PARTE 2: EL DINERO SE DETUVO PRIMERO

A la mañana siguiente, el laboratorio descubrió que algo iba mal.

A las ocho y diez, el departamento financiero de la Universidad T recibió la notificación oficial.

La financiación externa vinculada al proyecto de Gu Yanzhou quedaba congelada temporalmente.

A las ocho y veinte, el proveedor de reactivos suspendió el siguiente envío.

A las ocho y cuarenta, la empresa encargada del mantenimiento de dos equipos importados informó de que no renovaría el servicio hasta recibir nuevas instrucciones.

Y a las nueve, Zhao Qing seguía de pie frente a una pantalla, completamente indignada.

—¡Esto tiene que ser un error!

Uno de los estudiantes respondió:

—Finanzas dice que no.

—Entonces que hablen con el patrocinador.

El estudiante tragó saliva.

—El patrocinador es el Grupo Jiang.

Zhao Qing se quedó quieta.

Gu Yanzhou levantó inmediatamente la cabeza.

—¿Qué has dicho?

—Que prácticamente toda la financiación privada del proyecto procede del Grupo Jiang.

El laboratorio quedó en silencio.

Gu Yanzhou tomó el teléfono.

Me llamó.

No respondí.

Volvió a llamar.

Nada.

A la tercera vez, lo bloqueé.

Mientras tanto, mi abogado ya había conseguido identificar la cuenta que había publicado el texto original.

El resultado llegó antes del mediodía.

Zhao Qing.

No me sorprendió.

Lo que sí me sorprendió fue la segunda parte del informe.

La cuenta falsa creada con mi nombre había iniciado sesión varias veces desde la red del laboratorio.

Y uno de los números utilizados para verificarla pertenecía a una compañera íntima de Zhao Qing.

Mi abogado me preguntó:

—¿Procedemos?

—Sí.

—¿Quieres intentar primero una retirada privada?

Miré los cientos de comentarios que seguían insultándome.

—No.

Cerré el portátil.

—Ellos decidieron hacerlo público.

—Entonces la disculpa también será pública.


Esa misma tarde, Gu Yanzhou apareció en mi empresa.

Había venido directamente del laboratorio.

Ni siquiera se había cambiado la bata que llevaba debajo del abrigo.

Entró en mi despacho con el rostro tenso.

—Xinya, ¿fuiste tú?

Seguí firmando documentos.

—¿Qué cosa?

—La financiación.

Levanté la vista.

—Sí.

Pareció no esperarse una respuesta tan directa.

—¿Estás loca?

Solté lentamente el bolígrafo.

—Ten cuidado con la siguiente frase.

Él respiró profundamente.

—Sabes lo importante que es este proyecto.

—Lo sé mejor que tú.

—Entonces ¿cómo puedes congelar el dinero por una discusión personal?

Me reí.

—¿Personal?

Giré el monitor hacia él.

La publicación seguía allí.

Mi fotografía.

Mi nombre.

Los insultos.

Las acusaciones.

—Tu laboratorio utilizó su red interna y su posición dentro de la universidad para difamarme públicamente.

—Zhao Qing estaba enfadada.

—¿Y eso convierte la difamación en investigación científica?

Su mandíbula se tensó.

—Hablaré con ella.

—Ya no hace falta.

—Xinya…

—Mis abogados hablarán con ella.

Su expresión cambió.

—¿La has demandado?

—A ella y a quienes participaron en las cuentas falsas.

—¡Solo es una estudiante!

Lo miré fijamente.

—Hace dos días era una investigadora adulta capaz de enseñarme cómo debía comportarme como mujer.

—Hoy, de repente, ¿es una niña?

No pudo responder.

Me levanté.

—Y deja que te aclare otra cosa.

Abrí un archivo.

—Durante los últimos cuatro años, mi empresa ha financiado más del sesenta por ciento de los gastos externos de tu equipo.

Sus ojos se abrieron.

—Eso es imposible.

—¿Nunca preguntaste quién pagaba?

—La universidad dijo que era un fondo empresarial anónimo.

—Era yo.

El silencio se hizo absoluto.

Gu Yanzhou miró las cifras.

Reactivos.

Equipamiento.

Becas.

Congresos.

Viajes académicos.

Publicaciones.

Incluso parte de la renovación del laboratorio.

Todo llevaba años siendo pagado a través de una fundación del Grupo Jiang.

Él retrocedió medio paso.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque no quería que nuestra relación tuviera nada que ver con dinero.

Sonreí ligeramente.

—Qué ironía.

—Mientras yo protegía tu orgullo, tú permitías que tu equipo me llamara mujer mantenida.

Gu Yanzhou palideció.

—No sabía…

—Ese es precisamente el problema.

Lo interrumpí.

—Nunca quisiste saber.

Cuando Zhao Qing me insultó delante de ti, pediste que yo fuera comprensiva.

Cuando me humillaron, dijiste que ella era directa.

Cuando me pediste que me marchara del laboratorio…

me dijiste que aquel lugar no era apropiado para mí.

Me acerqué a él.

—Entonces he decidido respetar tus palabras.

—Tu laboratorio ya no será asunto mío.

Por primera vez apareció miedo verdadero en sus ojos.

—Xinya, no puedes retirar todo de golpe.

—Puedo.

—¡Afectará a años de investigación!

—No estoy destruyendo ningún proyecto.

Mi voz seguía tranquila.

