—Señor Miller, apártese —ordenó Daniel.
Thomas no obedeció.
—No tienen derecho a entrar ahí.
María miró a Emily.
La niña había empezado a llorar en silencio.
—Daniel.
Una sola palabra bastó.
Daniel apartó a Thomas mientras María subía las escaleras.
Emily corrió hacia ella y se aferró a su uniforme.
—No abras —susurró.
María se agachó.
—¿Por qué?
Emily señaló la puerta.
—Porque la serpiente está ahí.
Thomas reaccionó de inmediato.
—¡Emily, cállate!
Daniel lo sujetó.
—Una palabra más y se acaba esta conversación.
María empujó lentamente la puerta.
No había ninguna serpiente.
Había un hombre.
Estaba sentado junto a la cama infantil.
Tendría unos cincuenta años.
Llevaba traje, zapatos caros y un reloj dorado.
Al ver a la policía, se puso de pie.
—Esto puede explicarse.
María sintió que el estómago se le cerraba.
Sobre la mesita había dinero.
Una cámara.
Y varios sobres con nombres escritos a mano.
Daniel esposó inmediatamente a Thomas.
—¿Quién es ese hombre?
Thomas permaneció callado.
El desconocido sacó una cartera.
—Soy el doctor Raymond Keller.
María reconoció el nombre.
Keller era un pediatra conocido en Springfield.
Emily escondió el rostro contra ella.
—Él es la serpiente.
El médico palideció.
María cubrió a Emily con una manta y pidió refuerzos, servicios médicos y especialistas en protección infantil.
Nadie volvió a interrogarla allí.
Pero mientras los agentes aseguraban la habitación, Daniel abrió uno de los sobres.
Dentro había fotografías y fechas.
No sólo de Emily.
De otros niños.
—María…
Ella miró.
Había al menos doce nombres.
Thomas comenzó a forcejear.
—¡Eso no es mío!
Keller soltó una risa nerviosa.
—Pregúntele quién cobraba.
Daniel se volvió hacia Thomas.
—¿Cobraba por qué?
Thomas bajó la cabeza.
Emily levantó entonces su conejo de peluche.
—Mamá dijo que si algún día tenía mucho miedo, buscara dentro.
María abrió cuidadosamente la costura descosida del juguete.
Dentro encontró una pequeña memoria USB.
Thomas dejó de luchar.
—No.
Aquella fue la primera vez que pareció verdaderamente aterrorizado.
—¿Qué contiene? —preguntó Daniel.
Emily respondió:
—Mamá grababa cosas antes de desaparecer.
María sintió un escalofrío.
—¿Tu madre desapareció?
Emily asintió.
—Papá dijo que nos abandonó.
Daniel conectó la memoria a un dispositivo policial seguro.
Había decenas de archivos.
El último era un vídeo.
En la pantalla apareció la madre de Emily, llorando.
“Si alguien encuentra esto, Thomas sabe lo que Keller está haciendo.”
Thomas cerró los ojos.
Pero el vídeo continuó.
“Y si me ocurre algo, no busquen mi cuerpo lejos de casa.”
Emily señaló lentamente hacia la ventana.
Hacia el columpio del patio trasero.
—Mamá me dijo que nunca cavara debajo de ahí.
