PARTE 2: LA DIRECTORA REVELÓ EL VERDADERO RESPONSABLE

Tomé el expediente y caminé hasta el último piso del St. Gabriel Medical Center.

La oficina de la directora Margaret Collins ocupaba toda una esquina del edificio. Las paredes de cristal dejaban ver la ciudad, pero las persianas estaban medio cerradas.

Cuando entré, Richard Hale ya estaba allí.

Tenía el rostro tenso.

Megan Carter permanecía sentada a un lado de la mesa con los brazos cruzados, evitando mirarme.

La directora no me invitó a sentarme.

Solo deslizó una carpeta hacia el centro del escritorio.

—Doctora Dawson, anoche el padre del senador Whitmore sobrevivió.

Asentí.

—Lo sé.

—Fue trasladado al Hospital St. Vincent.

—También lo sé.

Richard golpeó la mesa.

—¡Y sobrevivió por pura suerte! Si hubiera muerto, este hospital estaría acabado.

Lo miré con tranquilidad.

—No murió.

La directora levantó una mano para hacerlo callar.

Luego abrió la carpeta.

—Antes de seguir, quiero que todos escuchen una grabación.

Presionó un botón.

La voz de Richard llenó la oficina.

—Emily siempre termina haciéndolo todo. No hace falta contratar otro cirujano. Ella nunca dice que no.

Después otra grabación.

—¿Subirle el bono? No. Si le damos demasiado, luego todos pedirán lo mismo.

Otra más.

—Denle el dinero a Megan. Ella sabe vender la imagen del hospital. Emily opera porque le gusta. No se va a ir.

El silencio se volvió insoportable.

Richard palideció.

—Eso… eso está sacado de contexto.

La directora cerró la carpeta lentamente.

—No. Está completo.

Giró otra hoja.

—Durante los últimos cinco años, la doctora Dawson realizó un promedio de setecientas cuarenta horas extra anuales.

Levantó otra página.

—Además cubrió ciento treinta y siete guardias que no le correspondían.

Otra hoja.

—Y participó en el ochenta y dos por ciento de las cirugías cardiovasculares de alta complejidad del hospital.

Megan comenzó a ponerse nerviosa.

La directora la miró.

—Señora Carter, ¿quiere explicar por qué recibió un bono diez veces mayor que la persona que sostuvo este departamento?

Megan tragó saliva.

—Yo… dirigí el programa de satisfacción del paciente.

La directora deslizó otra hoja.

—Ese programa perdió dinero.

Otra.

—Las encuestas bajaron.

Otra.

—Y aun así usted recibió ochenta mil dólares.

Nadie habló.

Entonces Margaret Collins me miró directamente.

—Doctora Dawson… ¿sabe quién autorizó personalmente esa distribución de bonos?

Giré la cabeza hacia Richard.

Él evitó mi mirada.

La directora respondió antes de que pudiera hacerlo.

—No fue el consejo.

Tampoco Recursos Humanos.

Fue el doctor Richard Hale.

La oficina quedó completamente en silencio.

Richard respiraba cada vez más rápido.

—Era mi decisión como jefe del departamento.

—No exactamente —respondió la directora.

Sacó un último documento.

—Porque para aprobar ese presupuesto usted falsificó varios informes de rendimiento.

Richard se puso de pie de golpe.

—¡Eso es absurdo!

La directora pulsó el teléfono interno.

—Seguridad, pueden pasar.

Dos agentes de seguridad entraron inmediatamente.

Richard dio un paso hacia atrás.

—¿Qué significa esto?

—Que desde esta mañana está suspendido de todas sus funciones mientras se investiga una posible manipulación de fondos, abuso de autoridad y falsificación de documentación interna.

Megan se quedó completamente inmóvil.

Nunca imaginó que el hombre que siempre parecía intocable sería escoltado fuera de su propia oficina.

Richard volvió a mirarme.

Había rabia.

Pero también miedo.

Mucho miedo.

—¿Todo esto fue idea tuya?

Negué con calma.

—No.

Hice exactamente lo mismo que durante los últimos treinta años.

Cumplí mi trabajo.

Solo dejé de hacer el tuyo.

Los guardias lo sujetaron por los brazos.

Mientras lo llevaban hacia la puerta, lanzó una última amenaza.

—¡Te vas a arrepentir, Emily!

La directora esperó a que desapareciera por el pasillo.

Después se volvió hacia mí.

—Hay algo más que debe saber.

Abrió el expediente del padre del senador Whitmore.

En la última página había una carta firmada por el propio senador.

La leí lentamente.

Al terminar, levanté la vista.

—¿Habla en serio?

Margaret Collins asintió.

—Después de lo ocurrido anoche, el senador quiere comprar una participación mayoritaria del hospital.

Hizo una breve pausa.

—Y ha puesto una única condición.

Que usted sea quien decida quién dirigirá el Departamento de Cirugía a partir de ahora.

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