—El dinero queda congelado hasta que la universidad complete una auditoría del equipo, investigue la conducta interna y establezca mecanismos claros contra el acoso.

—Si el proyecto es tan sólido como dices, sobrevivirá a una revisión.

Gu Yanzhou guardó silencio.

—¿O hay algo que te preocupa que encontremos?

Su expresión se volvió rígida.

Eso me dio la respuesta.


Tres días después, apareció algo mucho más grave.

Parte de los datos que Zhao Qing había presentado como propios en una solicitud de beca habían sido modificados.

Y Gu Yanzhou lo sabía.

No había falsificado los resultados.

Pero había ignorado varias inconsistencias porque necesitaba publicar cuanto antes.

Cuando el comité de ética empezó a investigar, el laboratorio entero entró en crisis.

La famosa “guerrera” que presumía de hablar únicamente con datos y hechos…

había sido precisamente quien había manipulado los datos.

La noticia se extendió mucho más rápido que la publicación sobre mí.

Zhao Qing apareció en mi empresa una mañana.

No llevaba aquella expresión orgullosa.

—Señorita Jiang, quiero disculparme.

La observé.

—Te escucho.

Apretó las manos.

—No debería haber escrito esas cosas.

—Correcto.

—Estaba emocionalmente inestable.

—También es correcto.

—Mi novio me engañó con una mujer que…

Levanté una mano.

—Detente.

Ella calló.

—Que otra mujer te haya hecho daño no te da derecho a odiar a todas las mujeres que se parecen a ella.

Zhao Qing bajó la cabeza.

—Puedo borrar la publicación.

—Ya fue archivada como prueba.

—Entonces ¿qué quieres?

—Nada.

Me miró sorprendida.

—No necesito que hagas nada por mí.

—Pero la demanda…

—Seguirá su curso.

Su rostro se puso blanco.

—¡Ya me disculpé!

—Y yo la he escuchado.

La miré con calma.

—Una disculpa puede demostrar arrepentimiento.

—No elimina las consecuencias.

Se marchó llorando.

No sentí placer.

Solo alivio.

Porque durante demasiado tiempo personas como ella confundían “ser directa” con tener derecho a humillar.


Gu Yanzhou tardó una semana más en volver.

Esta vez no entró enfadado.

Dejó una pequeña caja sobre mi mesa.

Dentro estaba la llave de mi apartamento.

—¿Qué significa esto?

—Creo que ya sé la respuesta.

Lo miré.

Parecía agotado.

—¿Qué respuesta?

—A nuestra relación.

Asentí.

—Bien.

Cerró los ojos durante un segundo.

—Así que terminamos.

—Terminamos el día que viste cómo me humillaban y decidiste que el problema era mi reacción.

Se quedó en silencio.

Después murmuró:

—Pensé que solo necesitabas ser más tolerante.

—No.

Sacudí la cabeza.

—Necesitabas que yo fuera más tolerante para que tú no tuvieras que enfrentarte a nadie.

Aquella frase lo dejó completamente inmóvil.

—Te quise mucho, Gu Yanzhou.

Sus ojos se humedecieron ligeramente.

—Entonces quizá…

—No he terminado.

Lo miré por última vez.

—Te quise tanto que financié silenciosamente aquello que más amabas.

—Pero tú me quisiste de una manera que solo funcionaba mientras yo no incomodara tu vida.

Empujé la llave hacia él.

—Eso no me basta.

Se marchó sin volver a discutir.


Meses después, la Universidad T concluyó la investigación.

Zhao Qing perdió su puesto en el proyecto y recibió sanciones académicas por las irregularidades confirmadas.

El equipo de Gu Yanzhou fue reorganizado.

Él conservó su carrera, pero dejó de dirigir el proyecto principal.

La financiación del Grupo Jiang nunca volvió automáticamente.

En su lugar, creé un fondo nuevo.

Todos los proyectos tendrían que competir por él mediante evaluación independiente.

Sin favoritismos.

Sin relaciones personales.

Solo resultados.

Datos.

Y hechos.

Exactamente aquello de lo que Zhao Qing presumía tanto.

Un año después, asistí a la ceremonia de presentación de los primeros proyectos seleccionados.

Mientras caminaba por el campus, pasé frente al antiguo laboratorio.

Gu Yanzhou estaba junto a una ventana.

Nuestras miradas se encontraron.

No nos acercamos.

No hacía falta.

Mi secretaria me preguntó:

—Presidenta Jiang, ¿seguimos?

Sonreí.

—Claro.

Y continué caminando.

Aquella vez no llevaba vestido blanco.

Tampoco pendientes de perlas.

Pero no porque alguien me hubiera convencido de que debía vestirme de otra manera.

Simplemente había elegido otra ropa aquella mañana.

Esa era la diferencia.

Durante mucho tiempo creí que ser fuerte significaba demostrar que nadie podía herirme.

Después entendí algo mejor.

Ser fuerte significaba no permitir que quienes te hieren decidan quién debes ser después.

Zhao Qing decía que las mujeres como yo vivíamos obsesionadas con los hombres.

Al final, fui yo quien se marchó.

Gu Yanzhou decía que aquel laboratorio no era un lugar apropiado para mí.

También tenía razón.

Yo no necesitaba entrar en su laboratorio.

Porque bastó con que retirara mi nombre de sus cuentas…

para que todos descubrieran quién había estado sosteniendo realmente las luces encendidas.

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