PARTE 2: EL VERDADERO ADN

La madrugada fue eterna.

Mientras los médicos calentaban poco a poco el cuerpo de Regina en la unidad neonatal y Mariana recibía tratamiento por hipotermia, Emiliano permaneció sentado frente al ventanal del Hospital Militar sin quitarse el uniforme.

Tenía el teléfono entre las manos.

Y una sola pregunta.

¿Quién había fabricado aquella prueba de ADN?

A las cuatro de la mañana apareció el doctor Aldo Herrera.

—Capitán.

Emiliano se levantó de inmediato.

—¿Cómo están?

—Fuera de peligro.

Por primera vez desde que llegó, Emiliano respiró.

El médico le entregó una carpeta blanca.

—Su esposa insistió en que le diera esto cuando despertara.

Dentro había un sobre transparente.

Y una copia de la supuesta prueba de ADN que doña Amparo había mostrado frente a toda la familia.

Emiliano la observó apenas unos segundos.

Después frunció el ceño.

Había trabajado varios años colaborando con unidades de investigación militar.

Sabía leer documentos.

Y aquel tenía demasiados errores.

El logotipo del laboratorio estaba desactualizado.

La firma del químico responsable era una copia escaneada.

Y el número de expediente aparecía incompleto.

Sacó el celular.

Marcó directamente al laboratorio.

Contestó una recepcionista.

—Buenos días.

—Necesito verificar un expediente.

Leyó el número.

Hubo unos segundos de silencio.

—Señor…

—Sí.

—Ese expediente no existe.

Emiliano cerró lentamente los ojos.

—¿Está segura?

—Completamente.

Además…

Tecleó otra vez.

—El formato que usted describe dejó de utilizarse hace más de tres años.

Emiliano colgó sin decir una palabra.

Ya no tenía dudas.

La prueba era falsa.

Pero todavía faltaba responder quién la había fabricado.

Entonces recordó algo.

Antes de salir de Saltillo, el laboratorio militar donde él realizaba revisiones médicas obligatorias había terminado un estudio genético preventivo para todo el personal desplegado.

Sacó otra carpeta de su mochila.

La había recogido esa misma tarde y aún no la había abierto.

En la portada decía:

Resultados confidenciales.

La abrió.

La primera hoja era su perfil genético.

La segunda…

Una prueba de compatibilidad solicitada automáticamente tras el nacimiento de Regina para actualizar los registros médicos familiares.

Emiliano leyó la conclusión.

Después volvió a leerla.

Y una tercera vez.

La probabilidad de paternidad era superior al noventa y nueve punto noventa y nueve por ciento.

Regina era su hija.

Sin ninguna duda.

Pero había otra hoja.

Una observación adicional.

“Se detecta incompatibilidad genética entre el capitán Emiliano Rivas y uno de los perfiles familiares previamente registrados en la base histórica.”

Emiliano frunció el ceño.

¿Perfil familiar?

Pidió hablar con el genetista de guardia.

Media hora después, el especialista llegó con otra carpeta.

—Capitán…

Se sentó frente a él.

—No sé si alguien ya le explicó cómo funciona nuestra base de datos.

—No.

—Hace años su padre participó en un programa médico para personal retirado.

Su perfil quedó almacenado.

Emiliano sintió un escalofrío.

—¿Y?

El médico respiró profundamente.

—Al comparar los registros encontramos algo que no buscábamos.

Abrió la pantalla de la computadora.

Dos perfiles aparecieron uno junto al otro.

—Usted es hijo biológico de su madre.

Eso era evidente.

Luego señaló el otro resultado.

—Pero el hombre registrado como su padre…

Guardó silencio un instante.

—No comparte compatibilidad genética suficiente con usted.

Emiliano dejó de respirar.

—¿Qué está diciendo?

—Que el señor Ricardo Rivas no es su padre biológico.

El mundo pareció detenerse.

En ese mismo instante sonó su teléfono.

Era Darío.

Su hermano.

Contestó.

—¿Qué quieres?

Darío habló con arrogancia.

—Mamá dice que no se te ocurra volver a esa casa con esa mujer.

Emiliano observó lentamente el informe que seguía abierto sobre la mesa.

Después respondió con una calma que hizo temblar incluso al otro lado de la línea.

—No te preocupes.

Hubo un breve silencio.

—Ya no pienso volver como hijo.

Darío soltó una risa burlona.

—¿Y ahora de qué hablas?

Emiliano miró una vez más el documento.

—Del verdadero ADN.

Colgó.

Comprendió entonces que la prueba falsa contra Mariana nunca había tenido como único objetivo destruir su matrimonio.

Había servido para impedir que alguien empezara a hacer preguntas sobre un secreto mucho más antiguo.

Un secreto que llevaba más de treinta años escondido dentro de la familia Rivas.

Y que estaba a punto de destruirlos a todos.

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