PARTE 2: LA MUJER EN MI CAMA

Era Emma.

Estaba inconsciente.

No se había metido voluntariamente en mi cama.

Se había desplomado mientras cambiaba las sábanas y había caído de lado sobre el colchón.

—Emma.

Nada.

Le toqué la muñeca.

Pulso rápido.

—¡Luke!

Mi grito despertó media casa.

Cuando Luke entró armado, señaló a Emma.

—¿Qué demonios pasó?

—Llama a un médico.

El doctor llegó veinte minutos después.

Agotamiento severo.

Deshidratación.

Anemia que necesitaba evaluación.

Emma abrió los ojos mientras le colocaban una vía.

—Tengo que terminar el ala.

La miré incrédulo.

—Te desmayaste.

—Si ficho antes…

—Te pagaré el turno completo.

Intentó incorporarse.

—No quiero caridad.

—No es caridad.

Señalé mis sábanas.

—Todavía están sucias.

Por primera vez, Emma rio.

Un sonido pequeño.

Pero hizo que aquella habitación pareciera menos muerta.

Durante los días siguientes ordené reducir sus turnos sin reducirle el sueldo.

Emma se enfureció.

—No puedes arreglar todo con dinero.

—Hasta ahora ha funcionado bastante bien.

—Mírate.

Aquello me hizo callar.

Entonces ocurrió algo extraño.

Una mañana sentí calor en el pie derecho.

No dolor fantasma.

Calor.

El neurólogo realizó nuevas pruebas.

—No significa que volverá a caminar —advirtió—. Pero existe actividad neurológica que merece una reevaluación.

Dos años escuchando “nunca”.

Por primera vez alguien dijo “merece una reevaluación”.

Acepté fisioterapia nuevamente.

Solo puse una condición.

Emma debía estar presente.

—No soy terapeuta —protestó.

—Precisamente.

Cuando quería abandonar, ella no decía “puedes hacerlo”.

Decía:

—Si vas a tirar esa banda elástica, avísame para apartarme.

Odiaba admitirlo.

Funcionaba.

Tres semanas después, Luke entró en mi estudio con una carpeta.

—Tenemos un problema.

Había investigado el centro donde vivía la madre de Emma.

Las facturas médicas que estaban destruyéndola no tenían sentido.

Una fundación anónima pagaba parte del tratamiento.

El benefactor utilizaba una empresa llamada North Lake Charitable Trust.

Reconocí el nombre.

—Eso pertenece a mi familia.

Luke asintió.

North Lake había sido creado por mi padre antes de morir.

—¿Por qué financiaba a la madre de Emma?

Seguimos el rastro.

Encontramos pagos durante diecisiete años.

Mucho antes de mi accidente.

Mucho antes de que Emma entrara en mi casa.

Entonces apareció un nombre.

Margaret Carter.

La madre de Emma.

Y junto a él, una referencia:

Proyecto Hawthorne.

Sentí frío.

Hawthorne era el edificio donde me habían disparado.

El francotirador había esperado en el piso doce.

La policía nunca encontró quién pagó el ataque.

—Trae a Emma.

Cuando llegó, coloqué una fotografía antigua frente a ella.

Su rostro perdió el color.

—¿Conoces a este hombre?

Era mi padre.

Emma asintió lentamente.

—Mi mamá guardaba fotos suyas.

—¿Por qué?

—Nunca me lo explicó.

Entonces sacó algo de su bolso.

Una llave pequeña.

—Encontré esto entre sus cosas cuando la trasladaron al centro.

Tenía grabadas dos letras.

D.M.

Mis iniciales.

Daniel Moretti.

—¿Por qué nunca me la enseñaste?

Emma me miró.

—Porque hasta esta semana no sabía que tú eras ese Daniel.

Luke y yo intercambiamos una mirada.

La llave correspondía a una caja de seguridad.

Fuimos con los abogados adecuados y verificamos el acceso antes de tocar nada.

Dentro encontramos fotografías, recibos y una memoria cifrada.

Pero había algo más.

Un sobre escrito por Margaret.

PARA DANIEL MORETTI, SI ALGUNA VEZ EMMA ENTRA EN SU CASA.

Emma comenzó a temblar.

Abrí la carta.

La primera frase me dejó inmóvil.

Daniel, la bala que te dejó en esa silla no estaba destinada a ti.

Seguí leyendo.

El francotirador recibió una fotografía equivocada.

Debajo había dos imágenes tomadas frente al edificio Hawthorne.

En una aparecía yo.

En la otra, Luke.

Mismo traje oscuro.

Misma hora.

Mismo vehículo.

Levanté lentamente la mirada hacia mi segundo al mando.

Luke parecía haber olvidado cómo respirar.

—Danny…

Continué.

Tu padre descubrió quién ordenó el asesinato y me pagó para mantener a Emma lejos de ustedes.

Emma se llevó una mano a la boca.

La última línea estaba escrita con tinta distinta.

Más reciente.

Si Luke sigue vivo, no le digas que Emma es su hija.

El silencio cayó sobre la habitación.

Miré a Emma.

Después a Luke.

Veintiséis años.

La edad exacta.

Luke retrocedió como si lo hubieran golpeado.

Pero antes de que cualquiera pudiera hablar, Emma susurró:

—Hay algo imposible.

Nos volvimos hacia ella.

—Mi madre siempre dijo que mi padre murió antes de que yo naciera.

Sacó el teléfono.

Mostró una fotografía que había encontrado semanas atrás entre las pertenencias de Margaret.

Su madre aparecía embarazada.

A su lado estaba Luke.

Pero había un tercer hombre detrás de ellos.

El mismo hombre cuya muerte había convertido a Luke en mi segundo al mando.

Mi padre.

Y en el reverso de la fotografía Margaret había escrito:

LOS DOS SABEN QUIÉN ES EL PADRE. NINGUNO PUEDE DECÍRSELO A EMMA.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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