La voz de Noah explotó por la radio.
—¿Estás loco? ¡El sensor térmico de esa sala acaba de superar el límite crítico!
Adrian respondió algo, pero ya no pude entenderlo.
El humo era demasiado espeso.
—Sistema —susurré—. ¿Cuánto falta?
—Proceso de salida iniciado.
Cerré los ojos.
No sentí miedo.
Solo un cansancio inmenso.
Entonces escuché un golpe contra la puerta.
—¡Lena!
No era Adrian.
Era Noah.
Golpeó otra vez.
—¡Si puedes oírme, responde!
Intenté alcanzar la radio.
Mis dedos apenas obedecían.
—Aquí…
No sé si me escuchó.
El mundo comenzó a desaparecer.
Y la voz del sistema fue lo último que percibí.
—Transferencia completada.
Cuando volví a abrir los ojos, no había fuego.
Estaba acostada sobre césped húmedo.
Sobre mí había un cielo que jamás había visto.
Me incorporé lentamente.
Mi pierna estaba intacta.
Mis pulmones no ardían.
Frente a mí apareció una pantalla translúcida.
—Misión finalizada.
Debajo había otra línea.
—Vínculo con Adrian Blake: eliminado permanentemente.
Me quedé mirando aquellas palabras.
Después empecé a reír.
Por primera vez en tres años, era libre.
Pero en el mundo que había dejado atrás, todo acababa de comenzar.
La puerta de la sala de archivos cedió diecisiete minutos después.
Noah entró primero.
Encontró mi radio.
Mi teléfono.
Mi collar.
Pero no me encontró a mí.
Las cámaras mostraban claramente que yo jamás había salido.
La policía revisó cada acceso.
Nadie pudo explicar mi desaparición.
Adrian llegó cuando el incendio ya estaba controlado.
—¿Dónde está Lena?
Noah se quitó el casco.
Y le dio la radio.
—Escúchala.
Reprodujo la grabación.
Mi voz pidiendo ayuda.
La respuesta de Adrian.
“Esta frecuencia es para emergencias reales.”
Luego:
“No suban por ella.”
El rostro de Adrian se volvió blanco.
—Yo pensé que estaba exagerando.
Noah lo miró con desprecio.
—Leíste mal la situación. Y luego impediste una respuesta de rescate.
Chloe apareció envuelta en una manta.
—Adrian no tuvo la culpa. Lena siempre fue muy emocional…
No terminó.
Porque las pantallas de los teléfonos comenzaron a iluminarse.
La copia automática había sido enviada.
A bomberos.
A seguridad.
A recursos humanos.
A la dirección municipal.
Y a la prensa.
Todo estaba allí.
Adrian cerrando la puerta.
Yo advirtiéndole.
Él marchándose con Chloe.
Mi llamada de auxilio.
Su negativa.
Pero la cámara había grabado algo más.
Diecisiete minutos antes de que comenzara el incendio, Chloe había entrado sola en la sala de archivos.
Llevaba algo en la mano.
Después salió.
Tres minutos más tarde apareció humo exactamente en aquella zona.
Adrian observó el video sin respirar.
—Chloe…
Ella retrocedió.
—No significa nada.
Noah amplió la imagen.
—Entonces explícame por qué desactivaste manualmente el detector de esa sección.
Chloe comenzó a llorar.
—Yo solo quería asustarla.
Adrian la miró como si jamás la hubiera visto antes.
Pero entonces llegó el jefe de seguridad.
—Tenemos otro problema.
Colocó sobre la mesa un expediente parcialmente chamuscado.
En la portada aparecía el nombre de Chloe Bennett.
Dentro había registros de evaluaciones médicas.
Adrian pasó las páginas.
Su expresión cambió.
—Esto no puede ser.
Los informes demostraban que Chloe había sido evaluada repetidamente durante años.
Y en ninguno constaba el asma grave que había utilizado una y otra vez para obligar a Adrian a correr hacia ella.
Pero la última página era todavía peor.
Era una solicitud para modificar aquellos registros.
Fecha: dos semanas antes del incendio.
Solicitante:
Capitán Adrian Blake.
Adrian levantó la cabeza, horrorizado.
—Yo nunca presenté esto.
Noah tomó el documento.
—Entonces alguien lleva tiempo usando tus credenciales.
Y en otro mundo, mientras yo caminaba hacia una vida completamente nueva, apareció una última notificación del sistema:
—Anfitriona, se ha detectado una anomalía.

Me detuve.
—¿Cuál?
—Alguien del mundo anterior conserva recuerdos que deberían haber sido eliminados.
La pantalla mostró un nombre.
Noah Carter.