Dentro del centro médico, el olor a desinfectante reemplazó al de la lluvia. Vi a Grace en recepción, sosteniendo tres chaquetas mojadas mientras el niño tosía contra su hombro.
—¿Qué les pasa? —pregunté.
Ella se volvió de golpe.
—No tenías derecho a seguirnos.
—Lo sé. Pero vi el cartel y pensé que alguno estaba enfermo.
Su mirada vaciló. Una enfermera llamó a los niños por sus nombres: Lucas, Emma y Sophie. El niño levantó la cabeza al oír el suyo, y volvió a mirarme con aquellos ojos imposibles de confundir.
—Lucas tiene una infección respiratoria —dijo Grace—. Nada grave. Venimos para que lo revisen.
La enfermera nos indicó que esperáramos. Grace llevó a los niños a unas sillas, lejos de mí.
—¿Son míos? —pregunté otra vez.
Ella apretó los labios.
—Sí.
La palabra me quitó el aire.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Cuando descubrí que estaba embarazada, ya habías firmado el divorcio. Te llamé. Varias veces.
—Nunca recibí tus llamadas.
—Dejé mensajes con tu asistente. También envié una carta a tu oficina.
Recordé a mi asistente diciendo que Grace había llamado por asuntos personales. Yo estaba en una reunión y le pedí que no me pasara llamadas de mi ex.
De pronto, el anillo en mi bolsillo pareció pesar más que una piedra.
—Podrías haber insistido.
Grace soltó una risa sin alegría.
—Lo hice. Hasta que entendí que no querías escucharme.
Lucas se levantó y se acercó, arrastrando un cochecito de juguete. Se detuvo frente a mí.
—¿Tú eres el señor del autobús?
—Sí.
Me observó con seriedad.
—Mamá dice que no debemos hablar con desconocidos.
—Tu mamá tiene razón.
Por primera vez, una sonrisa pequeña apareció en su rostro.
La puerta del consultorio se abrió y llamaron a Lucas. Grace lo tomó de la mano. Las niñas fueron detrás.
Antes de entrar, ella se volvió hacia mí.
—No confundas compartir su sangre con tener derecho a aparecer y desaparecer cuando quieras.
La puerta se cerró.
Entonces mi teléfono vibró. Amelia escribió: «Estoy en la entrada. ¿Por qué sigues aquí?»
Levanté la vista.
Amelia acababa de cruzar las puertas del centro médico, con el anillo de compromiso brillando en mi mano.
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