PARTE 2: LA PROPUESTA QUE CAMBIÓ TODA LA RECEPCIÓN

El salón permaneció completamente inmóvil.

Ni el cuarteto de cuerdas continuó tocando.

Los camareros dejaron de caminar.

Incluso los niños de la mesa diecinueve miraban a Emmett sin entender por qué todos los adultos habían dejado de hablar.

Nicholas fue el primero en reaccionar.

—Señor Stewart… creo que hubo un malentendido.

Su asiento está preparado en la mesa principal.

Emmett sonrió con cortesía.

—Lo vi.

Después señaló la pequeña mesa infantil.

—Y también vi esta.


Parker empujó hacia Emmett el dibujo del dragón.

—Lo hizo Jenna.

¿Te gusta?

Emmett observó el papel unos segundos.

—Mucho.

Luego miró a Parker.

—¿Sabes qué más hace Jenna?

El niño negó con la cabeza.

—Convierte ideas complicadas en historias que cualquiera puede entender.

Eso es mucho más difícil que dibujar dragones.


Varios invitados comenzaron a intercambiar miradas.

Nadie entendía del todo quién era realmente Jenna.


La madre de Nicholas sonrió con evidente incomodidad.

—Señor Stewart…

Mi hija escribe algunos artículos por internet.

Lo dice con mucha humildad.

Emmett respondió con absoluta tranquilidad.

—Sí.

Y también escribe discursos, informes estratégicos y presentaciones para empresas que cotizan en bolsa.

Sin ella, varias de mis intervenciones públicas simplemente no existirían.


El silencio volvió a instalarse.

Nicholas sintió que el rostro comenzaba a tensarse.

—¿Jenna trabaja para usted?

Emmett negó lentamente.

—No.

Jenna trabaja con nosotros.

Hay una diferencia importante.

Ella elige cuidadosamente con quién colaborar.


Aquella frase fue mucho más contundente de lo que parecía.

Porque dejaba claro que Jenna no era una empleada cualquiera.

Era una profesional independiente cuya experiencia era suficientemente valiosa como para escoger a sus clientes.


La novia de Nicholas observó a Jenna por primera vez con verdadera atención.

—¿Por qué nunca nos lo dijiste?

Jenna sonrió con serenidad.

—Porque nadie me lo preguntó.


La tía Beatrice, que acababa de despertarse, miró alrededor confundida.

—¿Ya sirvieron el pastel?

Parker respondió muy serio.

—No.

Pero la boda se puso interesante.


Varias personas rieron por primera vez en toda la noche.

La tensión comenzó a disminuir.


Nicholas intentó recuperar el control.

—Jenna…

Si quieres, podemos cambiarte ahora mismo a la mesa principal.

Ella negó con la cabeza.

—No hace falta.

Estoy bien aquí.

Además…

Miró a Parker y a los demás niños.

—Aquí la conversación ha sido bastante más sincera.


Emmett sonrió.

—Coincido.

De hecho, yo también voy a quedarme.

Pidió al camarero un plato adicional.

El personal dudó unos segundos.

Después comenzó a trasladar discretamente algunos cubiertos.

El director ejecutivo más esperado de la boda acababa de decidir cenar en la mesa infantil.


La noticia recorrió el salón en cuestión de minutos.

Poco después empezaron a ocurrir cosas curiosas.

Un reconocido editor se acercó para saludar a Emmett.

Terminó conversando quince minutos con Jenna sobre comunicación.

Luego llegó la directora de una fundación.

Después un rector universitario.

Todos querían hablar con Emmett.

Y Emmett, una y otra vez, terminaba diciendo la misma frase.

—La persona que realmente debería responder esa pregunta es Jenna.


Nicholas observaba la escena desde la distancia.

Cada vez que intentaba acercarse, alguien más iniciaba otra conversación con su hermana.

La mujer a la que había enviado al rincón del salón se había convertido, sin buscarlo, en el centro de las conversaciones más interesantes de toda la recepción.


Cuando el banquete estaba llegando a su fin, Emmett sacó una carpeta delgada de su portafolio.

La dejó sobre la mesa.

—En realidad vine con dos motivos.

Uno era felicitar a Nicholas.

El otro era hablar contigo.

Jenna levantó la vista.

—¿Conmigo?

—Sí.

Nuestro contrato termina el próximo mes.

Y me gustaría proponerte algo diferente.

No un proyecto.

Una sociedad de largo plazo para desarrollar el área de comunicación estratégica de varias compañías del grupo.

No necesito una respuesta hoy.

Solo quería preguntártelo en persona.


Jenna permaneció unos segundos en silencio.

No por la propuesta.

Sino porque era la primera vez que Emmett hablaba de una colaboración permanente.

—Lo pensaré.

Él sonrió.

—Era exactamente la respuesta que esperaba.


Mientras tanto, Nicholas comprendía lentamente algo que nunca había querido aceptar.

Durante años creyó que el éxito consistía en sentarse en la mesa correcta.

Aquella noche descubrió que las personas realmente valiosas no necesitaban la mejor mesa.

Eran ellas quienes convertían cualquier mesa en el lugar más importante del salón.

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