El domingo llegó y no mencioné a Chloe.
Me puse el vestido azul que Liam siempre decía que le encantaba y llevé a Hailey a casa de mis padres antes de la cena.
Cuando llegamos al restaurante, nuestras familias ya estaban esperando.
Liam me tomó de la cintura.
—Feliz aniversario, amor.
Sonreí.
—Feliz aniversario.
Él creyó que había ganado.
Durante el primer plato, su madre brindó por nosotros.
Durante el segundo, Liam habló de nuestros “mejores años por venir”.
Casi admiré su capacidad para mentir.
Entonces apareció el postre.
Liam tomó mi mano sobre la mesa.
—Claire, sé que últimamente he estado trabajando demasiado.
Lo miré tranquilamente.
—Lo sé.
—Pero quiero que recuerdes que todo lo hago por nuestra familia.
Mi padre dejó lentamente el tenedor.
Yo retiré mi mano.
—Qué curioso.
Liam frunció el ceño.
—¿Qué?
Saqué una carpeta del bolso.
—Porque Chloe cree que lo haces por ella.
El rostro de Liam quedó completamente vacío.
Su madre susurró:
—¿Quién es Chloe?
No respondí.
Coloqué impresiones de los mensajes frente a Liam.
Seis días más.
Después del aniversario la dejo.
Entonces podremos empezar nuestra vida.
Su hermana se llevó una mano a la boca.
—Claire…
Liam palideció.
—Entraste en mis mensajes privados.
—Tu vieja tableta seguía conectada a nuestra red y mostró conversaciones de una cuenta que dejaste abierta.
Él abrió la boca.
—Puedo explicarlo.
—No necesito explicaciones esta noche.
Saqué otro documento.
—Necesito tu firma confirmando que recibiste la propuesta de divorcio.
La sonrisa desapareció definitivamente de su rostro.
—¿Divorcio?
—Era lo que querías el lunes.
—Estaba enfadado cuando escribí eso.
—Durante ocho meses.
Nadie habló.
Entonces su teléfono vibró.
Liam lo miró.
Yo también.
CHLOE.
—Contesta —dije.
—Claire…
—Contesta.
Finalmente lo hizo.
Puso el teléfono en altavoz.
—Liam, ¿ya se lo dijiste?
Él cerró los ojos.
—Chloe, ahora no.
Ella guardó silencio.
Luego preguntó:
—¿Está Claire contigo?
—Sí.
Su voz cambió.
—Entonces dile la verdad sobre Prescott.
Fruncí el ceño.
—¿Prescott qué?
Liam terminó la llamada.
Demasiado tarde.
Mi abogado había encontrado ese nombre dos días antes.
Prescott Ventures.
Una empresa privada donde Liam había transferido casi ciento ochenta mil dólares durante nuestro matrimonio.
Él aseguraba que eran inversiones.
Pero Chloe figuraba como directora administrativa.
—¿Usaste dinero matrimonial para financiar su empresa?
—No es su empresa.
—Entonces ¿de quién?
Liam miró a su padre.
Aquello fue suficiente para que toda la mesa quedara en silencio.
Su padre, Robert, palideció.
—No me metas en esto.
Mi suegra lo miró.
—Robert, ¿qué está pasando?
Yo todavía tenía una carta más.
Nathan la había recibido aquella mañana.
Prescott Ventures había solicitado financiación utilizando como respaldo potencial una participación privada vinculada a mi nombre.
La misma participación que heredé de mi abuelo.
La solicitud no había sido aprobada.
Pero alguien sabía de mi herencia.
Alguien que no debía saberlo.
—Liam —dije—, ¿cómo descubriste lo de mi participación?
Él me miró genuinamente confundido.
—¿Qué participación?
Aquella reacción no parecía preparada.
Entonces Robert se levantó.
—Esta conversación terminó.
Mi padre bloqueó tranquilamente su camino.
—Siéntate.
Robert no lo hizo.
Sacó el teléfono.
Pero antes de llamar a nadie, mi madre habló.
—Claire, creo que necesitas saber algo sobre tu abuelo.
La miré.
—¿Qué?
—Él conocía a Robert.
Sentí que el estómago se me cerraba.
Mi madre continuó.
—Fueron socios hace veintisiete años.
Liam me miró.
Él tampoco parecía saberlo.
Entonces Nathan me envió un mensaje.
Había terminado de revisar los documentos corporativos de Prescott Ventures.
Abrí el archivo.
Chloe no era la propietaria.
Liam tampoco.
Robert figuraba como administrador.
Pero el beneficiario económico aparecía bajo un fideicomiso creado décadas atrás.
Leí el nombre dos veces.
Claire Morgan Family Trust.
Mi propio nombre.
—Esto es imposible.
Robert cerró los ojos.
—No, Claire.
Todos lo miramos.
Su voz bajó.
—Tu abuelo creó Prescott Ventures para ti.
Liam se puso de pie.
—Papá, ¿de qué demonios estás hablando?
Robert me miró directamente.
—Liam no te conoció por casualidad.
El aire desapareció de la habitación.
Entonces comprendí que la aventura seguía siendo real.
Las mentiras seguían siendo reales.
Pero Chloe quizá no era el secreto más antiguo de mi matrimonio.
Porque alguien había organizado una conexión entre nuestras familias mucho antes de que Liam y yo nos enamoráramos.
Y mientras todos mirábamos a Robert, mi teléfono recibió un último mensaje de Chloe.
CLAIRE, NO CONFÍES EN ROBERT. LIAM NO SABE POR QUÉ REALMENTE SE CASÓ CONTIGO.
CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…
