PARTE 2: La mujer que él nunca quiso conocer

Sara organizó la reunión para el viernes a las diez.

No utilicé mi nombre real.

Como siempre, la invitación salió firmada únicamente por Jiangnan.

Durante cuatro años protegí mi identidad.

Al principio porque Roberto decía que una esposa conocida dañaría su imagen.

Después porque comprendí que el anonimato era el mayor activo de mi empresa.

Nadie sabía quién estaba detrás de la marca.

Ni siquiera mis socios comerciales.

Solo Sara.

Dos días antes de la reunión, Julia me llamó desde la oficina.

—Carolina.

—¿Recuerdas el contrato con Hengyuan?

—Sí.

—Toda la empresa está revolucionada.

—¿Por qué?

—Dicen que quien consiga esa cuenta será promovido a director regional.

Sonreí.

Ya imaginaba quién encabezaba esa competencia.

—¿Quién lidera el proyecto?

—Roberto.

No me sorprendió.

Había trabajado durante meses para conseguir aquella oportunidad.

Sin saber que la decisión final terminaría sobre mi escritorio.

La mañana del viernes dejé a Catalina en el jardín infantil.

Después fui directamente al estudio.

Por primera vez en años no llevaba uniforme de oficina.

Vestía un traje blanco sencillo.

El cabello cuidadosamente recogido.

Un maquillaje ligero.

Cuando entré, todo el equipo se puso de pie.

—Buenos días, señora Jiangnan.

Asentí.

Sara me entregó la carpeta.

—El Grupo Hengyuan llegará en veinte minutos.

Abrí el dossier.

El responsable del proyecto era exactamente quien esperaba.

Roberto Liu.

Cerré la carpeta sin decir nada.

A las diez en punto, la secretaria anunció la llegada de la delegación.

Desde la sala privada observé las cámaras del vestíbulo.

Roberto caminaba al frente.

Marina lo acompañaba sonriendo.

Probablemente como futura esposa.

Llevaba un vestido nuevo.

Parecía convencida de que aquella reunión consolidaría el ascenso de Roberto.

La recepcionista se acercó.

—El director creativo de Jiangnan los recibirá enseguida.

Marina miró alrededor.

—Siempre quise conocer a esa mujer.

—Dicen que tiene muchísimo dinero.

Roberto respondió con tranquilidad.

—El dinero no significa nada.

—Lo importante es cerrar el contrato.

Sonreí levemente.

Cinco minutos después entré en la sala.

La puerta se abrió.

Los dos levantaron la cabeza al mismo tiempo.

El color desapareció del rostro de Roberto.

Marina dejó caer el bolígrafo.

—¿Carolina?

Tomé asiento frente a ellos.

—Buenos días.

Sara presentó oficialmente la reunión.

—Permítanme presentarles a la fundadora y directora de nuestra marca.

—La señora Jiangnan.

Hubo un silencio absoluto.

Roberto me miró sin comprender.

—¿Qué clase de broma es esta?

Sara respondió con absoluta naturalidad.

—No es ninguna broma.

—La señora Carolina Jiang es Jiangnan.

—Fundadora, accionista mayoritaria y directora ejecutiva del estudio.

Marina comenzó a negar con la cabeza.

—Eso es imposible.

—Ella trabajaba con nosotros por cinco mil yuanes.

La miré con calma.

—Sí.

—Porque yo quise.

Roberto seguía inmóvil.

—¿Los veintitrés millones…?

Sonreí apenas.

—Ya son casi treinta.

Nadie habló durante varios segundos.

Finalmente empujé hacia él la propuesta comercial.

—Señor Liu.

—Escucharé su proyecto.

—Después decidiré si los doce millones de yuanes irán al Grupo Hengyuan…

—O a alguno de sus competidores.

Por primera vez desde que me llamó gorda, vieja y una carga…

Vi miedo auténtico en los ojos de Roberto.

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