PARTE 2: CUANDO VOLVIÓ, YO YA NO EXISTÍA

Cuando Damian llegó a la montaña, encontró la camioneta abandonada.

Me halló dentro.

Pero la mujer que había llamado para pedirle ayuda ya no existía.

En el hospital, el médico confirmó la noticia que terminó de destruirlo.

El bebé se había perdido.

Damian permaneció inmóvil frente a la puerta de mi habitación.

—Quiero verla.

—La señora Moretti no quiere recibirlo —respondió el médico.

—Soy su esposo.

Entonces apareció mi abogado.

—Ya no por mucho tiempo.

Le entregó una carpeta.

Divorcio.

Renuncia a cualquier vínculo con los Moretti.

Y una orden clara:

No buscarme.

Damian abrió los documentos con manos temblorosas.

—¿Dónde está Isabella?

—Se fue.

—Está herida.

—Precisamente por eso se fue.

El abogado lo miró fijamente.

—Cuando ella necesitó que eligiera entre una propiedad y su vida, usted ya tomó su decisión.

Detrás de Damian apareció Elena.

—Adrian…

Él se giró lentamente.

—No vuelvas a llamarme así.

Elena palideció.

—Damian…

—Tampoco.

Por primera vez comprendió lo absurdo de la fantasía que había construido.

No existían dos hombres.

Nunca habían existido.

Solo había un hombre que quiso dos vidas y terminó destruyendo la única que realmente tenía.


Semanas después, Damian regresó solo a la villa.

Mi ropa había desaparecido.

Mis fotografías también.

Sobre la mesita quedaba únicamente mi anillo de bodas.

Debajo había una nota.

“Te lo advertí el día que nos casamos.

Si alguna vez me traicionabas, desaparecería tan bien que pasarías el resto de tu vida buscándome.”

Damian movilizó contactos, investigadores y hombres en varios países.

Nada.

Yo había preparado mi salida antes incluso del secuestro.

Había transferido mis bienes personales, cambiado documentos legales y cortado todos los vínculos que podían llevarlo hasta mí.

Meses después vendió la iglesia que había comprado para Elena.

Ella abandonó su mundo poco después.

Pero recuperar aquel terreno ya no significaba nada.

Cada año, en la fecha en que habría nacido nuestro hijo, Damian regresaba a la misma montaña.

El hombre más temido de la ciudad podía encontrar enemigos escondidos al otro lado del mundo.

Pero nunca volvió a encontrarme.

Porque aquella tarde él creyó que estaba eligiendo entre una iglesia y su esposa.

En realidad, estaba eligiendo entre Elena…

y la última oportunidad de conservar su familia.

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