PARTE 2: La razón por la que Ethan conocía el nombre de Sophie

—Mi avión está esperando en Chicago —dijo Ethan—. Te llevará donde necesites después de la boda.

Lo miré sin comprender.

—No puedo aceptar eso.

—No te lo estoy cobrando.

Sophie se removió entre mis brazos.

Ethan bajó la mirada hacia ella y, durante un segundo, desapareció aquella expresión de hombre temido por media ciudad.

—¿Cuántos meses tiene?

—Seis.

Su mandíbula se tensó.

—¿Seis exactamente?

Aquella pregunta me incomodó.

—Sí.

El avión aterrizó poco después.

Pero cuando bajamos, cuatro vehículos negros esperaban junto a la pista.

Un hombre alto se acercó a Ethan.

—Señor Callahan, encontramos a la mujer.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Dónde?

—En el hotel Blackstone.

Lo agarré del brazo.

—¿Qué mujer?

Él miró mi mano y después mi rostro.

—Tu hermana.

Sentí un escalofrío.

—¿Cómo sabes quién es mi hermana?

Ethan no respondió.

Entonces Sophie empezó a llorar.

Mientras acomodaba su manta, un pequeño colgante salió de debajo de su ropa.

Era una medalla de plata.

Ethan la vio.

Toda la sangre abandonó su rostro.

—¿De dónde sacaste eso?

Retrocedí.

—Era de su padre.

—¿Cómo se llamaba?

—Gabriel Morales.

Ethan cerró los ojos.

Uno de sus guardaespaldas murmuró:

—Jefe…

—Cállate.

Lo miré fijamente.

—¿Conocías a Gabriel?

Ethan tardó demasiado en responder.

—Ese no era su apellido.

Sentí que el mundo se inclinaba.

—¿Qué estás diciendo?

Ethan sacó su teléfono y abrió una fotografía antigua.

Dos hombres aparecían frente a un club de Chicago.

Uno era Ethan.

El otro era Gabriel.

Mi Gabriel.

—Su nombre era Gabriel Callahan —dijo.

Dejé de respirar.

—Era mi hermano menor.

Negué inmediatamente.

Gabriel me había dicho que no tenía familia.

Que había crecido solo.

Que jamás quería regresar a Chicago.

Entonces comprendí por qué.

—Murió hace siete meses.

La expresión de Ethan se endureció.

—Eso fue lo que también me dijeron.

—Yo vi su cuerpo.

—¿Y alguien te explicó por qué murió?

No pude contestar.

Oficialmente había sido un accidente de carretera.

Ethan señaló la medalla.

—Mi padre encargó dos. Una para cada hijo.

Sophie cerró los dedos alrededor de ella.

Ethan la observó como si acabara de descubrir un fantasma.

—Entonces ella es…

—Tu sobrina.

El hombre de seguridad regresó apresuradamente.

—Tenemos otro problema.

Le entregó una tableta.

En la pantalla aparecía la entrada del hotel donde se celebraría la boda de mi hermana.

Mi cuñado estaba hablando con un hombre junto a un coche negro.

Ethan amplió la imagen.

Su rostro se transformó.

—¿Lo conoces? —pregunté.

—Sí.

—¿Quién es?

Ethan guardó silencio.

Después miró a Sophie.

—El hombre que ordenó matar a Gabriel.

Sentí que las piernas me fallaban.

—¿Por qué estaría con mi hermana?

Ethan levantó los ojos hacia mí.

—Porque Gabriel no murió por algo que hubiera hecho.

Señaló a Sophie.

—Murió porque alguien descubrió que tú estabas embarazada.

Y antes de que pudiera preguntar nada más, mi teléfono vibró.

Era mi hermana.

Solo había escrito una frase:

“Rachel, no vengas a la boda. Coge a Sophie y sal de Chicago ahora mismo.”

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