Emily se cubrió la mano izquierda.
—Adrian me regaló este anillo —dijo.
Adrian la miró, desconcertado.
—Te regalé uno parecido.
—Es este —insistió ella.
Terminé de hablar con la policía y dejé el teléfono sobre la mesa. Todavía tenía el recibo de la joyería, las fotografías de la pieza y el documento en el que Adrian había autorizado a Emily a custodiar los anillos antes de la boda. Había pasado semanas pidiendo que se investigara la desaparición. Adrian no quiso escucharme.
—Hay una inscripción dentro —dije—. Una fecha y nuestras iniciales.
Emily cerró el puño.
Adrian extendió la mano hacia ella.
—Déjame verlo.
—¿Ahora dudas de mí? —preguntó, con lágrimas en los ojos.
Por primera vez, él no acudió a consolarla.
Cuando llegaron los agentes, les entregué los documentos y expliqué lo que sabía. Emily afirmó que Adrian le había dado el anillo. Adrian negó haberlo hecho. Nadie resolvió la disputa en aquella sala, pero ambos tuvieron que dar su versión por separado. Los empleados que aún quedaban allí observaron cómo la mujer a la que habían llamado mentirosa entregaba pruebas, mientras su director general no conseguía explicar cómo había llegado el anillo a la mano de su asistente.
A la mañana siguiente recibí un mensaje de la joyería: la inscripción coincidía con la del anillo que yo había comprado. Lo envié a los investigadores. También entregué a mi abogada los acuerdos de inversión y las actas que acreditaban mis acciones en SongTech.
Adrian apareció en mi oficina esa tarde.
—Podríamos arreglar esto sin convertirlo en un escándalo —dijo.
Miré la puerta abierta detrás de él. Durante años había bajado la voz cada vez que entraba, temiendo que una respuesta equivocada terminara en otro video recortado.
—Ya hiciste una transmisión para desacreditarme —respondí—. Ahora la empresa necesita una explicación completa.
—Clara, no sabía que ella tenía tu anillo.
Quizá era verdad. No cambiaba lo que él había hecho mientras yo trataba de encontrarlo.
—Tampoco sabías nada cuando me pediste que firmara mis acciones —dije—. Pero estabas dispuesto a quitármelas.
No tuvo respuesta.
En las semanas siguientes, una revisión independiente examinó el manejo de bienes y documentos bajo custodia de la dirección. Emily dejó su puesto. Adrian se apartó temporalmente de la gestión mientras los inversionistas evaluaban sus decisiones. Yo conservé mis participaciones y volví a trabajar directamente con los equipos a los que él había enseñado a ignorarme.
Recuperé el anillo después de que terminaron de examinarlo. Al verlo sobre mi escritorio, pensé en la boda que había intentado salvar y en la mujer que yo era cuando creía que debía salvarla sola.
Lo guardé en su caja. Aún no sabía qué haría con él.
Al salir de la oficina, una compañera del equipo de producto me alcanzó en el pasillo.
—Clara, tenemos la presentación del nuevo proyecto mañana. ¿Vendrás?
—Sí —dije.
Me entregó una copia del plan. Mi nombre estaba junto al suyo en la primera página, donde siempre debió estar.