PARTE 2: EL APELLIDO QUE QIN SHENHANG NUNCA SE MOLESTÓ EN INVESTIGAR

Pasado mañana llegó más rápido de lo que esperaba.

Qin Shenhang salió temprano.

Antes de marcharse, incluso me dejó dinero sobre la mesa.

—Compra algo bonito. Esta noche tendremos una cena importante.

Miré los billetes.

—¿Para celebrar qué?

Sus dedos se detuvieron sobre el cuello de su camisa.

—Un ascenso.

Mintió sin pestañear.

Sonreí.

—Felicidades.

Cuando cerró la puerta, guardé mis pocas pertenencias en una maleta.

No tomé los regalos que me había comprado.

Ni el abrigo.

Ni siquiera el reloj.

Solo conservé una fotografía de mi madre.

A las diez, llegué frente a la oficina de registro.

Qin Shenhang estaba allí.

Pero no conmigo.

Lin Yue llevaba un abrigo rojo y sostenía su brazo mientras varios compañeros los felicitaban.

Zhao Bin fue el primero en verme.

—¿Qué hace ella aquí?

Qin Shenhang palideció.

Se soltó inmediatamente de Lin Yue.

—Su Yun.

Caminó hacia mí.

—Escúchame. Puedo explicarlo.

—No hace falta.

Miré los documentos en su mano.

—¿Ya presentaste la solicitud?

Lin Yue sonrió.

—Sí.

Se acercó.

—Shenhang me explicó tu situación. No te preocupes. Después de casarnos puedes seguir viviendo cerca. Yo no soy una mujer mezquina.

La miré.

—Qué generosa.

Qin Shenhang bajó la voz.

—Su Yun, no hagas una escena.

Aquello casi me hizo reír.

Incluso entonces pensaba que mi mayor miedo era perderlo.

—No vine por ti.

—¿Entonces por qué estás aquí?

Miré el reloj.

—Estoy esperando a mi padre.

Zhao Bin soltó una carcajada.

—¿Tu padre? ¿No eras huérfana?

No respondí.

Porque en ese momento tres automóviles negros doblaron la esquina.

Detrás apareció un vehículo oficial del Hotel Estatal Huaxia.

Los hombres dejaron de reír.

El director adjunto bajó primero.

Luego el jefe de administración.

Después dos empleados que Qin Shenhang conocía perfectamente.

Finalmente se abrió la puerta central.

Mi padre descendió.

Y el camarero que me había reconocido dos días antes caminaba detrás de él.

Qin Shenhang se quedó inmóvil.

Mi padre ni siquiera lo miró.

Cruzó directamente hacia mí.

—Yun’er.

Sus ojos se humedecieron.

—Papá llegó tarde.

Negué con la cabeza.

—Llegaste justo a tiempo.

Zhao Bin parecía incapaz de cerrar la boca.

—Director Yun…

Mi padre se volvió.

—¿Nos conocemos?

Zhao Bin palideció.

Lin Yue me observó de arriba abajo.

—¿Ella es…?

El director adjunto respondió:

—Su Yun, hija única del director Yun. Regresó del extranjero hace varios años.

Qin Shenhang retrocedió un paso.

—¿Del extranjero?

Lo miré.

—Sí.

—Pero tú no sabes inglés.

Respondí en inglés con perfecta fluidez:

—Entendí cada palabra que dijiste aquel día.

El rostro de Qin Shenhang se vació.

Recordó inmediatamente la conversación.

Que me presentaría como su hermana.

Que una mujer como yo jamás encontraría alguien mejor.

—Su Yun, yo…

—No.

Le devolví la hoja donde meses atrás había practicado frente a él aquella firma torpe que tanto le divertía.

—Tú me enseñaste a escribir este nombre. Pensé que merecías verlo una última vez.

Mi padre tomó mi maleta.

Entonces Lin Yue habló.

—Aunque ella sea hija del director Yun, eso no cambia nada. Shenhang eligió casarse conmigo.

—Tienes razón —respondí—. Y espero que sean felices.

Aquello pareció asustar a Qin Shenhang más que cualquier insulto.

—¿Te vas?

—Sí.

—¿Adónde?

Mi padre contestó.

—A casa.

Pero antes de marcharnos, un funcionario salió del edificio.

—Camarada Qin.

Qin Shenhang se volvió.

—Hay un problema con su solicitud.

Lin Yue frunció el ceño.

—¿Qué problema?

El funcionario llevaba otro expediente.

—La unidad del camarada Qin solicitó una revisión de antecedentes antes de aprobar el matrimonio.

Mi padre se detuvo.

