Blake mantuvo el abrigo alrededor de mis hombros y recorrió el jardín con una mirada helada.
—¿Quién hizo esto?
Nadie respondió.
Mi padre fue el primero en reaccionar.
—Señor Campbell, ha habido un pequeño malentendido familiar. No quisiera molestarlo con algo tan insignificante.
Blake lo miró.
—¿Insignificante?
Después bajó la vista hacia mi vestido empapado.
—Acabo de encontrar a mi esposa temblando después de que alguien la arrojara a una fuente.
El silencio fue absoluto.
Penélope dejó caer su copa.
—¿Tu… esposa?
Blake tomó mi mano.
En mi dedo llevaba una alianza sencilla que mi familia había confundido durante meses con una joya barata.
—Isabella Campbell es mi esposa desde hace once meses.
Mi padre palideció.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—Ella dijo que estaba soltera.
Lo miré.
—Nunca dije eso. Ustedes asumieron que nadie querría casarse conmigo porque no llevaba a mi esposo a sus fiestas.
Blake sonrió ligeramente.
—Y yo prefiero mantener mi vida privada lejos de las cámaras.
Entonces mi padre cambió inmediatamente de actitud.
—Isabella, cariño, deberías habernos explicado quién era tu marido.
Casi me reí.
Veinte minutos antes me había empujado delante de todos.
Ahora volvía a llamarme “cariño”.
Pero Blake todavía no había terminado.
Su mirada se desplazó hacia el novio de Penélope.
—¿Usted es Andrew Walsh?
El hombre se enderezó.
—Sí, señor.
—Su familia presentó esta semana una propuesta para desarrollar conmigo el complejo residencial de Brickell Bay.
El rostro de Andrew se iluminó.
—Exactamente. Mi padre esperaba hablar con usted esta noche.
—Ya no será necesario.
Andrew perdió la sonrisa.
Mi padre dio un paso adelante.
—Señor Campbell, no mezcle negocios con una pequeña discusión familiar.
Blake finalmente lo miró de frente.
—Usted acaba de humillar públicamente a mi esposa mientras decenas de personas lo celebraban.
Hizo una pausa.
—Si así trata a su propia hija cuando cree que no tiene poder, no tengo ningún interés en descubrir cómo trataría a mis socios cuando creyera que tampoco pueden defenderse.
Nadie volvió a reír.
Blake se quitó el teléfono del bolsillo y llamó a su asistente.
—Retiren nuestra participación de todas las negociaciones vinculadas a Walsh Development y revisen cualquier proyecto pendiente relacionado con la empresa del señor Harrison.
Mi padre se quedó blanco.
—Espera.
Por primera vez aquella noche, escuché miedo en su voz.
—Isabella, dile que pare.
Lo observé durante unos segundos.
—¿Recuerdas lo que te dije cuando salí de la fuente?
No respondió.
—Te pedí que recordaras exactamente lo que habías hecho.
Penélope corrió hacia mí.
—¡Es mi boda! ¿De verdad vas a destruirla por una broma?
—No.
Me acomodé el abrigo de Blake.
—Tu matrimonio es asunto tuyo. Los negocios de Blake son asunto suyo. Y permitir que vuelvan a humillarme sería asunto mío.
Mi madre finalmente se acercó.
—Hija, somos familia.
Aquellas palabras llegaron demasiado tarde.
—Familia también era yo hace veinte minutos.
Nadie supo qué responder.
Blake entrelazó sus dedos con los míos.
—¿Quieres quedarte?
Miré la fuente.
Mi vestido arruinado.
Los invitados que ahora evitaban mis ojos.
Mi padre, que ya no parecía poderoso.
Y mi hermana, que finalmente comprendía que aquellos aplausos podían costarle mucho más de lo que había imaginado.
—No.
Blake asintió.
—Entonces nos vamos.
Caminamos hacia los vehículos.
Esta vez nadie intentó detenerme.
Antes de subir, mi padre gritó mi nombre.
Me volví.
—¡Podemos arreglar esto!
Lo miré desde la distancia.
—Claro que podemos.
Por un instante pareció recuperar la esperanza.
Entonces añadí:
—Empieza aprendiendo que una hija merece respeto incluso cuando no está casada con un multimillonario.
Subí al automóvil.

Blake cerró la puerta detrás de mí.
Y mientras abandonábamos el hotel, comprendí que aquella noche mi familia había descubierto mi secreto.
Pero yo había descubierto algo mucho más importante.
Nunca había necesitado el apellido Campbell para tener dignidad.
Simplemente hizo falta que apareciera Blake para que ellos finalmente revelaran que jamás habían sabido verla.