PARTE 2: EL CHEQUE QUE ALYSSA NUNCA DEBIÓ PUBLICAR

Contesté la cuarta llamada.

—Jordan, ¿qué demonios hiciste?

Alyssa estaba gritando.

—Buenos días para ti también.

—¡Rockville canceló mi boda!

—Entonces deberías hablar con Rockville.

—¡Ya lo hice! Elaine dijo que recibieron información que provocó una revisión.

Miré a Lily.

Seguía colocando estrellas en su lonchera.

—Les sugerí que revisaran la documentación financiera.

Hubo un silencio.

—¿Tú hiciste esto?

—No, Alyssa. Tú dejaste de pagar.

Colgué.

Una hora después, mis padres aparecieron en mi condominio.

Alyssa y Blake venían detrás.

No los dejé pasar.

Papá parecía diez años mayor.

—Rockville necesita cuarenta y seis mil dólares para mantener la fecha.

—Entonces páguenlos.

Mamá comenzó a llorar.

—No tenemos más dinero.

Aquello me hizo fruncir el ceño.

—Le dieron ochenta mil.

Blake soltó una risa amarga.

—Eso creíamos todos.

Alyssa se volvió hacia él.

—Cállate.

Blake sacó varias hojas.

—Fui al banco esta mañana.

El cheque que Alyssa había publicado en internet había sido depositado.

Pero no en la cuenta destinada a la boda.

Treinta mil dólares habían cubierto tarjetas de crédito.

Dieciocho mil habían pagado el anticipo de un Mercedes.

Otros veintidós mil habían terminado en una empresa llamada Gray Lifestyle Consulting.

Mi padre miró a Alyssa.

—¿Dónde está nuestro dinero?

—Lo iba a devolver.

—¿Con qué?

Ella no respondió.

Entonces Blake colocó otro documento sobre la mesa.

—Pregúntale por la casa.

Mamá dejó de llorar.

—¿Qué casa?

—La de ustedes.

Había una línea de crédito por ciento veinte mil dólares garantizada con la vivienda de mis padres.

Ambas firmas aparecían abajo.

Mi padre palideció.

—Yo jamás firmé esto.

Alyssa retrocedió.

Ahí comprendí que la boda ya era el menor de nuestros problemas.

Durante los siguientes dos días, un abogado financiero revisó todo.

Encontró tarjetas desconocidas.

Préstamos.

Solicitudes de crédito.

Pero había algo extraño.

Algunos documentos eran anteriores a los problemas económicos de Alyssa.

Uno tenía siete años.

El año en que nació Lily.

—Jordan —dijo el abogado—, necesito preguntarte si solicitaste un préstamo de doscientos diez mil dólares.

—Nunca.

Giró el documento.

Mi información estaba allí.

También la de Lily.

DEPENDIENTE: LILY DONNELLY.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién presentó esto?

—La solicitud salió de la dirección de tus padres.

Fui directamente a su casa.

Mamá reconoció el documento antes de que pudiera explicárselo.

—¿Dónde encontraste eso?

Me quedé quieto.

—Así que lo conoces.

Papá la miró.

—¿Qué hiciste?

Mamá se sentó.

—Intentaba proteger a Lily.

—¿De quién?

Sus ojos fueron hacia Alyssa.

Mi hermana dejó de respirar.

—No —dijo.

Mamá comenzó a llorar.

—Siete años atrás descubrí que Alyssa había conseguido una copia del certificado de nacimiento de Lily.

—Mamá, cállate.

—Intentó utilizar sus datos para conseguir crédito.

Sentí rabia.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—Prometió que no volvería a hacerlo.

Me reí sin humor.

Durante siete años habían protegido a Alyssa.

Y ahora era mi hija quien supuestamente no merecía aparecer en sus fotografías.

Pero mamá todavía no había terminado.

—Alyssa no estaba actuando sola.

Sacó una carpeta escondida en un cajón.

Había transferencias realizadas durante años.

Todas terminaban relacionadas con una persona.

EDWARD GRAY.

Blake se quedó blanco.

—Ese es mi padre.

Lo miré.

Blake siempre había dicho que su padre había muerto nueve años atrás.

—Eso es imposible.

Mamá sacó una fotografía.

Edward Gray estaba sentado frente a Alyssa en una cafetería.

La fecha era de hacía cinco meses.

Blake retrocedió.

—¿Mi padre está vivo?

Alyssa comenzó a temblar.

—Yo puedo explicarlo.

—Hazlo.

—Edward nunca quiso que nos casáramos.

—¿Entonces por qué necesitabas ochenta mil dólares?

—No eran para la boda.

Silencio.

—¿Para qué eran?

—Para pagarle.

Papá golpeó la mesa.

—¿Por qué?

Alyssa me miró.

