PARTE 2: LA ACCIONISTA MAYORITARIA

Malcolm me entregó el micrófono.

—Gracias.

No miré a Julian inmediatamente.

Primero miré a los empleados.

—Northstar no compró Aurelia para desmantelarla.

Algunos hombros se relajaron.

—Compramos porque creemos que esta empresa puede recuperarse.

Entonces añadí:

—Pero recuperación también significa responsabilidad.

Ahora sí miré a Julian.

Había perdido todo el color.

Camilla intentaba alejarse discretamente.

—Audrey —murmuró él cuando bajé del escenario—. Tenemos que hablar.

—Después.

—Soy tu esposo.

—Precisamente por eso esperé seis semanas antes de creer los informes.

Su expresión cambió.

Malcolm se acercó acompañado del asesor jurídico.

—Julian, el consejo necesita verte.

—¿Por qué?

El contador forense abrió una carpeta.

Durante dieciocho meses, Aurelia había pagado más de 3,7 millones de dólares a cuatro consultoras.

Todas habían sido aprobadas por Julian.

Dos no tenían empleados verificables.

Una compartía dirección postal con una empresa creada por Camilla.

Ella palideció.

—Yo no he robado nada.

—Nadie ha dicho eso —respondí—. Por eso habrá una investigación independiente.

Julian me agarró del brazo.

—¿Me investigaste?

Miré su mano.

Me soltó.

—Northstar investigó la empresa antes de invertir.

—¡Soy tu marido!

—Y hace diez minutos me llamaste esposa decorativa.

No tuvo respuesta.

El consejo suspendió temporalmente sus facultades ejecutivas mientras revisaba las operaciones.

Camilla también quedó apartada de autorizaciones financieras.

Yo regresé a casa sola.

No lloré por el matrimonio.

Todavía no.

Abrí mi joyero.

Los espacios vacíos de los pendientes me recordaron que aquello era personal además de empresarial.

A la mañana siguiente, Julian apareció.

—Camilla dice que tú preparaste todo.

—¿También dice que mis diamantes aparecieron solos en sus orejas?

Se quedó callado.

Entonces dejó una carpeta sobre la mesa.

—Hay algo que no sabes sobre Northstar.

Fruncí el ceño.

—La fundé yo.

—Pero no controlabas todo el capital utilizado para comprar Aurelia.

Eso era cierto.

Parte provenía del fideicomiso creado por mi madre.

Julian abrió un documento.

—Tu madre invirtió en Aurelia hace veintidós años.

Sentí un escalofrío.

—Imposible.

—Mira la firma.

Era de ella.

El acuerdo concedía derechos preferentes sobre determinadas acciones si Aurelia incumplía ciertas obligaciones financieras.

Esos derechos habían permitido a Northstar cerrar la adquisición mucho más rápido.

—¿Cómo conseguiste esto?

—Lo encontré hace meses.

—¿Y nunca me lo dijiste?

Julian apartó la mirada.

Ahí comprendí que la historia no comenzaba con Camilla.

—¿Qué estabas buscando?

Silencio.

—Julian.

Finalmente respondió:

—Documentos sobre tu madre.

Mi estómago se endureció.

—¿Por qué?

—Porque Camilla recibió una carta anónima.

Sacó una copia.

Solo había dos líneas.

AUDREY VANCE NO SABE POR QUÉ SU MADRE INVIRTIÓ EN AURELIA.

SI DESCUBRE LA VERDAD, NORTHSTAR TOMARÁ EL CONTROL.

La carta estaba fechada ocho meses atrás.

Mucho antes de la auditoría.

Mucho antes de que yo decidiera comprar Aurelia.

—¿Quién la envió?

—No sabemos.

—¿Nosotros?

Julian cerró los ojos.

—Camilla y yo.

Sentí que algo dentro de mí se congelaba.

Habían estado investigando mi familia a mis espaldas.

Entonces mi teléfono sonó.

Era Malcolm.

—Audrey, encontramos el propietario real de una de las consultoras.

Miré a Julian.

—¿Quién?

Malcolm tardó unos segundos.

—Tu padre.

Me quedé inmóvil.

Mi padre había muerto doce años antes.

—Eso no puede ser.

—Legalmente, la entidad está vinculada a un fideicomiso creado con su nombre.

Miré nuevamente la carta.

Mi madre había invertido secretamente en Aurelia.

Una empresa relacionada con mi padre había recibido dinero de Aurelia durante años.

Y mi esposo llevaba meses buscando documentos sobre ambos.

Entonces Malcolm añadió:

—Hay algo más.

El primer pago cuestionado no fue autorizado por Julian.

—¿Quién lo autorizó?

—Tu madre.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

—Mi madre murió hace seis años.

—Lo sé.

—¿De cuándo es el pago?

Malcolm respondió:

—De hace cuatro.

Miré a Julian.

Esta vez él parecía tan desconcertado como yo.

Alguien no solo estaba desviando dinero.

Alguien llevaba años utilizando las identidades financieras de mis padres muertos.

Y acababa de conseguir que yo comprara exactamente la empresa donde estaba escondido el rastro.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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