PARTE 2: DEJÉ DE ESPERARLO

Tres días después, Gideon regresó a casa antes de lo habitual.

Encontró mis armarios casi vacíos.

Mi escritorio estaba limpio.

La lámpara que siempre dejaba encendida por él seguía apagada.

—¿Maribel?

Salí del dormitorio con una carpeta en la mano.

Gideon me miró desconcertado.

—¿Qué estás haciendo?

—Me voy.

Se quedó inmóvil.

—¿Adónde?

—A Puerto Aurora.

El nombre pareció golpearlo.

—¿Por qué?

Lo miré durante unos segundos.

—Porque allí está mi vida.

—Tu vida está aquí. Conmigo.

Negué lentamente.

—No, Gideon. Mi vida estaba aquí.

Él se acercó.

—¿Esto es por Celeste?

—No.

—Entonces explícame.

Respiré profundamente.

—Durante años pensé que si te amaba lo suficiente, algún día dejarías de hacerme sentir como una segunda opción.

Gideon bajó la mirada.

—Nunca fuiste una segunda opción.

Solté una pequeña risa.

—Eso es precisamente lo que siempre decías.

Sacó las manos de los bolsillos.

—Maribel, lo del alud fue una emergencia.

—Ya lo sé.

—Entonces, ¿por qué actúas como si hubiera querido abandonarte?

—Porque no importa lo que quisieras.

Lo miré directamente.

—Cuando llegó el momento de elegir, siempre elegiste a otra persona.

Su rostro perdió color.

—Eso no es justo.

—Quizá no.

Guardé la carpeta dentro de mi bolso.

—Pero ya no necesito que sea justo.

Gideon vio entonces el anillo de plata en mi mano.

Su expresión cambió.

—¿Quién te dio eso?

No respondí.

—Maribel.

—Un hombre que me salvó la vida.

El silencio se volvió pesado.

—¿Qué hombre?

—Rafael Voss.

Gideon frunció el ceño.

—¿El médico del puesto de Puerto Aurora?

Asentí.

—¿Estuviste con él?

—No.

Hice una pausa.

—Pero él me recordó algo que había olvidado.

—¿Qué?

Miré el anillo.

—Que todavía podía ser importante para alguien.

Gideon dio un paso atrás.

Por primera vez, parecía comprender que mi silencio no era una estrategia.

Era una despedida.

—¿Y nuestro matrimonio?

—Mi abogada ya está preparando la separación.

Su respiración se volvió irregular.

—¿Cuándo decidiste todo esto?

—El día que dejé de preguntarte dónde estabas.

Gideon se quedó completamente quieto.

Entonces comprendió.

No había dejado de preguntar porque confiara en él.

Había dejado de preguntar porque ya no esperaba respuestas.

Tomé mi maleta.

Antes de salir, él dijo:

—Maribel… ¿qué pasó realmente durante el alud?

Me detuve.

Por primera vez, vi miedo en sus ojos.

—Perdí algo que nunca podrás devolverme.

No expliqué más.

Abrí la puerta.

Pero antes de cruzarla, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Rafael.

“Ya tengo los registros de aquella operación de rescate. Hay algo que deberías saber sobre las órdenes que recibió Gideon aquel día.”

Leí el mensaje dos veces.

Levanté la mirada hacia mi marido.

Gideon seguía observándome.

Y entonces comprendí que quizá el alud no había sido el final de mi matrimonio.

Quizá había sido el comienzo de una verdad que alguien había intentado mantener enterrada.

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