PARTE 2: CUANDO ÉL VOLVIÓ, YA ERA TARDE

Noah tardó dos segundos en responder.

—¿Estás diciendo que Lena sigue encerrada arriba?

—Está en una sala ignífuga —contestó Adrian—. Concéntrate en evacuar a los demás.

—¡El sistema de ventilación del quinto piso falló!

Silencio.

Por primera vez, la seguridad de Adrian desapareció.

—¿Qué?

—¡La sala de archivos se está llenando de humo!

Escuché movimiento frenético por la radio.

Después, la voz de Chloe:

—Adrian, no puedes volver. Es demasiado peligroso.

Y entonces comprendí algo.

Incluso ahora, Chloe seguía intentando decidir cuánto valía mi vida.

Noah gritó:

—¡Voy a subir!

—¡Negativo! —ordenó Adrian.

—Entonces tendrás que suspenderme mañana.

La comunicación se cortó.

Yo miré la luz roja de la cámara.

—Sistema, ¿cuánto falta?

—Proceso de salida iniciado.

—¿La grabación está segura?

—Sí.

Cerré los ojos.

No quería que mi última decisión en aquel mundo fuera odiar a Adrian.

Simplemente quería dejar de esperarlo.

De pronto, algo golpeó violentamente la puerta.

—¡Lena!

Era Noah.

Otro golpe.

—¡Lena, respóndeme!

Intenté hacerlo, pero apenas tenía fuerzas.

Entonces escuché una segunda voz.

Adrian.

—¡Lena!

Qué extraño.

Durante tres años había esperado escucharlo llamarme así, desesperado por encontrarme.

Ahora ya no significaba nada.

—¡Retrocedan! —gritó Noah.

Hubo un estruendo.

La puerta finalmente cedió.

Noah apareció primero entre el humo.

Adrian venía detrás.

Cuando me vio inmóvil junto a la pared, su rostro cambió por completo.

—Dios mío…

Corrió hacia mí.

Intentó tocarme.

Pero Noah lo apartó.

—No.

—¡Es mi novia!

Noah lo miró con una furia helada.

—Hace cinco minutos dijiste que estaba fingiendo.

Aquellas palabras lo silenciaron.

Noah consiguió liberarme y el equipo médico me sacó del edificio.

Adrian caminó detrás de la camilla.

—Lena, mírame. Estoy aquí.

Abrí los ojos apenas.

—Ahora sí.

Se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Ahora sí estoy en una emergencia real.

Su rostro perdió todo el color.


Desperté horas después.

Pero no en el hospital.

Estaba en un espacio blanco e infinito.

El sistema habló:

—Misión finalizada. El objetivo principal no aprendió a elegirla antes de cumplirse las condiciones de salida.

—¿Entonces terminó?

—Sí.

Pensé que sentiría tristeza.

Sentí alivio.

—¿Qué ocurrirá con Adrian?

—Eso ya no forma parte de su misión.

Sonreí.

—Perfecto.

—Antes de abandonar definitivamente este mundo, la anfitriona solicitó distribuir la grabación.

Recordé la cámara.

—Hazlo.


A las 8:03 de la mañana siguiente, Adrian recibió el primer archivo.

También lo recibió Noah.

El jefe del departamento.

El comité de investigación.

Los responsables de seguridad.

La grabación mostraba la puerta cerrándose.

Mi petición de ayuda.

El humo entrando.

Y, sobre todo, conservaba el audio de la radio.

Mi voz:

“Estoy en una emergencia real.”

Y la respuesta de Adrian:

“No uses el canal de rescate para hacer una escena de celos.”

Después venía la frase que terminó de destruirlo:

“No suban por ella. Lena solo está intentando llamar mi atención.”

Adrian vio el video completo tres veces.

En la cuarta, no pudo continuar.

Chloe intentó defenderlo.

—Tú no sabías que la ventilación estaba dañada.

Noah, que estaba al otro lado de la sala, respondió:

—Ella se lo dijo.

Adrian levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué?

—Lena te explicó exactamente lo que estaba ocurriendo.

Noah señaló la pantalla.

—No fue falta de información. Decidiste no creerle.

Esa diferencia lo cambió todo.


Adrian corrió al hospital.

Preguntó por mí.

Nadie pudo darle la respuesta que esperaba.

Solo encontró mis pertenencias.

Mi teléfono.

La radio que una vez me había regalado.

Y una carta que había preparado meses atrás por si alguna vez decidía terminar la misión.

Adrian reconoció mi letra.

En el exterior había únicamente cuatro palabras:

“Para cuando me elijas.”

Sus manos temblaron al abrirla.

Dentro solo había una frase:

“Si tuviste que perderme para aprender a elegirme, entonces nunca me elegiste a tiempo.”

Adrian se dejó caer en la silla.

Finalmente comprendió.

Había pasado años creyendo que mi amor era infinito.

Que podía dejarme esperando.

Que podía defender siempre a Chloe.

Que podía pedirme paciencia una vez más.

Y que yo seguiría allí.

Pero aquella noche el incendio no había destruido nuestra historia.

Solo había iluminado algo que llevaba años ardiendo.

Yo ya había cumplido mi parte.

Y cuando Adrian finalmente quiso regresar por mí…

yo ya había elegido irme.

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