PARTE 2 — DANIEL DESCUBRIÓ DEMASIADO TARDE QUIÉN ERA SU ESPOSA

El hombre del traje oscuro seguía inclinado frente a mi cama.

—Señorita Claire Su, su abuelo viene en camino.

Sentí que algo dentro de mí se tensaba.

—No lo llamen.

—Ya lo sabe.

Miró las dos cunas.

—Sabe también que dio a luz sin ningún familiar presente.

Cerré los ojos.

Aquello era precisamente lo que había intentado evitar durante siete años.

Mi apellido.

Mi familia.

El mundo del que había escapado.

Veinte minutos después, me trasladaron a una suite privada.

No la pedí.

Simplemente ocurrió.

Médicos especialistas entraron.

Una enfermera exclusiva apareció para los gemelos.

Y cuando las puertas volvieron a abrirse, vi a mi abuelo.

El poderoso Samuel Su parecía haber envejecido diez años.

Se detuvo frente a mí.

Miró a los bebés.

Después preguntó:

—¿Dónde está tu marido?

No pude responder.

Uno de los hombres le entregó un teléfono.

En la pantalla estaba la publicación de mi suegra.

Una fotografía.

Daniel.

Vivian.

Los padres de Daniel.

Todos sonriendo frente a una clínica.

El texto decía:

“Esperando con ilusión al nuevo miembro de nuestra familia.”

Mi abuelo leyó aquello dos veces.

—¿Nuevo miembro?

Su voz se volvió peligrosamente tranquila.

—¿Y estos dos qué son?

Las lágrimas que había contenido durante horas finalmente cayeron.

—Mis hijos.

El rostro del anciano cambió.

Se acercó y tomó mi mano.

—No.

Miró a los gemelos.

—Son nuestros hijos.

Aquella frase terminó de romperme.

Mientras tanto, mi teléfono comenzó a vibrar.

Daniel.

No contesté.

Volvió a llamar.

Otra vez.

A la sexta llamada, mi abuelo preguntó:

—¿Quieres hablar con él?

Negué.

—Entonces no hables.

Daniel apareció dos horas después.

Entró apresuradamente en la planta VIP acompañado por mi suegra.

—¿Dónde está Claire Zhou?

La recepcionista levantó la mirada.

—¿Qué relación tiene con la paciente?

Daniel pareció ofendido.

—¡Soy su esposo!

—La señora Su no ha autorizado su entrada.

Se quedó inmóvil.

—¿Señora qué?

Mi suegra frunció el ceño.

—Debe haber un error. Mi nuera se llama Claire Zhou.

Entonces se abrieron las puertas.

Mi abuelo salió.

Daniel lo reconoció inmediatamente.

Todo empresario del país conocía a Samuel Su.

Mi suegra también.

—Señor Su…

Mi abuelo ni siquiera respondió al saludo.

—¿Usted es Daniel Zhou?

—Sí.

—El marido de mi nieta.

Daniel perdió el color.

—¿Su… nieta?

Mi abuelo dio un paso hacia él.

—Mientras ella daba a luz a sus hijos, ¿dónde estaba usted?

Daniel abrió la boca.

Mi suegra respondió primero.

—Vivian tenía una revisión importante. Claire nunca nos dijo que estaba de parto.

Mi abuelo la miró.

—Estaba de treinta y nueve semanas con gemelos.

La mujer calló.

Daniel intentó acercarse a la puerta.

—Necesito verla.

—No.

—Son mis hijos.

Escuché aquello desde la habitación.

Y algo dentro de mí finalmente se endureció.

—Déjenlo entrar.

Daniel apareció segundos después.

Cuando vio las dos cunas, se quedó congelado.

—Claire…

Se acercó lentamente.

—¿Ya nacieron?

Miré al hombre que había sido mi esposo durante tres años.

—Hace horas.

Sus ojos se humedecieron.

Extendió una mano hacia nuestro hijo.

—No lo toques.

Se detuvo.

