El camión me dejó en la base médica avanzada antes del amanecer. La nieve se había convertido en hielo sobre las botas, pero el frío no se parecía al de la celda. Allí, al menos, nadie podía obligarme a esperar una explicación de Daniel.
La comandante Zhao me recibió con una carpeta sellada.
—Su traslado fue aprobado, doctora Carter. Pero antes de asignarle un puesto, debo informarle de algo.
Dentro estaban las copias del informe que había provocado mi arresto. Los registros de medicamentos controlados mostraban que mi clave de acceso había autorizado varias salidas irregulares durante las semanas anteriores.
—Yo no firmé esto.
—Lo sabemos —dijo Zhao—. La auditoría encontró que su clave se usó desde otro terminal.
Sentí que la garganta se me cerraba.
La investigación seguía abierta. Alguien había alterado los registros, pero el expediente original no estaba en la base. La última persona que lo había consultado era Sophie Reed.
Miré a Zhao.
—¿Sophie tuvo acceso a los archivos?
—Como sobrina del comandante general, consiguió una autorización temporal para visitar el hospital militar. Esa autorización no le permitía tocar documentación clínica.
La comandante sacó una última hoja.
—Sin embargo, alguien aprobó que la detuvieran.
Reconocí la firma antes de terminar de leer.
Daniel Foster.
No había sido solo el hombre que no respondió a mis veintisiete llamadas. Su firma estaba en la orden que me había llevado al calabozo.
El teléfono de la oficina vibró. Zhao miró la pantalla y me lo entregó.
—Es él.
Contesté.
—Claire, no viajes a la frontera —dijo Daniel sin saludar—. Debemos hablar antes de que entregues el expediente.
—¿Qué expediente?
Al otro lado hubo una pausa.
—No juegues conmigo. Sé que la comandante Zhao tiene los registros.
Miré la firma de mi esposo.
—¿También sabías que Sophie usó mi clave?
—No entiendes lo que pasó.
—Entonces explícamelo.
Su respiración se volvió áspera.
—La orden llevaba mi firma, pero no fui yo quien la redactó.
—¿Quién la redactó?
Daniel bajó la voz.
—Sophie. Y si publicas ese informe, el comandante general hará que desaparezca antes de que llegue a una sola oficina.
La llamada se cortó.
Zhao recibió un mensaje, leyó la pantalla y palideció.
—Doctora Carter, acaba de emitirse una nueva orden contra usted.
La comandante levantó los ojos.
—Esta vez no dice arresto. Dice que debe ser detenida antes de llegar a la frontera.