—¿Su hija?
Sophie asintió.
—Pero él no lo sabía cuando me dejó quedarme allí.
Las puertas del ascensor se abrieron.
No salí.
—Explícate.
Sophie respiró profundamente.
Su madre, Rachel Miller, había muerto seis meses antes de que ella llegara al campus.
Entre sus pertenencias encontró cartas antiguas dirigidas a Adrian.
Nunca enviadas.
Y una fotografía de ambos cuando tenían diecinueve años.
—Mi madre escribió que él era mi padre.
Sentí que el enojo regresaba.
—Entonces Adrian te llevó a vivir con él.
—Porque yo no tenía dónde quedarme. Pero cuando intenté contarle la verdad, me pidió una prueba.
—¿Y la hicieron?
Sophie bajó la mirada.
—Sí.
Mi corazón golpeó con fuerza.
—¿Era su hija?
—No.
Me quedé inmóvil.
Aquello no tenía sentido.
—Entonces ¿por qué me dijiste que lo eras?
—Porque eso fue lo que todos debíamos creer.
Todos.
La palabra me heló.
Sophie abrió su bolso y sacó una carpeta envejecida.
—Usted dijo que aquella noche descubrió algo peor. Creo que encontró lo mismo que yo.
Dentro había registros del instituto donde Adrian trabajaba cinco años atrás.
Ensayos genéticos.
Transferencias bancarias.
Nombres de pacientes.
Y mi nombre.
ELENA BENNETT.
Sentí que me faltaba el aire.
Aquella era exactamente la razón por la que había desaparecido.
La noche antes de irme había encontrado un expediente en la oficina privada de Adrian.
Mi historial médico completo.
Muestras genéticas.
Incluso resultados de pruebas que yo jamás había autorizado.
—¿Quién hizo esto?
Sophie respondió:
—El padre de Adrian.
Doctor Charles Grant.
El hombre que había financiado el laboratorio original.
Según los documentos, durante años había utilizado muestras obtenidas de familiares y parejas de investigadores para un programa privado de selección genética.
Adrian había descubierto parte del proyecto poco antes de nuestra boda.
Sophie también aparecía allí.
—Por eso me escondió en su residencia —susurró—. Alguien estaba intentando encontrarme.
—¿Por qué?
Sophie abrió la última página.
Dos resultados de ADN.
El primero confirmaba que Adrian no era su padre.
El segundo identificaba una coincidencia familiar casi completa con otra persona incluida en el programa.
Yo.
Retrocedí.
—Eso es imposible.
—Mi madre no tuvo una aventura con Adrian.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—Trabajó para Charles Grant.
Entonces comprendí.
Sophie no había entrado en nuestra vida porque fuera hija de Adrian.
Había llegado buscando respuestas sobre mí.
Mi teléfono vibró.
Adrian.
No contesté.
Sophie me entregó una fotografía tomada poco después de su nacimiento.
Su madre sostenía a dos bebés.
Una era Sophie.
En la manta de la otra había un nombre bordado.
ELENA.
Sentí que el suelo desaparecía.
—Mi madre siempre dijo que el segundo bebé murió —susurró Sophie—. Pero antes de morir me confesó que era mentira.
Levanté lentamente la mirada.
—¿Qué estás diciendo?
—Que tú no eres Elena Bennett por nacimiento.
Las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse.
Sophie tomó mi mano.

—Y que probablemente yo no soy la hija secreta de Adrian.
Su voz se quebró.
—Soy tu hermana gemela.