PARTE 2: EL DOMINGO QUE VINCENT HALE VOLVIÓ POR MÍ

Vincent regresó el domingo exactamente a las nueve.

No llevaba a sus hombres.

Solo a sus cinco hijos.

Y un ramo torpemente envuelto en papel marrón.

—Son para ti —dijo Emily.

Miré a Vincent.

—Ella los eligió.

—Papá quería comprar rosas —añadió Ryan—. Le dijimos que eran aburridas.

Vincent cerró los ojos.

—Gracias, Ryan.

Tuve que contener una sonrisa.

Entonces recordó por qué estaba allí.

—Necesito tu respuesta.

—Ni siquiera me has invitado a cenar.

—Puedo hacerlo esta noche.

—Eso no convierte a una desconocida en esposa.

Vincent permaneció callado.

Finalmente habló más bajo.

—Mis hijos te recuerdan.

Aquello me sorprendió.

—Apenas me conocen.

Noah intervino.

—Precisamente.

Lo miré.

—La gente normalmente intenta agradarnos porque tiene miedo de papá o quiere algo suyo. Tú solo le dijiste cómo calentar las manos de Lily.

Vincent observó a su hijo con una expresión imposible de leer.

Entonces Lily extendió los brazos hacia mí.

La cargué.

Fue ahí cuando Vincent vio cómo se me quebraba la sonrisa.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

Pero él había escuchado los rumores.

—Lo del médico.

Asentí.

—Me dijeron que nunca podré tener hijos.

Vincent miró a los cinco que tenía delante.

—Claire, tengo cinco. No estoy buscando una incubadora.

La señora Caldwell casi dejó caer una bandeja.

Yo sí me reí.

Pero Vincent no había terminado.

Sacó un sobre.

—Hay algo que debes saber antes de responder.

Dentro había una fotografía de Caroline, su difunta esposa.

Junto a ella estaba Daniel Mercer.

Mi antiguo prometido.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Por qué estaban juntos?

—Daniel trabajó para mi familia.

—Nunca me lo dijo.

—Hay muchas cosas que no te dijo.

Vincent colocó un segundo documento sobre el mostrador.

Era un informe médico.

Mi nombre aparecía arriba.

Nueve años atrás.

La fecha exacta en que me dijeron que era estéril.

—¿Dónde conseguiste esto?

—Entre las cosas de Caroline.

Leí rápidamente.

Mis manos comenzaron a temblar.

El informe original no decía que fuera estéril.

Decía exactamente lo contrario.

Función reproductiva normal.

—No entiendo.

—El médico que te diagnosticó trabajaba para Daniel.

Me quedé sin voz.

Vincent continuó:

—Caroline descubrió que tu expediente había sido alterado semanas antes de morir.

Miré nuevamente la fotografía.

—¿Por qué alguien haría eso?

Entonces Noah habló.

—Papá, dile lo demás.

Vincent apretó la mandíbula.

—Daniel no terminó vuestro compromiso porque creyera que no podías tener hijos.

—Entonces ¿por qué?

Sacó una última hoja.

Era el testamento de mi abuela.

Nunca lo había visto.

Había una cláusula relacionada con las tierras que mi familia había poseído durante generaciones.

Si yo tenía un hijo biológico antes de cumplir treinta años, recibiría automáticamente toda la propiedad.

Casi veinte mil acres.

La misma tierra sobre la que Hale Freight estaba construyendo su nueva ruta ferroviaria.

Miré a Vincent.

—¿Tú sabías esto?

—Lo descubrí hace tres días.

—¿Y todavía quieres casarte conmigo?

Su respuesta fue inmediata.

—Ahora quiero saber quién estuvo dispuesto a destruir tu vida para quedarse con esas tierras.

Entonces la campana de la panadería sonó.

Daniel Mercer entró.

Me miró a mí.

Después a Vincent.

Y finalmente al informe médico que tenía entre las manos.

Su rostro perdió todo el color.

—Claire —susurró—. Hay algo que Vincent no te ha contado.

Vincent se puso rígido.

Daniel señaló a Lily, todavía en mis brazos.

—Esa niña no es hija de Caroline.

Tragué saliva.

—Entonces ¿de quién es?

Daniel me miró directamente.

—Tuya.

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