PARTE 2: AHORA ERA ÉL QUIEN NO QUERÍA QUE ME FUERA

Ethan tardó varios segundos en reaccionar.

—¿Quieres divorciarte por algo que dije borracho?

—No.

Tomé mi bolso.

—Me divorcio porque después de cinco años entendí que nunca fui la mujer que querías.

Su rostro se endureció.

—Clara desapareció hace años.

—Pero nunca desapareció de ti.

Ethan agarró el acuerdo.

—No voy a firmar.

—Entonces mi abogada presentará la demanda.

A la mañana siguiente llegaron los trabajadores de la mudanza.

Cuando bajé con mi última maleta, Ethan estaba frente a la puerta.

Parecía no haber dormido.

—Amelia, quédate.

Era extraño.

Durante años jamás me había pedido que me quedara.

Ahora que realmente me marchaba, parecía aterrorizado.

—Te equivocaste —dijo—. Lo de Clara no significa lo que crees.

—Ya no necesito saber qué significa.

Dejé las llaves sobre la mesa.

—Adiós, Ethan.

Tres días después estaba en Chicago.

Nuevo apartamento.

Nuevo trabajo.

Nuevo número.

Lo bloqueé de todas partes.

Durante un mes no supe nada de él.

Hasta que una tarde mi jefe entró corriendo.

—Amelia… hay alguien preguntando por ti.

Pensé que sería Ethan.

Pero cuando salí, encontré a una mujer elegante con una maleta junto a sus pies.

—¿Amelia?

—Sí.

Extendió la mano.

—Soy Clara Whitman.

Sentí que el mundo se detenía.

Ella respiró profundamente.

—Creo que Ethan nunca te contó la verdad sobre mí.

Sacó una fotografía antigua.

En ella aparecían Clara, Ethan…

y yo.

Mucho antes de que, según mis recuerdos, hubiera conocido a mi esposo.

—Ethan no me buscó durante cuatro años porque estuviera enamorado de mí —dijo Clara.

Me entregó la fotografía.

—Me buscaba porque yo era la única persona que sabía lo que te ocurrió aquella noche.

Miré mi propio rostro en la imagen.

Entonces comprendí que mi matrimonio escondía un secreto mucho más grande que un amor perdido.

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