PARTE 2: LA FIRMA FALSA

Rodrigo conectó la memoria USB a su computadora.

—Antes de escuchar esto, dime exactamente qué hiciste con la firma de Mariana.

Alejandro apretó la mandíbula.

—Necesitaba liquidez para salvar una inversión. El banco exigía su autorización y ella acababa de dar a luz. No quería preocuparla.

—Así que falsificaste su firma.

—Pensaba cancelar el crédito antes de que se enterara.

Rodrigo lo miró con incredulidad.

—Pusiste como garantía una casa que ni siquiera es tuya.

Entonces reprodujo la grabación.

La voz de Alejandro llenó el despacho. Era una conversación con su contador de dos semanas atrás.

—Si Mariana pregunta, dile que esos documentos son de una renovación anterior. Para cuando revise todo, el crédito ya estará pagado.

Alejandro sintió que se le helaba el cuerpo.

Recordó aquella noche.

Mariana estaba supuestamente dormida.

Pero había escuchado todo.

—Su abogada tiene esta grabación —dijo Rodrigo—. También tiene los contratos, los movimientos y las pruebas de los gastos con Renata. Esto ya no se trata únicamente de un divorcio.

El teléfono de Alejandro vibró.

Un mensaje de Mariana.

“Mateo está conmigo y está bien. A partir de ahora, cualquier asunto relacionado con él será tratado por medio de los abogados.”

Alejandro llamó inmediatamente.

Bloqueado.

—Tengo derecho a ver a mi hijo.

—Sí —respondió Rodrigo—. Pero deja de actuar como si Mariana hubiera desaparecido para castigarte. Se fue porque descubrió que estabas arriesgando su patrimonio mientras le mentías todos los días.

Durante las siguientes semanas, la vida que Alejandro había construido comenzó a derrumbarse.

Mariana presentó la documentación correspondiente para proteger legalmente sus bienes y establecer acuerdos formales respecto a Mateo. El banco abrió una investigación sobre el crédito.

Y Renata desapareció en cuanto comprendió la gravedad del problema.

Su último mensaje fue brutalmente breve:

“No pienso hundirme contigo.”

Alejandro perdió también varios negocios. Algunos socios que antes respondían sus llamadas dejaron de hacerlo.

Meses después, durante una reunión formal relacionada con Mateo, volvió a ver a Mariana.

Parecía agotada, pero tranquila.

Alejandro intentó acercarse.

—Mariana… destruí todo. Lo sé.

Ella sostuvo su mirada.

—No. Tú tomaste decisiones. Una detrás de otra. Yo simplemente dejé de protegerte de sus consecuencias.

Alejandro miró hacia Mateo.

—¿Algún día vas a perdonarme?

Mariana permaneció en silencio unos segundos.

—Tal vez. Pero perdonarte no significa volver contigo.

Después tomó las cosas del bebé y caminó hacia la puerta.

Alejandro entendió entonces la verdadera intención de aquella nota que había encontrado junto al anillo.

Mariana no llevaba semanas planeando destruirlo.

Llevaba semanas asegurándose de que, cuando la verdad saliera a la luz, él ya no pudiera destruirla a ella.

Y esta vez, Alejandro no intentó detenerla.

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