PARTE 2: La hija que nadie podía reconocer

El silencio duró varios segundos.

Renata fue la primera en reaccionar.

—Eso es imposible.

Su voz sonó quebrada.

—Mi madre murió cuando yo tenía cinco años. Nunca conocí a mi padre.

Guillermo abrió lentamente otra carpeta.

—Eso fue lo que le hicieron creer.

Sacó una fotografía antigua.

En ella aparecía un Mauricio muy joven, con apenas veinte años, abrazando a una mujer embarazada frente a una clínica de Zapopan.

La fecha estaba impresa en la esquina.

Veintinueve años atrás.

Mauricio dio un paso hacia la mesa.

—¿De dónde sacaste eso?

—Tu suegro contrató a un investigador hace ocho meses.

Guillermo dejó otra fotografía encima.

Esta vez era una copia del acta de nacimiento de Renata.

En el espacio destinado al padre aparecía una línea vacía.

Pero debajo había una anotación judicial realizada años después.

Solicitud de reconocimiento de paternidad.

Demandado: Mauricio Del Valle.

Procedimiento archivado por desistimiento.

Renata comenzó a respirar con dificultad.

—Mi madre… nunca me habló de eso.

Guillermo asintió.

—Porque recibió dinero para guardar silencio.

Todos giramos hacia Mauricio.

Él negó con la cabeza.

—Eso fue hace décadas.

—Era un error de juventud.

—Nunca pensé que…

—¿Nunca pensaste qué? —pregunté.

—¿Que algún día convertirías a tu propia hija en tu amante?

La habitación quedó completamente inmóvil.

Renata retrocedió como si acabaran de golpearla.

—No…

Miró a Mauricio.

—Dime que esto es mentira.

Él abrió la boca.

No salió ninguna palabra.

Ese silencio respondió por él.

Renata lanzó un grito desgarrador.

Comenzó a arrancarse desesperadamente el vestido azul.

El vestido que había pertenecido a mi padre.

El vestido que Mauricio le había regalado.

—¡No!

Las lágrimas borraron el maquillaje de su rostro.

—¡No sabíamos!

Se dejó caer de rodillas.

—¡Yo no sabía!

Guillermo volvió a encender la grabadora.

La voz de mi padre llenó nuevamente la biblioteca.

“Natalia, si estás escuchando esto, significa que ya descubriste la verdad.”

Respiré con dificultad.

“Encontré el expediente de Renata por casualidad cuando investigaba los desvíos de dinero.”

“Hice repetir las pruebas de ADN tres veces.”

“Esperé que Mauricio tuviera el valor de confesar.”

“No lo hizo.”

“En cambio, decidió traer a esa muchacha a tu casa y convertirla en su amante sin molestarse siquiera en averiguar quién era realmente.”

Mi estómago se revolvió.

Mi padre continuó.

“Pero eso no fue lo peor.”

Guillermo abrió el último sobre sellado.

Dentro había estados de cuenta, escrituras y contratos de compraventa.

—Durante los últimos cuatro años —explicó— Mauricio utilizó empresas administradas por Renata para desviar dinero del patrimonio familiar.

Pasó varias hojas.

—Más de cuarenta y siete millones de pesos.

Renata levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué?

—Las empresas están a tu nombre.

Ella comenzó a negar desesperadamente.

—Yo solo firmaba documentos porque él decía que eran campañas publicitarias.

Guillermo deslizó un contrato hacia ella.

—También firmaste la compra de una casa en Puerto Vallarta.

Renata miró la firma.

Las manos comenzaron a temblarle.

—Nunca leí nada…

Mauricio dio un paso atrás.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía realmente asustado.

Entonces sonó el timbre de la biblioteca.

Uno de los asistentes abrió la puerta.

Tres agentes de la Fiscalía Estatal entraron mostrando sus credenciales.

El primero habló con voz firme.

—¿Mauricio Del Valle?

Él no respondió.

—Queda formalmente detenido por presunto fraude, administración fraudulenta, lavado de dinero y falsificación de documentos relacionados con el patrimonio del señor Roberto Herrera.

Los agentes comenzaron a colocarle las esposas.

Mauricio giró desesperadamente hacia mí.

—¡Natalia, escúchame!

Lo observé unos segundos.

Después miré el vestido que Renata seguía sujetando entre las manos.

—Mi padre tenía razón.

Él frunció el ceño.

—¿Sobre qué?

Respiré hondo.

—La elegancia también puede ser una armadura.

—Y hoy entendí que la mejor venganza… era dejar que la verdad se vistiera sola.

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