PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI PADRE ESTABA BUSCANDO

El salón quedó completamente en silencio.

Mi padre no miró a Preston.

Miró al hombre que estaba a mi lado.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?

El extraño respondió sin apartar los ojos de él.

—Veintisiete minutos.

Mi padre asintió.

—Entonces viste suficiente.

Preston frunció el ceño.

—¿Qué está pasando?

Nadie respondió.

Uno de los hombres de negro recibió un teléfono y se acercó a mi padre.

—Señor Carter, confirmamos la identidad.

Mi padre tomó el teléfono.

Leyó la pantalla.

Su expresión cambió apenas.

Pero yo lo conocía demasiado bien.

Algo acababa de salir mal.

—¿Quién es? —pregunté.

Papá guardó el teléfono.

—Después.

Preston soltó una risa nerviosa.

—¿Después de qué?

Mi padre finalmente lo miró.

—Después de que descubramos quién te dijo que mi hija estaría aquí.

El rostro de Preston perdió color.

—Yo no sabía que era su hija.

—Eso no fue lo que pregunté.

La madre de Preston se levantó de su asiento.

—Michael, esto es una gala benéfica. No puedes venir aquí a amenazar a mi hijo.

Mi padre la miró.

—No he amenazado a nadie.

Señaló el teléfono de Chase.

—Pero él acaba de grabar una agresión pública.

Chase bajó la mirada.

—Yo solo estaba grabando por diversión.

—Lo sé.

Mi padre hizo una señal.

Uno de sus hombres se acercó a Chase.

—No borres nada.

Chase palideció.

Entonces el extraño que me había prestado su chaqueta habló.

—Michael, tenemos otro problema.

Papá lo miró.

—Dilo.

—El hombre que buscábamos acaba de abandonar el edificio.

Mi padre cerró los ojos durante un segundo.

—¿Quién?

El hombre respondió:

—Robert Hale.

Preston se quedó inmóvil.

Su padre.

El multimillonario que había organizado aquella gala.

El mismo hombre que llevaba meses apareciendo en reuniones privadas con mi padre.

—Eso es imposible —dijo Preston.

Mi padre lo miró.

—No.

Luego señaló la salida.

—Es exactamente lo que esperaba.

Me quedé confundida.

—Papá, ¿qué está pasando?

Mi padre finalmente se volvió hacia mí.

—Hace seis meses alguien empezó a mover dinero desde una de mis fundaciones hacia cuentas que no deberían existir.

Miré al hombre que estaba a mi lado.

Él asintió.

—Llevo seis meses siguiendo esas transferencias.

Mi padre continuó:

—Y esta noche descubrimos que una persona dentro de mi círculo está entregando información privada sobre nuestra familia.

Sentí un escalofrío.

—¿Y pensaste que esa persona estaría aquí?

—Sí.

Preston dio un paso atrás.

—Yo no tengo nada que ver con eso.

Mi padre levantó una mano.

—Nadie te ha acusado.

Eso pareció tranquilizarlo.

Solo por unos segundos.

Entonces uno de los hombres de negro acercó una tableta.

—Señor Carter, encontramos el registro.

Papá miró la pantalla.

Después se la entregó al hombre de la chaqueta.

Él leyó el documento y levantó la vista.

—El teléfono desde el que enviaron la información fue registrado en esta sala.

Todos comenzaron a mirarse.

La tensión creció.

Mi padre tomó mi mano.

—Sophia, quiero que salgas de aquí.

—No.

Él me miró sorprendido.

—Esta noche me echaron vino en la cabeza por parecer alguien insignificante.

Miré a Preston.

—Creo que ya es hora de que todos sepan quién soy.

Papá permaneció en silencio.

Después sonrió ligeramente.

—Entonces quédate.

Preston tragó saliva.

Chase seguía sosteniendo su teléfono.

Y justo cuando todos esperaban que mi padre revelara el nombre del traidor, las puertas del salón volvieron a abrirse.

Un hombre entró apresuradamente.

Era Robert Hale.

Pero no venía solo.

A su lado caminaba un abogado.

Y en la mano llevaba un documento que hizo que mi padre dejara de sonreír.

—Michael —dijo Robert—, creo que tenemos que hablar de tu hija.

Mi padre miró el documento.

Luego me miró a mí.

Y comprendí que aquella noche no solo iba a descubrir quién había traicionado a mi padre.

Iba a descubrir por qué mi existencia había sido mantenida en secreto durante tantos años.

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