aclarar otra cosa.

Abrí el historial de movimientos.

—Durante los últimos seis meses, Victor intentó utilizar mi membresía para cuatro consultas, dos paquetes de laboratorio y una reserva de habitación.

Melanie miró a Victor.

—¿Cuatro?

Él tragó saliva.

—Solo eran trámites.

—También hay una reserva a nombre de Melanie —continué—. Y otra para una persona que ninguno de los dos ha mencionado.

Victor se quedó completamente quieto.

Melanie palideció.

—¿Qué persona?

Miré la pantalla.

—Una mujer llamada Sophie Reed.

Victor perdió la sonrisa.

—Claire, no sabes de qué estás hablando.

—Entonces explícaselo tú.

Melanie dio un paso atrás.

—¿Quién es Sophie?

Victor no respondió.

Y en ese momento comprendí que mi tarjeta no era lo único que había estado pagando.

Había algo mucho más grande detrás de aquellas reservas.

Algo que Victor había intentado mantener oculto.

La recepcionista se acercó con una carpeta.

—Señora Lane, antes de que se vaya, necesitamos entregarle estos documentos. Hay varias facturas pendientes asociadas a su antigua cuenta familiar.

Los tomé.

La primera página mostraba una cifra que me dejó helada.

No eran 9.800 yuanes.

Ni 80.000.

Eran más de 300.000.

Y debajo de cada pago aparecía el mismo nombre:

Sophie Reed.

Levanté lentamente la mirada hacia Victor.

—¿Quién es ella?

Esta vez no pudo responder.

Melanie fue quien empezó a llorar.

Y entonces dijo algo que ninguno de los dos esperaba:

—Victor… Sophie es tu primera esposa, ¿verdad?

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