—Por Lily.

Sentí que algo se cerraba alrededor de mi pecho.

—¿Qué tiene que ver mi hija con ese hombre?

Alyssa desbloqueó su teléfono.

Mostró una fotografía tomada en un hospital.

Yo aparecía dormido en una silla.

Era la noche en que nació Lily.

Edward estaba al fondo.

Sostenía a un recién nacido.

—¿Por qué estaba allí?

Nadie respondió.

—¿POR QUÉ?

Mamá cerró los ojos.

—Porque Lily no nació sola.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

—Hubo dos niñas.

El mundo pareció detenerse.

Recordaba perfectamente aquella noche.

La madre de Lily había sufrido una hemorragia.

Todo había sido caos.

Horas después me dijeron que Lily había sobrevivido.

Nunca mencionaron otra bebé.

—Gemelas —susurró mamá.

Sentí que me faltaba el aire.

—¿Dónde está la otra?

Alyssa lloraba ahora.

—Edward se la llevó.

Blake la miró horrorizado.

—¿Mi padre robó una niña?

—No fue tan sencillo.

—Entonces explícalo.

Alyssa sacó otra fotografía.

Dos bebés dormían juntas.

Las pulseras decían:

LILY.

EMILY.

—¿Por qué nunca me dijeron nada?

Mamá respondió:

—Porque cuando intentamos descubrir qué había ocurrido, Edward amenazó con destruir a toda la familia.

—¿Y Alyssa?

Miré a mi hermana.

—¿Por qué sigues hablando con él?

Ella se secó las lágrimas.

—Porque hace seis meses apareció y dijo que quería devolverte a Emily.

—Entonces ¿por qué no lo hizo?

—Puso un precio.

Ochenta mil dólares.

La misma cantidad que Alyssa había intentado hacerme garantizar.

Sentí náuseas.

—¿La boda era una excusa?

Ella asintió.

—Necesitábamos conseguir el dinero sin que preguntaras.

Blake se apartó de ella.

—¿Me ibas a casar dentro de una mentira?

—Pensaba contártelo después.

Entonces recordé algo.

—Lily.

Todos callaron.

—¿Por qué no estaba invitada?

Alyssa cerró los ojos.

—Edward iba a asistir.

—¿A tu boda?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque iba a entregarnos a Emily allí.

Sentí que las piernas me fallaban.

—Y no querías que Lily la viera.

—No.

—¿Por qué?

Alyssa levantó lentamente la mirada.

—Porque son idénticas.

Eso explicaba las fotografías.

No temía que Lily saliera mal en ellas.

Temía que alguien fotografiara juntas a dos niñas exactamente iguales.

Entonces mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Había una imagen adjunta.

Lily.

Sentada esa misma mañana en el patio de su escuela.

Y junto a la verja había otra niña.

Misma altura.

Mismo cabello.

Mismo rostro.

Emily.

Debajo apareció un mensaje.

“LA BODA SE CANCELÓ. EL TRATO TAMBIÉN.”

Corrí hacia la habitación de Lily.

Vacía.

Su mochila seguía allí.

La puerta del balcón estaba cerrada.

—¡Lily!

Entonces recordé que había salido diez minutos antes con mi padre para comprar helado.

Me giré.

Papá ya no estaba en la casa.

Mamá miró hacia el camino de entrada.

Su coche también había desaparecido.

El teléfono vibró otra vez.

Esta vez era un video.

Mi padre conducía.

Lily estaba sentada atrás.

A su lado estaba Emily.

Y en el asiento del acompañante había un hombre mayor.

Blake soltó un sonido ahogado.

—Papá.

Edward Gray.

Pero fue mi madre quien reaccionó de una forma que no esperaba.

No parecía sorprendida.

Parecía aterrorizada.

—Jordan, escucha.

—¿Qué?

—Edward no secuestró a Emily hace siete años.

—¿Qué estás diciendo?

Sus labios comenzaron a temblar.

—Tu padre se la entregó.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Por qué haría eso?

Mamá miró la pantalla donde mi padre conducía a las dos niñas idénticas.

—Porque Emily no era la niña que debían ocultarte.

—¿Entonces quién?

Mi teléfono recibió un último archivo.

Era un informe genético.

LILY DONNELLY.

JORDAN DONNELLY.

PATERNIDAD BIOLÓGICA: EXCLUIDA.

Y debajo:

EMILY DONNELLY.

JORDAN DONNELLY.

PATERNIDAD BIOLÓGICA: 99,99%.

Me quedé sin respirar.

Durante siete años había creído que Edward se había llevado a mi segunda hija.

La verdad era mucho peor.

Alguien había intercambiado a las gemelas aquella noche.

Y mi propio padre acababa de marcharse con la única niña que podía demostrar quién era realmente Lily.

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