—Claire…

—Vivian te necesitaba.

Mi voz salió sorprendentemente tranquila.

—Vuelve con ella.

—No sabía que estabas de parto.

—Sabías mi fecha prevista.

—Yo…

—Sabías que esperaba gemelos.

Silencio.

—Y aun así elegiste irte.

Daniel bajó la cabeza.

Entonces mi suegra entró.

Al ver las cunas, empezó a llorar.

—¡Mis nietos!

Intentó acercarse.

Mi abuelo bloqueó su camino.

Ella se indignó.

—¡Soy su abuela!

—Curioso.

La miré.

—Esta mañana Vivian dijo que su bebé sería el primero de la familia.

Mi suegra palideció.

Daniel levantó la cabeza.

—¿Vivian dijo eso?

Saqué mi teléfono.

Reproduje el audio.

La habitación quedó en silencio.

Se escuchó perfectamente la voz de Vivian.

Después su risa.

Y finalmente la voz de mi suegra:

“No te rías tanto, cariño. Cuidado con el bebé.”

Daniel miró lentamente a su madre.

—¿Tú estabas allí cuando dijo eso?

—Daniel, yo…

—¿Y no dijiste nada?

Antes de que pudiera responder, uno de los asistentes de mi abuelo entró.

—Señor Su, tenemos el informe que solicitó.

Le entregó una carpeta.

Mi abuelo la abrió.

Su expresión cambió.

—Claire.

Me incorporé.

—¿Qué pasa?

Miró primero a Daniel.

Después a mí.

—Mandé investigar a Vivian Shen.

Daniel frunció el ceño.

—¿Por qué?

Mi abuelo dejó una fotografía sobre la mesa.

Era Vivian entrando en una clínica meses atrás.

Con un hombre.

No era Daniel.

Debajo había un informe.

—El embarazo de esa mujer comenzó semanas antes de que regresara al país.

Daniel se quedó inmóvil.

—Eso no demuestra nada.

—Correcto.

Mi abuelo sacó otro documento.

—Esto sí resulta más interesante.

Era una transferencia bancaria.

Ciento veinte mil yuanes.

Enviados por mi suegra a Vivian tres meses atrás.

Daniel miró a su madre.

—¿Por qué le diste dinero?

Ella empezó a temblar.

—Yo solo quería ayudarla.

—¿Con qué?

No respondió.

Entonces vi otra hoja dentro de la carpeta.

Un informe médico.

Mi abuelo intentó cerrarla.

—Abuelo.

Me miró.

—Dámela.

Leí el documento.

Después miré a Daniel.

El análisis mostraba un grupo sanguíneo incompatible con una información que Vivian llevaba meses contando.

Pero había algo aún más extraño.

En el expediente figuraba el nombre declarado del padre.

No era Daniel Zhou.

Era otro hombre.

Daniel tomó el documento de mis manos.

Su rostro quedó blanco.

—¿Quién es él?

Mi suegra se dejó caer en una silla.

Nadie respondió.

Hasta que el asistente de mi abuelo habló.

—Eso es precisamente lo que intentamos averiguar.

Hizo una pausa.

—Porque ese hombre murió hace cuatro años.

Daniel levantó la cabeza.

Y entonces mi suegra comenzó a llorar.

No lágrimas discretas.

Sollozos de auténtico pánico.

—Yo solo quería proteger a la familia.

Daniel la miró como si nunca la hubiera visto.

—¿Protegernos de qué?

Ella apretó las manos.

—De que descubrieras quién es realmente la hija de Vivian.

El silencio fue absoluto.

Daniel palideció.

—¿Qué tiene que ver su hija con todo esto?

Mi suegra cerró los ojos.

Y comprendí que acabábamos de llegar al verdadero secreto.

Porque el embarazo de Vivian nunca había sido la razón por la que toda la familia Zhou corría detrás de ella.

El secreto había comenzado tres años antes.

Con la niña que Vivian ya tenía cuando regresó.

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