PARTE 2: LA ÚLTIMA CUENTA

Margaret llegó veinte minutos después.

No vino sola.

Trajo al padre de Ethan y a su hermano mayor.

Entraron en mi casa como si fueran un comité enviado para corregir mi comportamiento.

Margaret señaló los documentos esparcidos por el suelo.

—Todo esto puede resolverse dentro de la familia.

—Ya no —respondí.

Ethan se levantó rápidamente.

—Mamá, Claire descubrió lo de Horizon.

Margaret se quedó inmóvil.

No preguntó qué era Horizon.

No preguntó de qué hablaba.

Simplemente palideció.

Y ese pequeño detalle me confirmó algo que todavía no había podido demostrar.

—Así que usted también lo sabía.

—No sé de qué hablas.

Abrí mi computadora.

—Hace dos años, Ethan creó una empresa fantasma para mover dinero del Proyecto Horizon.

Giré la pantalla.

—Pero alguien tuvo que ayudarlo a justificar los primeros pagos.

Apareció un contrato digitalizado.

La firma de autorización pertenecía al padre de Ethan.

El hombre retrocedió.

—Eso no demuestra nada.

—Quizá esto sí.

Mostré varios mensajes recuperados de una antigua copia de seguridad.

Margaret diciéndole a Ethan que tuviera cuidado con las cantidades.

Su padre recomendándole dividir las transferencias.

Su hermano preguntando cuándo recibiría su parte.

El silencio fue absoluto.

Ethan miró a su familia.

—Ustedes dijeron que habían borrado esos mensajes.

Margaret cerró los ojos.

Acababa de confesar más de lo que debía.

Sonreí.

—Gracias, Ethan.

Su rostro se descompuso.

Entonces comprendieron que aquella reunión no era una negociación.

Era una despedida.

Había pasado tres noches copiando documentos, separando mis bienes personales y entregando las pruebas a mi abogado.

También había informado al departamento de auditoría de la empresa.

A las ocho de la mañana siguiente comenzaría una revisión extraordinaria del Proyecto Horizon.

—Claire —dijo Ethan—, todavía podemos arreglarlo.

—¿Cómo?

—Recuperaré el dinero de Olivia.

Lo miré.

—Inténtalo.

Marcó inmediatamente.

Olivia respondió después de varios tonos.

—Cariño, ¿ya hablaste con ella?

Margaret apretó los labios.

Ethan activó el altavoz.

—Olivia, necesito que devuelvas todo el dinero.

Silencio.

Después ella soltó una pequeña risa.

—¿Qué dinero?

—No juegues conmigo.

—El apartamento. La empresa. Las transferencias.

—Ethan, todo está a mi nombre.

Su rostro perdió el color.

—Tú dijiste que era temporal.

—Y tú dijiste que algún día te divorciarías de Claire.

Otra pausa.

—Supongo que ambos mentimos.

Ethan comenzó a gritar.

Olivia simplemente colgó.

Lo observé mirar el teléfono como si acabara de descubrir que su amante había aprendido exactamente de él.

A la mañana siguiente, dos investigadores internos llegaron a la sede de la empresa.

Antes del mediodía, Ethan fue suspendido.

Las cuentas relacionadas con las operaciones investigadas quedaron bajo revisión y el asunto fue remitido a los abogados correspondientes.

Yo no necesitaba saber todavía cuál sería el resultado legal.

Ya había conseguido lo que quería.

Salir.

Sin deudas ajenas.

Sin mentiras.

Sin una familia convencida de que podía utilizarme eternamente.

Una semana después firmé mi parte del divorcio.

Ethan todavía se negó.

—Cinco años, Claire.

—¿Vas a tirar cinco años por esto?

Lo miré durante unos segundos.

—No.

Cerré la carpeta.

—Tú los tiraste durante tres años. Yo solamente dejé de recogerlos.

Por primera vez no tuvo respuesta.

Cuando salí del despacho de mi abogado, mi teléfono vibró.

Era otro mensaje suyo.

“Dime qué tengo que hacer para que vuelvas.”

Lo eliminé.

Después bloqueé el número.

Aquella noche preparé té en mi nuevo apartamento.

El mismo té amargo que dejaba un sabor dulce al final.

Y entendí por qué me gustaba tanto.

Algunas cosas empiezan siendo difíciles de tragar.

Pero cuando finalmente terminan…

lo único que queda es el alivio.

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