PARTE 2: El niño que todos creían hijo de Nathaniel

No sé cuánto tiempo permanecí frente a aquella puerta.

El niño levantó la cabeza.

Tenía los mismos ojos oscuros de Nathaniel.

Sentí náuseas.

Entonces Lydia Dawson me vio.

—¿Valeria?

Hasta conocía mi nombre.

Perfecto.

—No quería interrumpir.

Me di la vuelta.

Las letras flotantes aparecieron inmediatamente.

[¡Está huyendo!]

[Cuando Nathaniel reconozca a su hijo, Valeria perderá hasta la manutención.]

Apreté los dientes y seguí caminando.

—Detente.

La voz de Nathaniel llegó desde atrás.

No obedecí.

Él me alcanzó junto al ascensor y sujetó suavemente mi muñeca.

—Estás llorando.

—Suéltame.

—¿Qué viste?

Me reí.

—A tu futura esposa y a tu hijo secreto.

Por primera vez, su expresión cambió.

—¿Mi qué?

Antes de que pudiera responder, Lydia apareció llevando al niño de la mano.

—Señor Shaw.

Nathaniel miró al pequeño.

Después a Lydia.

—¿Quién es?

Me quedé inmóvil.

Lydia también.

—¿No lo sabes? —pregunté.

Nathaniel frunció el ceño.

—Nunca había visto a ese niño.

Las líneas flotantes parpadearon.

[¿Qué?]

[Esto no estaba en la trama.]

Aquello me hizo olvidar hasta mis lágrimas.

Lydia palideció.

—Nathaniel, necesitamos hablar en privado.

—Habla aquí.

Ella miró al niño.

—Ethan, ve con mi asistente.

Cuando desapareció, Lydia sacó un sobre.

—Mi hermana mayor murió hace tres meses. Antes de morir me entregó esto.

Nathaniel abrió los documentos.

Yo observé cómo su rostro se endurecía.

—Una prueba de paternidad —dijo.

Mi corazón cayó.

Lydia asintió.

—Según ella, Ethan es tu hijo.

Nathaniel leyó durante unos segundos.

Luego hizo algo inesperado.

Rompió el informe por la mitad.

—Es falso.

Lydia perdió el color.

—¿Cómo puedes saberlo?

Nathaniel me miró.

—Porque hace nueve años tuve un accidente.

Silencio.

—Las lesiones me dejaron estéril.

Sentí que mi respiración se detenía.

Nos habíamos casado siete años atrás.

Nathaniel jamás me lo había contado.

Las letras volvieron frenéticamente.

[¡Eso es imposible!]

[El protagonista debe tener un heredero.]

Nathaniel ignoró mi expresión y llamó a su asistente.

—Quiero una prueba independiente y una investigación completa sobre la familia Dawson.

Lydia apretó los puños.

—Tu madre ya confirmó el compromiso.

Nathaniel se quedó inmóvil.

—¿Qué compromiso?

Ahora fue Lydia quien pareció confundida.

—El acuerdo entre nuestras familias.

Sacó otro documento.

Había dos firmas.

La de la madre de Nathaniel.

Y la mía.

Me acerqué.

—Yo nunca firmé eso.

Nathaniel tomó el papel.

La fecha era de hacía un año.

Exactamente tres días después de nuestro divorcio.

Las líneas flotantes desaparecieron de golpe.

Nathaniel levantó la mirada hacia mí.

—Valeria, ¿por qué nos divorciamos?

Solté una risa amarga.

—Porque tú me lo pediste.

Su rostro se volvió completamente inexpresivo.

—Yo nunca te pedí el divorcio.

El pasillo pareció quedarse sin aire.

—Tú enviaste los documentos.

—No.

Nathaniel sacó su teléfono y abrió un archivo.

—Los documentos que recibí decían que tú querías dejarme.

Sentí frío.

Habíamos firmado el mismo divorcio creyendo que el otro lo había iniciado.

Entonces Nathaniel añadió:

—Y jamás te eliminé de mis contactos.

Me mostró su pantalla.

Mi número seguía allí.

Pero asociado a otra línea.

Alguien había cambiado nuestros datos.

Los dos levantamos la mirada al mismo tiempo.

Aquella historia sobre Lydia, el hijo secreto y el nuevo matrimonio no había comenzado después de nuestro divorcio.

Alguien llevaba más de un año escribiendo nuestra separación por nosotros.

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