PARTE 2: CUENTAS CLARAS

Lucas descubrió el estacionamiento cancelado esa misma noche.

Me llamó desde el garaje.

—Clara, ¿qué hiciste?

—Dejé de pagar tu espacio.

—¡Vivimos juntos!

—Entonces transfiere tu mitad.

Colgó.

Diez minutos después subió furioso.

Pero yo ya había preparado una hoja de cálculo.

Tres años de matrimonio.

Servicios.

Supermercado.

Seguros.

Mantenimiento.

Regalos para sus padres.

Incluso varias reparaciones de su coche.

Lucas miró el total y se rio.

—¿Ahora quieres cobrarme retroactivamente?

—No.

Cerré la computadora.

—Solo quería saber cuánto me costó creer que teníamos un matrimonio equilibrado.

Su sonrisa desapareció.

La cifra superaba los 190.000 dólares.

Y eso sin contar la entrada del apartamento.

Aquella la había pagado casi completamente yo.

Lucas tomó su chaqueta.

—Quédate con tus cuentas.

Se marchó.

Supuse que iría con Mia.

Acerté.

Pero dos días después ocurrió algo extraño.

El banco me llamó.

—Señora Reed, necesitamos confirmar una solicitud relacionada con su propiedad.

Me incorporé.

—¿Qué solicitud?

—Una línea de crédito garantizada con el apartamento.

Sentí frío.

—Yo no he solicitado ningún crédito.

Hubo silencio.

—Entonces recomendamos bloquear inmediatamente el proceso.

Llamé a una abogada.

Revisamos los documentos.

La solicitud todavía no estaba aprobada.

Pero alguien había presentado copias de mi identificación, información hipotecaria y datos financieros.

Y figuraban dos solicitantes.

Lucas Reed.

Clara Reed.

—Esta firma no es mía —dije.

Mi abogada asintió.

—No afirmaremos quién la puso hasta tener un peritaje.

Esa misma tarde cambié contraseñas y protegí mis cuentas.

Después revisé nuestros archivos domésticos.

Faltaba una carpeta.

La de la compra del apartamento.

Lucas regresó cerca de medianoche.

—¿Tomaste documentos de la casa?

Se quedó quieto.

—¿Qué documentos?

—Los del apartamento.

—No.

Mentía.

Lo conocía demasiado bien.

Entonces su teléfono se iluminó.

Mensaje de Mia.

¿El banco aceptó los papeles? Necesito pagar la reserva antes del viernes.

Lucas apagó la pantalla demasiado tarde.

—¿Qué reserva?

—No es asunto tuyo.

Me reí.

—Utilizaste documentos de mi apartamento y dices que no es asunto mío.

Su rostro cambió.

—Clara, puedo explicarlo.

—Hazlo.

Mia quería abrir un estudio de belleza.

Necesitaba capital.

Lucas había decidido “ayudarla”.

—El crédito lo pagaría yo.

—¿Con qué dinero?

Silencio.

Recordé el Chanel.

Las cenas.

Los viajes.

Su supuesto dinero “invertido”.

—Enséñame tus inversiones.

—No tengo que demostrarte nada.

Aquella respuesta bastó.

A la mañana siguiente solicité formalmente documentación financiera vinculada a cualquier obligación conjunta.

Y descubrimos algo todavía peor.

Lucas llevaba dieciocho meses transfiriendo dinero a una sociedad llamada ML Lifestyle Group.

Más de 160.000 dólares.

La empresa pertenecía a Mia Lane.

Pero los pagos no aparecían como regalos.

Figuraban como aportaciones de capital.

—¿Lucas es socio? —pregunté.

Mi abogada negó lentamente.

—Según estos documentos, no.

—Entonces ¿por qué aportaba capital?

Ella deslizó otra página.

—Porque aparentemente alguien esperaba que recibiera participaciones después.

Había un acuerdo preliminar.

Lucas obtendría el cuarenta por ciento cuando se completara una inversión final de 300.000 dólares.

El crédito sobre nuestro apartamento cubría exactamente esa cantidad.

Todo quedó claro.

Mi casa iba a financiar el negocio de Mia.

—Voy a divorciarme.

Mi abogada asintió.

—Entonces primero protegeremos tus intereses y documentaremos todo correctamente.

Esa noche Lucas recibió la notificación.

Llegó veinte minutos después.

Mia venía con él.

—¿De verdad destruirás nuestro matrimonio por dinero? —preguntó.

La ironía casi me hizo reír.

Mia intervino.

—Clara, Lucas solo quería ayudarme.

La miré.

—Entonces devuélvele los 160.000.

Su rostro cambió.

—¿Qué?

—Dijiste que solo quería ayudarte. Devuelve el dinero.

Lucas se interpuso.

—No metas a Mia.

—Tú la metiste en nuestro aniversario, nuestras vacaciones, nuestros gastos y ahora en mi apartamento.

Se hizo silencio.

Entonces Mia cometió el error.

—¡Ese apartamento ni siquiera debería ser completamente tuyo!

Lucas giró la cabeza.

Yo también.

Mia palideció.

—¿Qué acabas de decir?

—Nada.

—Repítelo.

Tomó su bolso.

—Me voy.

Pero mi abogada había encontrado algo aquella misma tarde.

Así que coloqué un documento sobre la mesa.

—¿Estabas hablando de esto?

Lucas dejó de respirar.

Era el contrato original de compraventa.

La entrada había salido de una cuenta exclusivamente mía.

Pero seis meses después de casarnos se había registrado un documento adicional relacionado con la participación patrimonial.

Supuestamente firmado por mí.

Otra firma que yo no reconocía.

Y había algo todavía más extraño.

El testigo del documento era Mia Lane.

—Nunca vi esto —dijo Lucas.

Por primera vez parecía sinceramente sorprendido.

Mia retrocedió.

—Yo solo firmé donde me dijeron.

—¿Quién te lo pidió? —pregunté.

No respondió.

Lucas la miró.

—Mia.

Ella empezó a llorar.

Pero esta vez él no corrió a consolarla.

—¿Quién?

Finalmente Mia susurró:

—Tu madre.

Lucas quedó inmóvil.

Yo también.

Su madre llevaba tres años tratándome como una nuera ejemplar.

Incluso había insistido en que compráramos precisamente aquel apartamento.

Pero Mia todavía no había terminado.

—Ella dijo que Clara nunca debía controlar sola una propiedad así.

Lucas palideció.

—¿Por qué?

Mia levantó los ojos.

—Porque el dinero de la entrada no era realmente de Clara.

Sentí que algo se cerraba dentro de mi pecho.

—¿Qué significa eso?

Mia miró directamente hacia mí.

—Pregúntale a tu padre.

Mi padre había muerto cuatro años antes.

Antes de mi boda.

Antes de comprar aquel apartamento.

Y entonces recordé algo que nunca había considerado importante.

El dinero de la entrada provenía de una cuenta que él había dejado a mi nombre.

Una cuenta que la madre de Lucas conocía demasiado bien.

Porque ella había sido la asesora financiera de mi padre durante casi quince años.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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