Nadie habló.
Ethan miró a mi asistente como si hubiera escuchado mal.
—¿Presidenta?
Mi asistente asintió.
—Sí, señor. La señora Clara es la presidenta ejecutiva de Whitmore Holdings y la propietaria del fondo que financia el proyecto.
Un murmullo recorrió el salón.
Olivia dejó de llorar.
—Eso es imposible.
La miré.
—¿Imposible?
Señalé los documentos que estaban esparcidos por el suelo.
—Durante tres años te aseguraste de convencer a todos de que yo era una mujer sin importancia.
Ethan no apartaba los ojos de mí.
—Clara…
—No.
Levanté una mano.
—Ahora me toca hablar.
Mi asistente colocó la tablet sobre la mesa principal.
En la pantalla apareció el contrato de inversión.
Diez mil millones de dólares.
El nombre de mi empresa figuraba como financiador principal.
El de Moore Group aparecía como socio operativo.
Ethan tragó saliva.
—¿Tú eres Whitmore Holdings?
—Sí.
—Pero tú me dijiste que trabajabas en administración.
Sonreí.
—Nunca dije que fuera una empleada cualquiera.
Durante tres años había ocultado mi identidad empresarial porque quería saber si Ethan me amaba por mí o por mi apellido.
Ya tenía la respuesta.
Mi asistente deslizó otro documento.
—También hemos cancelado todas las líneas de crédito vinculadas a Moore Group.
Ethan dio un paso hacia mí.
—No puedes hacer esto.
—Puedo.
—Ese proyecto emplea a miles de personas.
—Entonces tendrán que buscar otro socio.
Olivia se levantó lentamente.
—Ethan, haz algo.
Él ni siquiera la miró.
Por primera vez, toda su atención estaba sobre mí.
—Clara, podemos hablar en privado.
—Tuvimos tres años para hablar.
—Yo estaba confundido.
—No.
Negué con la cabeza.
—Estabas cómodo.
Mi asistente se acercó y me entregó una última carpeta.
—Hay algo más.
La abrí.
Dentro estaban los registros financieros de los últimos tres años.
—¿Recuerdas todas las promociones que recibiste?
Ethan palideció.
—Sí.
—Todas fueron aprobadas por mi consejo.
Su respiración se volvió más pesada.
—¿Y el proyecto de diez mil millones?
—También.
Cerré la carpeta.
—La única razón por la que llegaste tan lejos fue porque yo quería ver hasta dónde llegarías.
Olivia miró a Ethan.
—Dijiste que ella no tenía nada.
Él no respondió.
—Dijiste que la empresa era tuya.
Silencio.
Olivia comprendió finalmente que había apostado por el hombre equivocado.
Entonces mi asistente recibió una llamada.
Escuchó unos segundos y se volvió hacia mí.
—Señora presidenta, el consejo acaba de aprobar la segunda fase.
—¿Qué fase?
—La adquisición completa de Moore Group.
Ethan levantó la cabeza.
—¿Adquisición?
Asentí.
—No voy a destruir tu empresa.
Hice una pausa.
—Voy a comprarla.
Su rostro quedó completamente vacío.
—Y después del divorcio, decidiré quién merece dirigirla.
Tomé mi bolso.
Antes de marcharme, miré a Olivia.
—Disfruta de tu embarazo.
Ella me observó con miedo.
—Porque dentro de unas semanas tendrás mucho más que explicar que una bofetada.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Sonreí ligeramente.
—Eso tendrás que preguntárselo a tu secretaria.
Salí del salón.
Pero antes de que las puertas se cerraran detrás de mí, escuché a Olivia gritar:
—¡Ethan, no me mires así! ¡Tú dijiste que el bebé era tuyo!
Me detuve.
Solo un segundo.
Después seguí caminando.
Porque acababa de comprender que los diez mil millones no eran el verdadero secreto.

El verdadero secreto estaba creciendo dentro de Olivia.
Y cuando descubrieran quién era realmente el padre…
el divorcio sería el menor de los problemas de Ethan.