Elías envolvió a Hannah con su abrigo y la levantó con cuidado.
Ella gritó cuando sus piernas se movieron.
—Aguanta. Mi caballo está afuera.
—No vaya hacia la casa —susurró Hannah—. Él podría estar allí.
Elías se detuvo.
—¿Tu marido?
Hannah negó.
—Mi marido está muerto.
Aquellas palabras cambiaron todo.
Antes de que Elías pudiera preguntar, escucharon un caballo acercándose.
Hannah comenzó a temblar.
—Es él.
Elías la ocultó detrás de varios fardos y tomó el rifle que llevaba sujeto a la silla.
Un hombre entró en el granero.
Era Silas Miller, propietario del rancho.
—Boone.
—Miller.
Silas miró la paja ensangrentada.
—Supongo que encontraste a mi cuñada.
Elías apretó la mandíbula.
—Necesita un médico.
—Lo que necesita es aprender a obedecer.
Hannah soltó un sollozo.
Silas sonrió.
—Ahí estás.
Elías levantó el rifle.
—Da otro paso y será el último.
Silas se detuvo.
—No sabes qué estás protegiendo.
—Sé suficiente.
—Entonces pregúntale por qué estaba atada.
Elías miró a Hannah.
Ella estaba llorando.
—Porque encontré los documentos.
Silas perdió la sonrisa.
Hannah señaló una tabla suelta del suelo.
—Debajo.
Elías levantó la madera.
Encontró una caja metálica.
Dentro había escrituras, certificados y cartas.
El rancho Miller no pertenecía a Silas.
Había pertenecido al esposo de Hannah, Thomas.
Y tras su muerte debía pasar legalmente a ella.
—Thomas no murió al caer del caballo —dijo Hannah—. Silas lo mató porque descubrió que estaba vendiendo tierras que no eran suyas.
Silas dio un paso.
Elías amartilló el rifle.
—Te advertí.
Entonces Hannah sacó otro documento.
—Esto era lo que realmente buscaba.
Era un certificado médico.
Elías apenas entendió su importancia hasta leer una palabra.
EMBARAZO.
Miró a Hannah.
Ella colocó ambas manos sobre su vientre.
—Estoy embarazada.
El rostro de Silas se endureció.
—Ese niño heredará todo.
Elías comprendió.
No habían intentado castigarla.
Habían intentado provocar que perdiera al heredero.
Entonces escucharon varios caballos afuera.
Silas sonrió.
—Llegaron mis hombres.
Pero Hannah negó lentamente.
—No.
Por primera vez apareció algo parecido a esperanza en sus ojos.
—Son los hombres de mi padre.
Elías miró hacia la puerta.
Seis jinetes armados rodeaban el granero.
Del centro descendió un hombre canoso con estrella de alguacil federal.
Silas palideció.
—Eso es imposible.
Hannah agarró la camisa de Elías.
—Silas creyó que me casé con Thomas porque no tenía familia.
El hombre entró y vio a Hannah herida.
Su expresión se volvió terrible.
—Se equivocó.
Hannah respiró con dificultad.
—Elias… él es mi padre.
El alguacil levantó la mirada hacia Silas.
—Y llevo tres años buscando al hombre que asesinó a Thomas Miller.
Pero antes de que pudiera detenerlo, Silas comenzó a reír.
—Entonces pregúntele a su hija quién mató realmente a Thomas.
Todos miraron a Hannah.
Ella cerró los ojos.
Y Elías comprendió que el secreto enterrado bajo aquel granero todavía no era el peor.
