A las nueve veintisiete, el mesero apareció empujando un pequeño carrito.
Sobre él descansaba el pastel.
Daniel seguía sin haberme visto.
Claire sí.
Sus ojos encontraron los míos cuando el carrito pasó junto a su mesa.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Me levanté.
Tomé mi copa y caminé hacia ellos.
Daniel alzó la vista.
Su rostro perdió todo el color.
—Laura…
—Feliz aniversario.
Dejé mi teléfono sobre la mesa.
En la pantalla estaba su mensaje de las siete y media.
“Cena tú primero. Te amo.”
Claire retiró lentamente su mano de la de Daniel.
—Puedo explicarlo —dijo él.
—No hace falta.
El mesero colocó el pastel frente a nosotros.
Daniel leyó las palabras escritas encima.
Feliz divorcio para mí.
—¿Estás haciendo una escena?
Aquello casi me hizo reír.
—Llevas a otra mujer a nuestra reserva de aniversario y te preocupa mi comportamiento.
Claire finalmente habló.
—Laura, yo no sabía que estarías aquí.
La miré.
—Pero sí sabías que estaba casado conmigo.
Silencio.
Su expresión confirmó suficiente.
Saqué mi anillo.
Lo dejé junto al plato de Daniel.
—Mi abogada se pondrá en contacto contigo mañana.
Entonces su teléfono vibró.
Lo miró.
Y su rostro cambió.
—¿Qué has hecho?
—Todavía nada.
Me mostró la pantalla.
Su socio había convocado una reunión extraordinaria para la mañana siguiente.
Otra notificación apareció.
Después otra.
Daniel se levantó.
—Laura, ¿qué le dijiste a Morgan?
—Solo le pedí que investigara.
Claire tomó su bolso.
—Yo me voy.
—Siéntate —dijo Daniel.
Ella no obedeció.
Pero al ponerse de pie, una tarjeta cayó de su bolso.
La reconocí inmediatamente.
No pertenecía al restaurante.
Era una tarjeta de acceso de Whitman Biotech.
La nueva empresa de Daniel.
La empresa cuyas acciones yo acababa de pedir investigar.
La recogí.
—¿Por qué tienes esto?
Claire palideció.
Daniel se quedó inmóvil.
—Laura, dame esa tarjeta.
Entonces comprendí que aquello no era únicamente una aventura.
—¿Qué está pasando?
Claire miró a Daniel.
—Pregúntale quién puso realmente el dinero para fundar su empresa.
—Inversores.
—Mientes.
Claire abrió su bolso y sacó un sobre.
Dentro había transferencias realizadas durante tres años.
Todas procedían de una sociedad llamada LB Holdings.
Sentí un escalofrío.
LB.
Laura Bennett.
Mi apellido de soltera.
—¿Qué es esto?
Daniel bajó los ojos.
Claire respondió por él.
—Una empresa creada utilizando documentos asociados a tu antigua identidad financiera.
De pronto entendí por qué Morgan había contestado tan rápido.
Mi teléfono vibró.
Era ella.
“Laura, no firmes absolutamente nada que Daniel te entregue.”
Llegó otro mensaje.
“He encontrado LB Holdings.”
Y después uno tercero.
“Figura como propietaria del 68% de Whitman Biotech.”
Miré a Daniel.
—Dijiste que la empresa era tuya.
No respondió.
Claire soltó una risa sin alegría.
—Ese era el verdadero motivo por el que volví a buscarlo.
—¿Para acostarte con mi marido?
—No.
Me sostuvo la mirada.
—Para averiguar por qué Daniel construyó una compañía multimillonaria utilizando tu nombre.
El restaurante pareció quedarse sin aire.
Entonces Claire añadió:
—Y Laura, antes de que me odies por completo, deberías saber algo más.
Sacó una fotografía antigua.
En ella aparecía Daniel reuniéndose con mi padre.
La fecha era imposible.
Mi padre había muerto dos años antes de que yo conociera a Daniel.
Claire señaló la fotografía.
—Tu matrimonio nunca empezó cuando creíste.
—¿Qué significa eso?
Daniel cerró los ojos.
Claire respondió:
—Que él ya sabía exactamente quién eras antes de vuestra primera cita.
