La sirena cortó el aire con un sonido metálico que hizo girar la cabeza de todos los que estaban en el patio de la base.
Durante un segundo, nadie entendió qué ocurría.
Los infantes de Marina comenzaron a salir apresuradamente de las oficinas mientras las radios crepitaban con órdenes.
—¿Qué pasó?
—¿Hay una evacuación?
—¿Es un simulacro?
Valeria observó el edificio desde el interior del automóvil sin mover un solo músculo.
Mateo, ajeno a todo, sostenía aún el dibujo que había preparado para su padre.
—¿Mamá… papá ya salió?
Ella acarició su cabello.
—Todavía no, mi amor.
En el segundo piso apareció Adrián.
Su expresión ya no era relajada.
Corría por el pasillo acompañado por Renata, que hablaba por teléfono con evidente desesperación.
Apenas unos segundos después, el celular de Valeria vibró.
Era su hermano.
—Ya confirmé lo que me pediste.
—¿Qué encontraste?
—Renata Olvera no solo trabaja con la Marina.
Valeria guardó silencio.
—Su empresa depende casi por completo de una sola inversionista.
Valeria ya conocía la respuesta.
Aun así preguntó:
—¿Quién?
—Tú.
El silencio dentro del automóvil fue absoluto.
—¿Cómo?
—Hace cuatro años, cuando ella presentó aquella empresa tecnológica, ningún banco quiso financiarla. Tú autorizaste que el fondo de inversión de papá comprara el sesenta por ciento de las acciones mediante un fideicomiso. Lo hiciste porque Adrián insistió en que era un proyecto estratégico para el país.
Valeria cerró lentamente los ojos.
Ahora todas las piezas encajaban.
Había sido Adrián quien insistió.
Había sido él quien presentó a Renata.
Había sido él quien convenció a todos de invertir.
Y mientras ella financiaba aquel crecimiento…
Ellos mantenían una relación.
—¿Renata lo sabe?
—Eso es lo interesante.
Su hermano soltó una risa incrédula.
—Creo que no.
—¿Por qué?
—Porque todas las participaciones aparecen registradas bajo el grupo familiar Vargas. Tu nombre nunca figura directamente.
Valeria apoyó la frente sobre el volante durante un instante.
No por tristeza.
Sino porque comprendía la magnitud de la mentira.
Renata llevaba años viviendo gracias al dinero de la esposa del hombre con quien la engañaba.
En ese momento volvió a sonar el teléfono.
Esta vez era el director financiero del Grupo Vargas.
—Señora Valeria.
—Lo escucho.
—Recibimos la instrucción del ingeniero Daniel Vargas.
—Proceda.
—¿Confirma que debemos suspender inmediatamente todas las líneas de crédito, garantías bancarias y pagos pendientes relacionados con Olvera Technologies?
Valeria miró nuevamente el edificio.
Desde la ventana podía ver a Adrián hablando con evidente nerviosismo.
Renata caminaba de un lado a otro mientras seguía haciendo llamadas.
—Confírmelo.
—Entendido.
—Y una cosa más.
—Sí, señora.
—Que ningún contrato vuelva a firmarse sin una auditoría completa.
—Así será.
La llamada terminó.
Menos de un minuto después, el teléfono de Renata sonó.
Contestó sonriendo.
Cinco segundos después, la sonrisa desapareció.
—¿Cómo que congelaron los pagos?
Escuchó en silencio.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué significa que cancelaron la línea de financiamiento?
Volvió a guardar silencio.
Luego miró desesperadamente a Adrián.
—¡No pueden hacer eso!
Adrián tomó el teléfono.
—Habla el capitán Cárdenas.
La respuesta duró apenas unos segundos.
Cuando colgó, parecía haber envejecido diez años.
Renata lo sujetó del brazo.
—¿Qué dijeron?
Él tragó saliva.
—Que la decisión viene del accionista mayoritario.
—¿Quién es?
Adrián negó lentamente con la cabeza.
—No lo sé.
Desde el automóvil, Valeria observó la escena sin apartar la vista.
Su hermano volvió a llamar.
—Hay algo más.
—Dime.
—No solo cancelamos el financiamiento.
—¿Qué hiciste?
—Revisamos todos los contratos adjudicados por Olvera Technologies durante los últimos tres años.
Valeria sintió un presentimiento incómodo.
—¿Y?
—Hay irregularidades suficientes para abrir una investigación.
Ella permaneció en silencio.
—Vale…
—Sí.
—Creo que Adrián tiene un problema mucho más grande que un divorcio.
En ese instante, tres camionetas oficiales entraron en la base.
No llevaban sirenas.
Pero todos reconocieron los emblemas.
Personal de la Unidad de Inspección y Control descendió acompañado por auditores y personal jurídico.
Los oficiales comenzaron a dirigirse directamente hacia el edificio administrativo.
Adrián los vio acercarse.
Renata también.
Ambos intercambiaron una mirada cargada de miedo.

Era la primera vez desde que Valeria los había descubierto que dejaban de preocuparse por ser amantes.
Ahora empezaban a preocuparse por todo lo demás.
Y cuando uno de los inspectores levantó una carpeta con el nombre “Olvera Technologies” impreso en la portada, Adrián comprendió que aquella mañana no solo acababa de perder a su familia.
También estaba a punto de responder por decisiones que jamás imaginó que alguien descubriría.