No esperé al día siguiente. Le pedí a la profesora Collins que acompañara a Vivian hasta la salida mientras yo iba a la casa de mi madre.
Ella abrió la puerta con la misma expresión indignada de siempre.
—¿Ya viste cómo está esa niña? —le pregunté—. ¿Dónde está el dinero que envié para ella?
—Se lo gastó. Te lo dije.
Puse sobre la mesa los registros de la escuela. Luego abrí la aplicación bancaria y le mostré las transferencias.
Todos los meses, los diez mil yuanes llegaban a una cuenta a nombre de mi madre. El pago del ordenador también. Mi madre había insistido en que era más práctico enviarle el dinero a ella.
—¿Y las becas de Vivian? —pregunté.
Su rostro cambió apenas.
—Eso no tiene nada que ver contigo.
—Es dinero destinado a mi hija.
—Yo la he cuidado durante cinco años —replicó—. También tengo gastos.
La profesora Collins, que había venido detrás de mí, dejó sobre la mesa un formulario escolar.
—Aquí consta que usted firmó la solicitud para que las ayudas se depositaran en su cuenta.
Mi madre miró el papel y apretó los labios.
—Vivian no necesita saberlo todo.
En ese instante apareció mi hija. No llevaba su abrigo, solo el uniforme gastado. Se quedó junto a la puerta, observando las transferencias como si ya conociera la respuesta.
—Papá —dijo—, yo nunca recibí ese dinero.
Mi madre se levantó.
—No te metas. Vuelve a tu cuarto.
Vivian retrocedió, pero esta vez no bajó la mirada.
—También me dijiste que papá no quería hablar conmigo. Que por eso cambiaste su número en la escuela.
El silencio pesó más que cualquier grito.
Miré a mi madre.
—¿Le dijiste eso?
Ella no respondió. En cambio, tomó un sobre del cajón y lo sostuvo contra el pecho.
—Lo hice por la familia —murmuró—. Si él se llevaba a Vivian, yo me quedaba sola. Y ese dinero era lo único que tenía para asegurarme de que ustedes siguieran necesitando esta casa.
Vivian dio un paso hacia mí y me agarró la manga.
—Papá, hay algo más. Abuela me hizo guardar unos papeles. Dijo que si los encontrabas, todos terminaríamos en problemas.
Mi madre dejó caer el sobre.
Dentro había una transferencia de veinte mil yuanes. El destinatario no era su cuenta.
Era la de alguien que yo llevaba años creyendo muerto.