PARTE 2: EL INFORME QUE NADIE MÁS SABÍA TERMINAR

A las nueve y veinte de la mañana, Daniel seguía mirando mi escritorio vacío.

—Recupérenla.

El jefe de Recursos Humanos parpadeó.

—Señor Vega, su salida ya es definitiva.

—Entonces contrátenla otra vez.

—La señora Martín rechazó cualquier oferta de retención.

Daniel apretó la mandíbula.

—¿Cuánto pidió?

—Nada.

Aquello pareció desconcertarlo más que cualquier cifra.

A las diez comenzó su primera reunión como director ejecutivo.

Debía presentar al consejo la adquisición de un complejo hotelero valorado en trescientos millones de euros.

Daniel abrió la carpeta.

Faltaba el informe final.

—¿Dónde está el análisis de riesgos?

Silencio.

Su nuevo asistente revisó el sistema.

—No aparece.

—Elena lo tenía preparado.

—La señora Martín dejó todos los documentos corporativos que estaban terminados.

Daniel levantó lentamente la mirada.

—¿Y este?

—Estaba pendiente de información que usted debía aprobar.

Daniel recordó vagamente varios correos míos.

No había contestado ninguno.

Durante años, cuando algo quedaba incompleto, yo encontraba la manera de resolverlo antes de que él lo notara.

Esta vez nadie lo hizo.

La reunión terminó en desastre.

Pero aquello fue solo el principio.

A mediodía perdió una videoconferencia con inversores japoneses porque nadie había actualizado el cambio horario.

A las dos descubrió que su vuelo a Singapur había sido cancelado semanas atrás.

A las cuatro, uno de sus principales clientes preguntó:

—¿Dónde está Elena?

Daniel respondió con frialdad.

—Ya no trabaja aquí.

El hombre guardó silencio.

—Entonces tendremos que reconsiderar nuestra posición.

Daniel frunció el ceño.

—El contrato es con Grupo Vega, no con mi asistente.

—Elena nunca fue solamente su asistente.

La llamada terminó.

Por primera vez, Daniel empezó a revisar mis antiguos correos.

Encontró negociaciones que yo había salvado.

Penalizaciones que había evitado.

Clientes que permanecían gracias a llamadas que él jamás supo que hice.

Entonces encontró una carpeta interna.

“Proyecto Atlas”.

Daniel se quedó inmóvil.

Atlas era la operación más importante de la compañía.

Él creía haberla diseñado.

Pero cada análisis estratégico llevaba mis iniciales.

E.M.

Abrió un documento tras otro.

Yo había construido prácticamente toda la estructura del proyecto.

Daniel llamó inmediatamente al departamento jurídico.

—¿Por qué Elena tenía acceso a esto?

La abogada respondió:

—Porque ella creó Atlas.

Silencio.

—Eso es imposible.

—Su padre lo sabía.

Aquella frase cambió todo.

El fundador del Grupo Vega había muerto dos años antes.

Daniel siempre había creído que su padre lo había elegido como sucesor porque confiaba en él.

—¿Qué sabía mi padre?

La abogada tardó en responder.

—Señor Vega, quizá debería revisar su testamento completo.

Daniel abandonó la oficina y fue directamente al archivo jurídico.

Encontró una copia sellada.

Leyó durante varios minutos.

Después llegó a una cláusula que nunca había visto.

Su rostro perdió el color.

El puesto de director ejecutivo era suyo.

Pero una participación decisiva de las acciones del fundador había sido colocada en un fideicomiso.

El beneficiario aparecía oculto en aquella copia.

Daniel llamó al abogado de su padre.

—Quiero saber quién controla esas acciones.

—Ya no puedo mantenerlo confidencial.

—¿Por qué?

—Porque la condición establecida por su padre se cumplió ayer.

Daniel sintió un escalofrío.

—¿Qué condición?

—Que Elena Martín abandonara voluntariamente la empresa.

Daniel se quedó completamente quieto.

—¿Qué tiene que ver Elena con el fideicomiso?

El abogado respiró profundamente.

—Todo.

En ese mismo instante, las puertas del consejo se abrieron.

Los directores comenzaron a ponerse de pie.

Daniel giró la cabeza.

Yo entré sin credencial de empleada.

Sin carpetas.

Sin su agenda en las manos.

El presidente del consejo se acercó a recibirme.

—Señora Martín, estábamos esperándola.

Daniel me miró como si no entendiera nada.

Entonces el abogado colocó el documento frente a él.

Y señaló el nombre de la persona que acababa de obtener el control del mayor bloque de acciones del Grupo Vega.

Elena Martín.

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