Ethan se quedó inmóvil.
Adrian Cole avanzó hacia nosotros con la misma serenidad con la que dirigía reuniones capaces de mover millones.
Se detuvo a mi lado.
Luego tomó mi mano.
—¿Tu esposa? —repitió Ethan.
Adrian entrelazó sus dedos con los míos.
—Desde hace dos años.
Por primera vez aquella noche, Ethan perdió completamente su sonrisa.
—Eso es imposible.
—¿Por qué? —pregunté.
Sus ojos se clavaron en mí.
—Porque tú…
Se detuvo.
Sabía perfectamente qué iba a decir.
Porque yo había sido suya.
Porque había asumido que ningún hombre querría casarse conmigo después.
Adrian también percibió aquel silencio.
—Termina la frase.
Ethan apretó la mandíbula.
—¿Por qué nadie me lo dijo?
—Porque desapareciste cuatro años —respondió Adrian—. La familia no detuvo su vida para esperarte.
Un coche se detuvo frente a nosotros.
Pero Ethan me sujetó de la muñeca antes de que pudiera marcharme.
—Grace, tenemos que hablar.
Adrian bajó la mirada hacia su mano.
—Suéltala.
Dos palabras.
Ethan obedeció.
Ya dentro del automóvil, pregunté:
—¿Tu madre sabía que él pensaba pedirme matrimonio otra vez?
—Sí.
—¿Y no se lo dijo?
Adrian permaneció en silencio demasiado tiempo.
—Grace, hay algo más que debes saber.
Sacó una carpeta.
Dentro estaba el antiguo acuerdo de compromiso entre las familias Turner y Cole.
Pero el nombre de Ethan aparecía tachado.
Debajo estaba escrito el de Adrian.
La modificación tenía fecha de cuatro años atrás.
Tres días después de que Ethan huyera a Beijing.
—¿Qué significa esto?
—Mi padre descubrió por qué Ethan se marchó.
Pasé la página.
Había transferencias bancarias realizadas a Lena Lin durante aquellos años.
Pero el dinero no provenía de Ethan.
Provenía de una cuenta controlada por la familia Turner.
Mi familia.
Sentí frío.
—¿Quién autorizó esto?
Adrian señaló la firma.
Era de mi padre.
—Tu padre pagó los estudios de Lena.
No podía respirar.
—¿Por qué?
—Porque quería que Ethan permaneciera lejos de Hong Kong.
Lo miré.
—Mi padre me vio destruida durante meses.
—Lo sé.
Adrian tomó mi mano.
—Por eso nunca creí que lo hubiera hecho para protegerte.
Antes de que pudiera preguntar, su teléfono sonó.
Era Margaret.
Adrian respondió.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Escuchó durante varios segundos.
Luego me miró.
—Ethan encontró el antiguo expediente de tu compromiso.
—¿Y?
—También encontró una carta que tu padre escribió antes de morir.
Mi corazón golpeó con fuerza.
—¿Qué decía?
Adrian no respondió.
Me mostró una fotografía que Margaret acababa de enviar.
La carta estaba abierta sobre un escritorio.
Solo alcancé a leer las últimas líneas:
“Ethan nunca huyó únicamente por Lena. Yo le pagué para que abandonara a Grace.”
Debajo aparecía otra frase.
“Adrian jamás debe descubrir por qué necesitaba que su hermano renunciara a ella.”
Miré a mi esposo.
Adrian estaba tan pálido como yo.
Entonces llegó un mensaje de Ethan.
No para mí.
Para Adrian.
“Hermano, antes de seguir llamándola tu esposa, pregúntale a papá por qué Grace tenía que casarse con uno de nosotros.”
