Cuando regresé al salón, mi padre volvió a levantar el micrófono.
—¡Miren quién decidió regresar!
Algunas personas rieron.
Yo simplemente miré hacia las puertas.
Entonces se abrieron.
Las conversaciones murieron una tras otra.
Un hombre alto de traje oscuro entró acompañado por dos personas de seguridad.
Mi padre palideció.
Chloe dejó lentamente su copa.
—No puede ser… —susurró.
Adrian Cole era el fundador de una de las mayores firmas de inversión de Chicago.
También era el hombre que mi padre llevaba dos años intentando convencer para financiar la expansión de su empresa.
Y era mi esposo.
Adrian caminó directamente hacia mí.
—Jessi.
Se quitó la chaqueta y la colocó sobre mis hombros.
Después vio mi cabello todavía húmedo.
—¿Qué ocurrió?
Mi padre apareció inmediatamente.
—Señor Cole, qué sorpresa. Fue solamente una pequeña broma familiar.
Adrian lo miró.
—¿Una broma?
—Jessi perdió el equilibrio.
—Interesante.
Adrian señaló discretamente una cámara instalada sobre la terraza.
—Entonces supongo que el video mostrará exactamente eso.
La sonrisa de mi padre desapareció.
—¿Cómo conoce usted a mi hija?
Adrian tomó mi mano.
Entonces vio mi alianza, la misma que siempre llevaba en una cadena debajo de la ropa.
—Porque llevamos casados tres años.
El silencio fue absoluto.
Chloe abrió la boca.
—¿Tres años?
Asentí.
Habíamos mantenido nuestro matrimonio privado porque yo quería construir mi propia carrera sin convertirme en “la esposa de Adrian Cole”.
Mi familia nunca se había molestado en preguntar demasiado sobre mi vida.
Era más divertido asumir que no tenía ninguna.
Mi padre intentó reír.
—Bueno, esto merece una celebración.
—No —respondió Adrian—. Merece una conversación.
Sacó su teléfono.
—Esta mañana su empresa solicitó una inversión de cuarenta millones de dólares.
Arthur dejó de respirar.
—Adrian…
—La rechacé hace cinco minutos.
Mi padre me miró con furia.
—¿Le pediste que hiciera esto?
Negué.
—No tuve que hacerlo.
Adrian había visto suficiente.
Pero entonces apareció uno de sus abogados.
Traía una carpeta.
—Señora Cole, encontramos algo durante la revisión de Sterling Holdings.
Me la entregó.
En la primera página aparecía mi nombre.
Mi firma.
Y una transferencia de varios millones autorizada supuestamente por mí.
—Yo nunca firmé esto.
El abogado asintió.
—Lo sabemos.
Miré a mi padre.
Por primera vez aquella noche, ya no parecía avergonzado.
Parecía asustado.
Entonces Chloe dejó caer su copa.
Y su reacción me dijo algo que ninguno de los documentos podía explicar todavía.
Mi hermana sabía exactamente de dónde había salido aquella firma.