PARTE 2: LA APUESTA TERMINÓ

Marcus se detuvo frente a Vanessa.

No levantó la voz.

—¿Desde cuándo?

Vanessa palideció.

—Marcus, puedo explicarlo.

—¿Desde cuándo?

Ethan intentó intervenir.

—Tranquilo. Podemos hablar como adultos.

Marcus lo ignoró.

Entonces miró hacia mí.

—Natalie, ¿es verdad?

Asentí.

—Todos ellos lo sabían.

Señalé la habitación donde nuestros amigos habían estado riéndose minutos antes.

—Incluso apostaban sobre si yo tendría valor para divorciarme.

Las risas desaparecieron.

Vanessa comenzó a llorar.

—Fue un error.

—¿Un error durante años? —pregunté.

Ethan me tomó del brazo.

—Natalie, vámonos.

Me aparté.

—No me toques.

Por primera vez, dejó de sonreír.

Saqué del bolso un sobre.

Dentro estaban las fotografías, mensajes y movimientos financieros que había recopilado desde que comenzaron mis sospechas.

Lo puse en manos de Marcus.

—Tu esposa y mi esposo no solo nos engañaron.

Marcus abrió los documentos.

Su expresión cambió.

Ethan dio un paso hacia nosotros.

—¿Qué tienes ahí?

—Pruebas de que llevas meses pagando el apartamento de Vanessa con dinero de nuestra cuenta.

Vanessa miró a Ethan.

—Me dijiste que Natalie nunca revisaba las cuentas.

Silencio.

Ahí terminó su alianza.

Marcus guardó los documentos.

—Mi abogado recibirá copias mañana.

Ethan se volvió hacia mí.

—¿Tu abogado?

—El mío también.

Su rostro perdió el color.

—Natalie, tú no vas a divorciarte.

—Ya presenté los documentos esta mañana.

Ethan quedó inmóvil.

Entonces comprendió algo todavía peor.

Yo nunca había llamado a Marcus para provocar una pelea.

Lo había llamado para conseguir un testigo.

Y había enviado todas las pruebas a dos abogados antes de que él llegara.

—Pero no tienes nada sin mí —murmuró Ethan.

Sonreí.

—Eso también lo calculaste mal.

Mi padre había fundado la compañía donde Ethan ocupaba el cargo de director ejecutivo.

Tras retirarse, conservó suficientes acciones y votos en el consejo para decidir quién seguía administrándola.

Saqué el teléfono.

Solo necesité una llamada.

—Papá, ya terminé.

Silencio.

—Convoca al consejo.

Ethan se quedó blanco.

—Natalie…

Colgué.

—¿Recuerdas la apuesta?

Tomé mi abrigo.

—Tenías razón en una cosa. Durante demasiado tiempo fui demasiado débil para marcharme.

Caminé hacia la salida.

—Pero apostaste demasiado confiado a que seguiría siéndolo.

A la mañana siguiente, Ethan recibió dos documentos.

El primero era la demanda de divorcio.

El segundo, la convocatoria extraordinaria del consejo para votar su destitución.

Vanessa perdió a su marido.

Ethan perdió su matrimonio y el puesto que había usado para sentirse intocable.

Y aquellos amigos que se habían reído de mí comenzaron a llamarme para explicar que “solo estaban siguiendo la broma”.

Bloqueé cada número.

Porque aquella noche no destruí sus vidas.

Simplemente dejé de protegerlos de las consecuencias de sus propias decisiones.

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