Julian tardó varios segundos en reaccionar.
—Cinco años… —repitió.
Sus ojos volvieron a las niñas.
—Evelyn, dime que estoy entendiendo mal.
Sophie tiró suavemente de mi manga.
—Mamá, ¿quién es?
Antes de que respondiera, Julian dio un paso adelante.
—¿Soy su padre?
No mentí.
—Biológicamente, sí.
Pareció recibir un golpe.
—¿Y nunca pensaste decírmelo?
Lo miré fijamente.
—Lo intenté.
Su expresión se endureció.
—Una ecografía que nunca vi no cuenta.
—Te envié diecisiete correos después del divorcio.
Julian se quedó inmóvil.
—Nunca recibí ninguno.
Ahora fui yo quien guardó silencio.
—También envié los resultados de ADN cuando nacieron.
—Evelyn, jamás recibí nada.
Entonces una voz masculina sonó detrás de las niñas.
—Yo puedo confirmar eso.
Un hombre alto bajó del Bentley.
Era Marcus Hale, mi abogado y director del fideicomiso de las niñas.
Sacó una carpeta.
—Señor Vance, todos los documentos fueron entregados en su residencia de Manhattan.
Julian tomó los comprobantes.
Su rostro cambió al llegar a las firmas.
—Esto no puede ser.
Reconocí el nombre.
Victoria Vance.
Su madre.
Julian levantó lentamente la mirada.
—Mi madre recibió todo.
Marcus asintió.
—Incluso respondió a uno de los abogados de la señora Vance.
Sacó otra hoja.
Julian la leyó.
“Mi hijo no reconoce ninguna responsabilidad sobre esos niños. No vuelva a contactar con esta familia.”
—Yo nunca escribí esto —susurró.
—Lo sé —respondí—. Pero entonces yo no tenía ninguna razón para creerlo.
Julian sacó inmediatamente su teléfono.
—Voy a llamarla.
—No delante de las niñas.
Eso lo detuvo.
Por primera vez, pareció recordar que tres pequeñas lo observaban.
Emma se escondió detrás de mi pierna.
Julian bajó el teléfono.
—Quiero una prueba de ADN.
—Puedes tenerla.
No discutí.
Aquello pareció dolerle todavía más.
Marcus, sin embargo, no había terminado.
—Hay otra cuestión que debe conocer.
Me volví hacia él.
—¿Qué ocurre?
Abrió la carpeta.
—Esta mañana recibimos los documentos de la auditoría que solicitaste sobre las antiguas patentes.
Julian frunció el ceño.
—¿Qué patentes?
Marcus colocó una copia delante de nosotros.
Reconocí inmediatamente mi investigación.
Era la tecnología ambiental que había desarrollado durante nuestro matrimonio.
Pero mi nombre había desaparecido.
En su lugar figuraba una sociedad privada.
Vance Legacy Technologies.
—Esa empresa no es mía —dijo Julian.
Marcus señaló la beneficiaria.
Victoria Vance.
Sentí que el estómago se me cerraba.
Su madre no solo había escondido a nuestras hijas.
Había registrado parte de mi trabajo después de que yo abandonara Nueva York.
Julian pasó las páginas rápidamente.
De pronto se detuvo.
—Espera.
Señaló una fecha.
La solicitud para transferir mi tecnología había sido preparada tres semanas antes de nuestro divorcio.
Antes de los mensajes médicos.
Antes de que Julian me acusara de engañarlo.
Antes de que yo intentara mostrarle aquella ecografía.
Julian levantó la vista hacia mí.
—Evelyn…
Su voz apenas salió.
—Mi madre sabía que estabas embarazada antes que yo.
Marcus negó lentamente.
—Es peor.
Sacó el último documento.
—Fue ella quien contrató al hombre que envió a Julian las capturas falsas que hicieron parecer que tus mensajes con el obstetra pertenecían a un amante.
