Dom regresó con una tableta en las manos. Alessandro no apartó los ojos de Greta.
—Ponlo en la pantalla.
El video mostró la galería vacía. Greta entró sola, miró a ambos lados y abrió la vitrina del reloj. Después lo envolvió en un pañuelo y salió en dirección al pasillo de servicio.
Nadie dijo una palabra.
—Eso no prueba que lo metiera en el casillero de Nora —protestó Greta—. Pudo haberlo encontrado allí.
Alessandro señaló la pantalla.
—Revisa la cámara del pasillo.
Dom cambió de archivo. La imagen apareció desde otro ángulo: Greta abrió mi casillero, colocó el reloj dentro y cerró la puerta. Luego se quedó un momento frente a él, sonriendo.
Mia se aferró a mi cuello. El conejo roto crujió entre sus dedos.
—¿Fue ella quien te lo rompió? —le susurré.
Mi hija asintió sin levantar la mirada.
Greta intentó avanzar hacia la salida. Dos hombres de Dom se interpusieron.
—Nadie se mueve —ordenó Alessandro.
Entonces Mia bajó de mis brazos y caminó hasta él. Le tendió el conejo, como si necesitara que lo viera.
—Lo llamaste tío —dije, confundida—. ¿Por qué?
Alessandro miró el juguete. En una costura descosida asomaba una pequeña medalla de plata. La tomó con cuidado y palideció.
—¿De dónde sacaste esto?
—Era de papá —respondió Mia—. Mamá dijo que lo guardara por si algún día encontraba a mi tío Alessandro.
La sala entera pareció inclinarse.
Alessandro levantó la vista hacia mí. En sus ojos ya no había solo ira. Había reconocimiento.
—Nora… ¿quién era el padre de la niña?
No alcancé a responder.
Greta soltó una risa breve, desesperada.
—¿De verdad vas a fingir que no sabes quién era? Alessandro, ella te ocultó lo que pasó aquella noche.
Dom giró la tableta hacia nosotros. En la pantalla apareció una grabación antigua, fechada ocho meses atrás. Greta hablaba junto a la entrada de servicio con un hombre cuyo rostro quedaba fuera de cámara.
—La niña ya está aquí —decía ella—. Si Alessandro descubre quién es su padre, ninguno de los dos saldrá de esta casa.
Alessandro apretó la medalla entre los dedos.
El hombre de la grabación respondió con una voz que yo habría reconocido en cualquier parte.
—Entonces asegúrate de que Nora desaparezca antes de que él lo averigüe.