Aaron apareció en el despacho de Nathan a las cuatro y doce.
No pidió cita.
Entró.
Traje arrugado.
Corbata torcida.
Ojos rojos.
Nunca lo había visto así.
—Claire.
Nathan se levantó.
—Señor Prescott, esta es una reunión confidencial.
Aaron ni siquiera lo miró.
—¿De verdad quieres divorciarte de mí?
Lo observé durante unos segundos.
—Te dejé los documentos.
—¡Por un mensaje de Slack!
Casi me reí.
—No me divorcio por Slack.
Me puse de pie.
—El mensaje fue porque ya había decidido divorciarme.
Eso lo silenció.
—Claire, Jasmine y yo no estamos teniendo una aventura.
—Entonces felicidades.
Parpadeó.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—¿Ni siquiera quieres saber dónde estuve?
Lo miré.
—Aaron, pasé tres años preguntándome dónde estabas.
Tomé mi bolso.
—Ya no quiero gastar otro minuto averiguándolo.
Pasé junto a él.
Su mano se cerró alrededor de mi muñeca.
Nathan dio un paso adelante.
—Suéltela.
Aaron lo hizo.
Pero antes de salir preguntó:
—¿Hay alguien más?
Me detuve.
Aquella pregunta resumía perfectamente nuestro matrimonio.
Él todavía creía que una mujer solo abandonaba a un hombre cuando encontraba otro.
—Sí.
Su rostro se endureció.
Me giré.
—Yo.
Salí.
Dos días después, los abogados de Aaron respondieron.
Querían revisar mis inversiones.
Mis propiedades.
Mis cuentas.
Nathan sonrió al leerlo.
—Perfecto.
—¿Perfecto?
—Ahora tendrán que descubrirlo.
La respuesta llegó cuarenta y ocho horas después.
Aaron me llamó diecisiete veces.
No contesté.
Entonces llamó su madre.
—Claire, ¿qué significa que eres accionista de Blackwood Capital?
—Significa exactamente eso.
Silencio.
Blackwood no era simplemente una empresa de inversión privada.
Administraba miles de millones en activos.
Y mi abuelo había sido uno de sus fundadores.
Mi participación estaba protegida por un fideicomiso creado mucho antes de conocer a Aaron.
Pero aquello no era lo que había provocado el pánico.
Nathan colocó sobre la mesa un informe corporativo.
—Prescott Global tiene tres líneas de crédito importantes.
—Lo sé.
—¿Sabes quién controla dos de los fondos que participan indirectamente en ellas?
Lo miré.
Ya sabía la respuesta.
—Blackwood.
Nathan asintió.
No pude evitar sonreír.
Yo jamás había utilizado mi participación para interferir en la empresa de mi marido.
Nunca había querido hacerlo.
Pero Aaron acababa de descubrir que la esposa que presentaba en las galas como alguien que “prefería quedarse en casa” tenía intereses financieros relacionados con instituciones que su propia compañía necesitaba.
Aquella tarde apareció en Marblehead.
Estaba guardando libros cuando escuché su coche.
Aaron entró sosteniendo documentos.
—¿Desde cuándo?
—Antes de conocerte.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Lo miré sorprendida.
—Nunca preguntaste.
Aquello le dolió.
—Soy tu marido.
—Eras mi marido cuando pasabas noches enteras fuera.
—Estaba trabajando.
—Perfecto.
Seguí guardando libros.
—Entonces espero que haya valido la pena.
Aaron golpeó los documentos contra la mesa.
—¡Jasmine estaba conmigo porque investigábamos una filtración dentro de Prescott Global!
Me detuve.
Eso no lo esperaba.
Sacó su teléfono.
Correos.
Transferencias.
Registros internos.
—Alguien lleva meses entregando información confidencial a un competidor.
—¿Y por qué Jasmine?
—Auditoría sospechaba de alguien de mi equipo ejecutivo. Ella era una de las pocas personas que podía ayudarme sin levantar sospechas.
Lo miré fijamente.
—¿Y eso explica las cenas?
—Sí.
—¿Las galas?
Aaron vaciló.
—En parte.
Ahí estaba.
La verdad incompleta.
—¿Y las noches?
No respondió.
Sentí que algo dentro de mí se cerraba definitivamente.
—Eso pensé.
—Claire…
—Puedes tener una explicación profesional para Jasmine.
Me acerqué.
—Pero no existe ninguna explicación profesional para hacer sentir invisible a tu esposa durante tres años.
Aaron bajó los ojos.
Por primera vez no tenía respuesta.
Entonces mi teléfono sonó.
Nathan.
Contesté.
—Claire, necesito que vengas inmediatamente.
Su tono hizo que mi corazón se acelerara.
—¿Qué pasó?
—Blackwood terminó su revisión sobre Prescott Global.
Miré a Aaron.
—¿Y?
Nathan guardó silencio un segundo.
—La filtración que Aaron está investigando es real.
—Entonces tenía razón.
—Sí.
Pausa.
—Pero Jasmine no está ayudándolo a encontrar al responsable.
Sentí frío.
Aaron levantó la mirada.
—¿Qué dijo?
Activé el altavoz.
Nathan continuó:
—Jasmine Cole está relacionada con una de las compañías que recibió la información.
El rostro de Aaron perdió todo el color.
—Eso es imposible.
—Hay algo más —dijo Nathan.
Escuché papeles al otro lado.
—Blackwood encontró transferencias realizadas durante casi dos años.
—¿A quién?
Nathan pronunció un nombre.
Y Aaron dejó caer lentamente los documentos que sostenía.
Porque el dinero no terminaba en Jasmine.
Terminaba en alguien de la familia Prescott.
Su propia hermana.
Aaron me miró.
Por primera vez entendió que su matrimonio no era lo único que estaba derrumbándose.
Y que la esposa invisible a la que había ignorado durante tres años acababa de convertirse en la única persona capaz de descubrir quién estaba destruyendo su empresa desde dentro.