Qin Shenhang también.

—¿Por qué?

—Porque la señorita Lin aparece vinculada a una investigación administrativa.

Lin Yue perdió el color.

—Eso es imposible.

El funcionario bajó la voz.

—Se relaciona con fondos desaparecidos del grupo artístico.

Qin Shenhang la miró.

—¿Qué fondos?

—No sé de qué hablan —dijo ella rápidamente.

Pero mi padre observaba el expediente.

Reconoció un sello.

—Esos fondos procedían del Hotel Huaxia.

El funcionario asintió.

Mi padre me miró.

Entonces comprendí que aquello ya no tenía nada que ver conmigo.

El hotel había financiado durante años programas culturales y militares.

Mi padre pidió revisar legalmente los registros correspondientes.

Horas después, yo ya estaba instalada en la habitación que había conservado para mí desde niña cuando Qin Shenhang apareció en el hotel.

No lo dejaron subir.

Me llamó desde recepción.

—Su Yun, necesito verte.

—No tenemos nada que hablar.

—Lin Yue me engañó.

Cerré los ojos.

Qué rápido había cambiado su historia.

—Hace dos días ibas a casarte con ella.

—No sabía lo de los fondos.

—Pero sí sabías lo que estabas haciéndome a mí.

Silencio.

Entonces dijo algo inesperado.

—Tu padre tampoco te ha contado toda la verdad.

Abrí los ojos.

—¿Qué significa eso?

—Pregúntale por qué aceptó que vivieras como una campesina durante tantos años.

—Fue decisión mía.

—Al principio quizá.

Su respiración se volvió pesada.

—Pero hace tres años descubrí quién eras.

Me quedé inmóvil.

—Mientes.

—Encontré una fotografía tuya en un archivo del hotel.

Mi mano se cerró alrededor del teléfono.

—Entonces sabías mi identidad.

—No completamente.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que empezáramos nuestra relación.

Sentí un escalofrío.

Todo lo que creía entender volvió a moverse.

—¿Por qué fingiste no saberlo?

Qin Shenhang tardó demasiado en responder.

—Porque alguien me pagó para acercarme a ti.

La puerta de mi habitación se abrió.

Mi padre estaba allí.

Había escuchado la última frase.

Su rostro se volvió blanco.

—Cuelga, Yun’er.

Pero yo no aparté el teléfono.

—¿Quién te pagó?

Qin Shenhang respondió:

—Lin Yue no.

Mi padre avanzó.

—¡Su Yun, cuelga ahora!

Nunca lo había oído gritarme.

Entonces Qin Shenhang pronunció un nombre.

El de mi madre.

La mujer cuyo funeral había visto con mis propios ojos cuando tenía doce años.

Y mi padre dejó caer al suelo la carpeta que llevaba en las manos.

Related Posts

PARTE 2: LA MANSIÓN QUE KAWIN YA HABÍA INTENTADO VENDER

Sira dejó de escribir. —¿La mansión junto al río? —Sí. —¿Valor aproximado? —Unos ciento ochenta millones de bahts. Su bolígrafo quedó suspendido. —Lalita, eso no es una…

PARTE 2: LA MANO QUE LEO NO HABÍA TOCADO DESDE QUE MURIÓ SU MADRE

—¿Quién eres? —preguntó Rico. Clara no respondió inmediatamente. Se arrodilló a varios pasos de Leo. No intentó tocarlo. Eso fue lo primero que llamó la atención de…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE GABRIEL CONOCÍA DEMASIADO BIEN

El hombre que entró medía casi dos metros. Traje oscuro. Cabello negro. Una calma que hizo que incluso mi padre dejara de hablar. Leo se agitó entre…

PARTE 2: LA MENTIRA QUE NATHAN DESCUBRIÓ CINCO AÑOS DESPUÉS

La pregunta de Noah me atravesó. —Entonces… ¿por qué nunca viniste a buscarme? Abrí la boca. No salió ninguna palabra. ¿Cómo explicarle a un niño de cinco…

PARTE 2: LAS SEIS CASAS QUE ARTHUR DEJÓ COMO TRAMPA

Me quedé sentada frente a la empleada del banco sin poder apartar los ojos del recibo. 30.000.000 de dólares. —¿Está segura de que esta cuenta pertenecía a…

PARTE 2: EL NOMBRE QUE MI PADRE NO QUERÍA OÍR EN TELEVISIÓN

Jason susurró mi nombre. —Érica. Mi padre levantó la vista. En la televisión, el presentador continuó: —La mayor Érica Dawson coordinó junto con servicios estatales la evacuación…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *