PARTE 2: LA MUJER QUE LUCIAN MORETTI RECONOCIÓ

El primer SUV negro atravesó la entrada del parque antes de que Yuri pudiera reaccionar.

Luego llegó otro.

Y otro.

Las puertas se abrieron casi simultáneamente.

Hombres vestidos de negro descendieron y rodearon el lugar.

Yuri soltó a Lily.

Demasiado tarde.

Lucian Moretti salió del vehículo central.

No gritó.

No necesitaba hacerlo.

Sus ojos encontraron primero a su hija.

Después a Sienna.

La mujer seguía delante de Lily con aquella barra oxidada levantada, aunque apenas podía mantenerse en pie.

—Papá.

Lily corrió hacia él.

Lucian la atrapó entre sus brazos.

—Estoy aquí.

Entonces Lily señaló a Sienna.

—Ella no dejó que me llevaran.

Sienna dio un paso.

Sus rodillas cedieron.

Lucian consiguió sujetarla antes de que golpeara el suelo.

—Ambulancia —ordenó.

Sienna abrió los ojos apenas.

—La niña…

—Está a salvo.

—¿Seguro?

Lucian miró a Lily.

—Seguro.

Solo entonces Sienna dejó caer la barra.

Horas después despertó en una habitación privada del hospital.

Dos hombres custodiaban la puerta.

Sienna intentó levantarse.

—No.

Lucian estaba sentado junto a la ventana.

—No puedo pagar esto.

—No te he pedido dinero.

—Entonces me iré.

—Tampoco.

Sienna lo miró con desconfianza.

Lucian colocó la oxidada barra de metal sobre una mesa.

—Mi hija dice que te enfrentaste a cuatro hombres con esto.

—Eran tres.

—Había un cuarto vigilando la furgoneta.

Sienna guardó silencio.

Lucian la estudió.

Había algo extraño en ella.

No era cómo había luchado.

Era cómo observaba la puerta.

Las ventanas.

Las manos de cada persona que entraba.

Como alguien entrenado para localizar amenazas.

—¿Dónde aprendiste a pelear?

—En la calle.

—No.

Sienna endureció la expresión.

Lucian sacó una fotografía tomada por una cámara del parque.

Ella aparecía protegiendo a Lily.

La postura de sus pies era precisa.

El brazo dominante protegido.

El cuerpo colocado entre la niña y el arma.

—Eso no se aprende durmiendo bajo puentes.

Sienna apartó la mirada.

Entonces entró Marco, jefe de seguridad de Lucian.

Traía una carpeta.

—Encontramos algo.

Se acercó y susurró unas palabras.

Lucian quedó inmóvil.

—¿Estás seguro?

—Las huellas coinciden.

Sienna vio cómo ambos la miraban.

—¿Qué?

Lucian abrió la carpeta.

SIENNA HAYES.

Desaparecida siete años atrás.

Pero debajo había otro nombre.

CAPITANA SIENNA VALE.

Unidad de inteligencia militar.

Sienna cerró los ojos.

—Esa mujer murió.

—Legalmente —respondió Lucian—, sí.

Siete años antes, un vehículo gubernamental había explotado cerca de la frontera canadiense.

Tres muertos.

Sienna figuraba entre ellos.

Sin embargo, jamás recuperaron su cuerpo.

—¿Quién te quería muerta?

Sienna no contestó.

Marco colocó otra fotografía.

Yuri aparecía reuniéndose con un hombre frente a un restaurante.

Lucian reconoció inmediatamente al hombre.

Su propio abogado.

Thomas Bell.

El mismo hombre que conocía los horarios de Lily.

Las rutas de seguridad.

Su colegio.

Su casa.

—Esto no fue un secuestro improvisado —dijo Lucian.

Sienna miró la fotografía y perdió el color.

—¿Lo conoces?

Sus labios temblaron.

—Él tenía otro nombre cuando yo lo conocí.

Lucian se inclinó.

—¿Cuál?

Sienna levantó los ojos.

—David Vale.

Mi marido.

La habitación quedó en silencio.

—El hombre que intentó matarme hace siete años.

Marco recibió entonces una llamada.

Escuchó durante diez segundos.

Su expresión cambió.

—Jefe, revisamos la furgoneta.

Habían encontrado fotografías de Lily.

Mapas de la mansión Moretti.

Y una imagen de Sienna tomada hacía solo cuatro días mientras dormía bajo el paso elevado.

Aquellos hombres sabían perfectamente quién era ella.

Lucian volvió lentamente hacia Sienna.

—No encontraron a mi hija por casualidad cerca de ti.

Sienna comprendió antes de que terminara.

Lily no había sido el verdadero objetivo.

Habían utilizado a una niña porque conocían la única regla que Sienna jamás rompería.

Lucian abrió el último sobre hallado en la furgoneta.

Dentro había una fotografía antigua.

Sienna sostenía a un bebé recién nacido.

En el reverso alguien había escrito:

“FASE DOS: MORETTI TODAVÍA NO SABE QUE LA NIÑA SOBREVIVIÓ.”

Lucian dejó de respirar.

Sienna intentó arrancarle la fotografía.

Demasiado tarde.

Porque el bebé que sostenía llevaba alrededor del cuello un diminuto medallón con el escudo de los Moretti.

Y Lucian acababa de reconocerlo.

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