Mi padre llegó quince minutos después.
Le mostré las fotografías, el informe de embarazo y el registro de la habitación.
Después saqué el documento que Adrian esperaba que firmara tras la ceremonia.
Era la autorización para transferir a su empresa los derechos de un terreno heredado de mi abuelo.
Valor estimado: dieciocho millones de yuanes.
Mi padre lo leyó y comprendió todo.
—¿Quieres cancelar la boda?
Negué.
—Quiero llegar hasta el altar.
Cuarenta minutos después comenzó la ceremonia.
Adrian sonreía.
Vanessa lloraba en primera fila como la “mejor amiga emocionada”.
Cuando llegó el momento de intercambiar votos, levanté la mano.
—Antes quiero mostrar algo.
La pantalla detrás del altar se encendió.
Habitación 1808.
Adrian entrando.
Vanessa llegando minutos después.
Los invitados quedaron en silencio.
Vanessa perdió el color.
Entonces apareció la fotografía de la prueba de embarazo.
Adrian dio un paso hacia mí.
—Claire, puedo explicarlo.
—Perfecto. Explícalo delante de todos.
Vanessa empezó a llorar.
—Fue un error…
—Siete semanas no parecen un error de una noche.
Me quité el velo.
Después rompí frente a Adrian el documento de los dieciocho millones.
Su expresión cambió de inmediato.
—¡Claire! ¡Ese acuerdo era fundamental para la empresa!
Sonreí.
Ahí estaba la verdad.
No gritó por perderme.
Gritó por perder el dinero.
Le entregué el anillo.
—Entonces cásate con Vanessa.
Miré su vientre.
—Parece que ella ya trajo su regalo de bodas.
Tomé la mano de mi madre y abandoné el salón.
Detrás de mí, Adrian seguía llamándome.
No volví la cabeza.
Siete años de relación terminaron aquel día.
Quince años de amistad también.

Pero los dieciocho millones siguieron siendo míos.
Y Adrian descubrió demasiado tarde que la mujer a la que pensaba traicionar después de conseguir su firma…
había dejado de ser su novia antes de llegar al altar.